Mayo 18 de 2018
DEDICATORIA
A José del Carmén y Silvia, nuestros Padres; a nuestros Hermanos y
nuestros Hijos.
PRÓLOGO
Un largo período transcurrió desde el momento en que algo me
atrajo y me impulsó a escribir, inicialmente, una novela con un amigo, o por lo
menos siempre he pensado que lo es, Rafael Castellar Solano, como personaje
principal, y sin saber cómo ni cuándo ni dónde, el mamotreto se perdió en la
vida de gitano que caracterizó una gran parte de mi existencia así como dos o
tres trabajos más de cuyos títulos ni temas me acuerdo, y la aparición de mi
primer trabajo -María Barilla, sol de medianoche- y fueron surgiendo otros
hechos, otras circunstancias, otros personajes que, agregados al silencio de
Rafael, me hicieron perder el motivo inicial.
Desde aquel momento,
hasta el primer libro, pese a tener varios trabajos terminados, no me atreví ni
siquiera a mostrarlos a mis amigos ni a mis familiares. Sentía un pavor a la
posibilidad de una burla, de un rechazo o a recibir una verdad frente a frente,
que consistía en que me dijeran que lo escrito no servía para nada. Mi afición
clandestina dejó el miedo un día cualquiera y sin consultarle a nadie, fui a la
imprenta y listo. Que dijeran lo malo, lo regular o lo bueno de mi obra, y el éxito,
si se tiene en cuenta la venta de la edición en corto tiempo, me animó a
seguir.
Al recibir de mis hermanos Eduardo y Jorge, y del sobrino
Jorge Movilla de Oro, trabajos también clandestinos por los mismos temores que
había sufrido, los leí con atención y
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pienso que tienen igual, o quizás, mejor calidad que los
míos. El sobrino, por ejemplo, ya ganó un concurso internacional de poesía. El
trabajo de Eduardo se encaja en la novela y los de Jorge son variados, van de
la crónica, pasan por el cuento y se interna en la novela con un gran valor.
Pero Jorge le teme al qué dirán y ni siquiera ha querido enviar sus crónicas a
uno de los periódicos de la ciudad en donde reside ni menos participar en
concursos convocados en diferentes lugares.
Pero creo que su trabajo no puede continuar en el baúl y
corriendo el riesgo de una protesta justa, por cierto, decidí divulgar parte de
su trabajo junto a los que, por ser una modalidad diferente, requerían un
tratamiento distinto. Quedan para otra ocasión, la novela de Eduardo y los
poemas de Jorge Movilla de Oro, y que sea usted, amigo lector, el que juzgue si
tengo razón o si sólo es un capricho familiar.
Lelis Enrique Movilla
Bello
LA TIERRA QUE BRAMA
En mis años mozos no puse atención a la respuesta de una pregunta
que formulé a un importante empresario azucarero. En ese entonces escuchaba
orgulloso que se me tildaba de hombre ponderado, serio, justo, voluntario para
servir a los que requerían mi concurso, despreocupado de mis condiciones
económicas y hasta de mi futuro. Pero de éste, según agregaban los viejos que
tantas alabanzas hacían de mí, sería brillante, productivo y enriquecedor tanto
para mí como para mi futura familia. Sin embargo, me tenían sin cuidado los
elogios, como también, porque los hubo y en cantidad apreciable, los
pronósticos de que sería uno más del montón. Un pobre diablo del mañana, que no
podría encajar, por carecer de ilustración, en el conjunto de una sociedad
seria y progresista. Y no me preocupaba por ninguno de los dos aspectos, porque
siempre he vivido el presente. Cada día, para mí, y debería serlo para todos,
es un reto capital. Si pasas el día has coronado una vez más la cima del
triunfo. Nada tiene que ver el pasado con el presente y menos el presente con
el futuro. ¿De qué te sirve el pasado sin un buen presente, ni el futuro si
pereces antes de llegar? El ser humano inventó el tiempo y lo dividió y
subdividió, para complicar aún más las cosas. Dios no mide el tiempo ni lo
tiene presente. Por algo dicen que no hay nada ni nadie en el mundo
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que tenga más paciencia que Dios.
Cuando llegué a la adultez, comenzaron a perfilarse en mi
interior algunos interrogantes sobre mis condiciones de ser humano. Y en la
medida en que más meditaba sobre la cuestión más acendraba en mi mente la
certeza de que soy yo el acertado y no los otros, me alaben o me critiquen.
Pero pude establecer que los elogios y las críticas no son más que la expresión
íntima, la concepción de sí mismos, de quienes las exponen. Si te elogian,
quien lo hace expresa lo que siente que hubiera deseado se dijera de su
persona. Los que te critican, se anticipan a expresar lo que no querrían se
dijera de ellos, pese a considerar que lo merecen.
Pero en medio de las
cavilaciones, tropecé con una realidad innegable. Tú eres de acuerdo con el
entorno, te superas o te destruyes como la tierra en donde naciste o en la que
moras. Si surgiste a la vida en una tierra de indiferentes y apáticos, es
difícil que superes los anillos que te abrazan. Si lo haces en tierra de
asesinos, te será casi imposible no matar, por lo que quizás el adagio que dice
que a la tierra que fueres haz lo que vieres, podría ser la expresión más
sincera y acertada del hombre como especie. El hijo de tigre sale pintado, dice
otro, y también tiene razón. La realidad lo demuestra todos los días. Los hijos
salen tanto o mejores ladrones que sus padres. Las mujeres se prostituyen en la
misma o mayor intensidad que observan en sus progenitoras.
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Estando en medio de tantas alternativas de cambio, de querer
encontrar el camino que supuestamente me estaba destinado, de mantener y
reforzar mis concepciones de la vida, volvió a mi mente la pregunta que formulé
al empresario azucarero. No fue otra que indagarle por qué si su tierra era
igual de rica que la mía, ellos habían alcanzado un alto desarrollo
agroindustrial que generaba cientos y miles de empleos, que acicateaba a las
gentes de su tierra a reunir capitales y crear empresas mientras que en la mía
seguíamos como en el principio de los tiempos y su respuesta fue: Hasta que no
acaben con los bramadores, no entrarán en la ruta del progreso.
Mis críticos tuvieron razón cuando aseguraron que mi falta
de instrucción sería el obstáculo para mi futuro. Tantos años para entender una
opinión, me dejó anonadado. El presente es la ocasión propicia para acumular
conocimientos, para enriquecer la mente y no dejarse confundir en el futuro, si
es que llegábamos a él.
Pude juzgar a mi entorno y a quienes conmigo habitan la
misma zona territorial, de una manera distinta a como lo había logrado en el
Pasado. No estaba del todo errado, pero sí desviado del norte de la verdad.
Había nacido en una tierra que brama y, en consecuencia, bramar es la
naturaleza y esencia de mi entorno. Encontré junto a esa verdad, que se
justifica que se hagan tantos elogios a pintores que no pintan, escultores que
no esculpen, poetas que no riman,
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músicos de "oído", es decir, que ejecutan un
instrumento porque así lo sienten pero carecen de capacidades para concatenar
ritmos y melodías, bailadores que se mueven porque entienden que los sonidos
que escuchan son para moverse en un espacio determinado, pero no podrían hablar
de compases ni de tiempos, novelistas que no novelan, cuentistas que no
cuentan, financistas que por no saber de ello despilfarran hasta su propio
patrimonio, periodistas que ignoran el sentido de la comunicación y repiten
como loros lo que les dicen o tragan y expulsan a un mismo tiempo sin masticar
y sin digerir, médicos dedicados a la veterinaria, veterinarios encargados de
construir edificaciones públicas, dentistas que confunden la raíz con nariz,
oftalmólogos ciegos, otorrinos sordos y mudos, lepras indeseables en cualquier
sociedad que de un día para otro son el paradigma de la medicina
"natural", educadores que requieren ser educados, arquitectos e
ingenieros a los que se les caen las edificaciones, policías supuestamente
dedicados a combatir al crimen y a los criminales pero son ellos los que
deberían habitar las cárceles, procuradores que no procuran, defensores que no
defienden, fiscales que no fiscalizan, contralores que no controlan, abogados
que no abogan ni por ellos mismos, y me detuve allí. ¿Para qué seguir
analizando mi entorno, si la respuesta y la pregunta esencial y el objetivo a
lograr me lo habían señalado tantos
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años antes y, compenetrado del entorno, pegado a él, estoy
igual o peor que los que son objeto de mis críticas?
Nací en la tierra que brama y hago parte de los bramadores,
porque jamás, por estar viviendo solamente en el presente, me detuve a sopesar
las ocurrencias del pasado y por lo menos, prever un poco del futuro, como si
se tratara de levantar la puntita de la cortina que me impedía observar el
panorama de la verdad.
Mi tierra, de la que me sentía orgulloso, no es más que un
gran depósito de boñiga, en donde solamente la mierda del ganado, el orín del
ganado, las ventosidades del ganado tienen importancia. Pisar la plasta
verdinegra produce la mayor de las satisfacciones y se convierte en la más rica
y deliciosa de las fragancias con que ungir nuestros cuerpos, no importa que el
ganado sea propiedad de unos pocos. Esos pocos que poseen la tierra, nos venden
generosamente la carne y la leche, los huesos y las astas. Favorablemente el
progreso trajo consigo otros materiales para levantar las viviendas, o estaríamos
en estos tiempos rogándole a los ganaderos que nos colocaran en la inmensa
lista de necesitados de mierda para empañetar las paredes. Y ayer me enteré de que,
para tener el placer inigualable de poner nuestros pies sobre la mierda del
ganado, habrá que pagarle una suma al dueño de la finca, así como para llenar
nuestra masa encefálica del inconfundible, grato y muy placentero olor de las
ventosidades del ganado.
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Pero, y siempre hay un pero, ¿cómo acabar con los bramadores
sin acabar con nosotros mismos? Todos a una somos bramadores, tengamos o no
tierra y ganado. Peor aún, nuestros hijos y nietos degustan desde la cuna la
mierda de la vaca, que ordeñadores inescrupulosos la vitaminizan en el potrero.
Definitivamente, soy de la tierra que brama.
LOS HEROES SON GAYS
La palabra gay, procedente del idioma inglés, no expresa con
exactitud la condición homosexual del ser humano. Y no lo hace, porque si es
verdad que el mundo avanza a grandes zancadas hacia el modernismo científico y
tecnológico, y ello permite que se traten las cosas sin subterfugios, hay
aspectos de los que el humano se avergüenza y si bien transforma los vocablos
para calificarlos adecuadamente y dentro del marco de la hipocresía de hogaño,
debe recurrir a la crudeza de los términos antiguos. Nuestros antepasados no
habrían aceptado en ninguna circunstancia, el anglicismo señalado, por el
sabroso y muy representativo castellano marica, para señalar al hombre que
pierde la línea normal de comportamiento a que está llamado, ni mucho menos el
de arepera, como se llamó en la Costa Caribe colombiana a las lesbianas.
Al ejecutar el análisis del mal ejemplo que los creadores de
cómics o tiras cómicas le insinúan a sus lectores, que somos muchos en el
mundo, nos enfrentamos al dilema de mantener el vocablo nuestro, muy
castellano, considerado siempre crudo e inadecuado en el aspecto del buen uso
del idioma y de las buenas costumbres, o el del anglófono generalmente
utilizado, especialmente en los países de habla hispana, que como el nuestro,
hace esfuerzos por abandonar la lengua que nos legaron los españoles para que
entre a reinar el idioma del
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imperio norteamericano. Y como hay que alinearse con la moda
y no dejarse colocar en el cuarto de los trebejos, optamos por el actual que
dizque dice lo mismo: Que un hombre o una mujer trocaron el papel a cumplir en
la breve comedia de la vida. Total, llámeseles como se les llame, fueron, son y
serán jugadores del equipo contrario.
Los que tienen los cables trocados vivieron escondiendo su
condición, pero el avance de la civilización les permitió, primero en un
proceso largo y lento, habituarse a serlo sin ruborizarse, después a divulgarlo
para superar los escándalos, luego a ufanarse de ello y hoy, con gran empeño, a
buscar que los demás se suban al tren.
Popularmente se señala que hay que ser muy hombre para
practicar el homosexualismo, cosa que no ocurre con las mujeres. El solo hecho
de dejarse introducir por el ano el miembro viril de otro hombre, es suficiente
como para destacar la "hombría" de quien lo acepta. Muchos son los
que afirman que los grandes guerreros de la antigüedad llegaron a esa condición,
en la medida en que las guerras en que participaban se prolongaban en el tiempo
y a distancias considerables de donde habían dejado a las esposas o compañeras.
Los llamados "favoritos" llegaron a detentar el poder en sus países,
no por maricas, sino por recibirlo en pago de sus servicios. Esos favoritos de
la antigüedad provenían de familias importantes, que sabían que al convertirse
los jóvenes en predilectos del
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gobernante, y predilecto indicaba que servía para todo, y
concretamente en la cama, arriba o abajo, subían en la escala de valores para
la sucesión. La historia destaca la frase del emperador romano Julio César,
quien se ufanaba de "ser el marido de todas las mujeres y la mujer de
todos los maridos". Una condición doble, de toma y dame, que se le hizo
normal de tanto practicarla. Antes que él, son famosas las rabietas del rey
Saúl, calificadas como "posesiones diabólicas" por los escritores
sagrados, que confundieron por siglos a los judíos primero y a la cristiandad
después, y que no eran más que el resultado de los celos con su hijo Absalón
por la posesión de David, joven de belleza inigualable que para apaciguarlo
llevaba su "flauta" a los aposentos reales. David llegó, pese a sus
antecedentes, a remplazar a Saúl, dejando a un lado a Absalón, a quien, en
verdad, y conforme a las costumbres monárquicas, correspondía el trono. ¿El
profeta Samuel, ante esta realidad, podría tirar la primera piedra para
demostrar que su decisión de apartar al hijo del rey de la línea sucesoria fue
en verdad una "decisión divina" o hubo por debajo de la mesa algo
distinto? Y David, en Jerusalén, fue primero que Julio César con los romanos, en
lo de ser marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos. Recurrió
además al incesto, al adulterio, al abuso de poder, al asesinato de maridos de
mujeres que pretendía como en el caso del general Urías y su
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esposa Betsabé, la que por su aberrante actuación fue
premiada con seria madre del más inteligente y sabio de los hombres, Salomón.
Zeus, el dios principal del Olimpo, raptó a Ganímedes a través del águila que
le servía para cumplir ciertas funciones indelicadas, supuestamente para
hacerlo su escanciador personal. ¿Cuál sería el líquido que le escanciaba? El
raptado estaba considerado en el momento como el hombre más lindo del planeta.
Los demás dioses y diosas debieron contentarse con admirar la belleza de
Ganímedes desde lejos y ellos ser servidos por el decrépito Líber, del que
nadie se acordaba ya cuándo había asumido esas funciones. Uno de los grandes
guerreros de la historia, Alejandro Magno, murió luego de una farra de varios
días con su favorito, con el que se regodeaba a la vista de todos y sin
vergüenza ninguna, y como la tranca del chiquero, unas veces arriba y otra
debajo. Lo importante para él era descansar de las batallas adorando a su
pupilo.
Con semejante antecedente las locas del mundo antiguo
arreciaron en su lucha por imperar en los pueblos, y muchos lo consiguieron.
Los emperadores romanos no pudieron ocultar sus mariconas veleidades. Inclusive
en otros pueblos lejanos, como los chinos, los japoneses, los griegos -pioneros
del homosexualismo y el lesbianismo- los sajones, los normandos, los vikingos
y, para no alargarnos, hasta en el Nuevo Mundo llamado posteriormente
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América, en donde los emperadores aztecas, Incas, muiscas,
chibchas, etc., no veían ninguna limitación ni motivo de pena o arrepentimiento
la práctica de estas aberraciones. Son tan viejas, que la Biblia, el Corán y
códices de edades remotas, los condenan no por religiosidad sino por higiene.
Teniendo en cuenta entonces que la gente común, todo el
tiempo en todos los tiempos, imita lo que suelen hacer sus gobernantes, los
historiadores nos quedaron debiendo las crónicas sobre las horas de descanso,
con victoria o con derrota, de los soldados rasos, pese a que muchos de ellos
cargaban con sus mujeres propias o esclavas y de las que se apoderaban en los
pueblos que caían bajo su peso. Las noches en los campamentos debieron
distinguirse no sólo por el mal olor de los cuerpos de gentes que -exceptuando
los indígenas precolombinos- aborrecían el agua, para convertirse en letrinas
andantes, rebosantes y destapadas.
Parece entonces, parodiando a un oscuro presidente, que ser
marica o lesbiana "es un honor que cuesta". No puede haber sorpresas
en esto. En nuestro país, los sectores en conflicto, los que destruyen la
patria a punta de bala, por ejemplo, les dan a los maricas un tratamiento
reverencial. Ellos son los médicos preferidos, los encargados de aplicar las
vacunas extorsivas, de recaudar los "aportes voluntarios" de los
ganaderos, comerciantes, funcionarios peculadores, etc. Y cuando se requieren
los servicios
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religiosos, no faltan curitas entusiasmados ni pastores
condescendientes que van a donde sea para cumplir sus funciones. Tampoco faltan
periodistas que añoran, al igual que una legendaria vedette de la televisión,
ciertas partes anatómicas de los capos y se enfurecen cuando alguien no les da
el tratamiento de "doctor" o los acusan por sus actuaciones
delictivas.
En estos tiempos modernos, sin embargo, ¿qué incita a la
juventud para que abandone el camino normal y se interne por los vericuetos de
la mariquería y la arepa? La primera incitación, sin duda, es la televisión, en
donde en aras de la libertad de expresión, los maricas y las lesbianas sentaron
sus reales. ¿O será algo más viejo: las tiras cómicas? Veamos:
Entre risa y risa, de carcajada en carcajada, los programas
de humor en televisión nos están diciendo que ser marica o lesbiana es algo
normal. Si usted ve humor antioqueño, son maricas los mejores. Si ve humor de
la altiplanicie bogotana, el manquen es tremendo y los sábados los días
predilectos. Si ve humor costeño, los mejores humoristas hasta nos enseñan de
qué manera hay que actuar para acentuar la condición de manito partida. El
humor que vemos en los programas televisivos de México, Chile, Perú, Venezuela,
nos previenen que el asunto no es privilegio de los colombianos y que todo
indica que vamos hacia un mundo en donde la mierda extraída en jornadas de sexo
equivocado habrá de
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ahogarnos en pocos siglos venideros, porque nos acercamos
peligrosamente a que, si no se es marica o lesbiana, no se es ser humano
"normal". Los primeros homosexuales que conocimos, en la ya lejana
niñez, fueron hombres aparentemente normales, que departían con el resto de la
sociedad sin aspavientos de ninguna clase. Fue en la juventud y en esos
momentos de compartir información y experiencias, cuando nos enteramos de que
existían hombres aparentemente normales pero que en la intimidad de sus alcobas
trocaban su condición. Un loriquero de apellido Yánez, que vimos con vestimenta
de seda y caminado ondulante y con mejor desplazamiento que el de una fémina,
adornado de prendas de oro en el cuello, las muñecas y los dedos, produjo en
nosotros dos reacciones. La primera, alejarnos de quien se rumorara siquiera
que tenía aficiones torcidas y de los que, sin hacerlo, se negaban a la coyunda
con una buena burra. La segunda, mirar con malos ojos a todo el que cargaba
gruesas cadenas de oro en el cuello y excesiva cantidad de anillos de oro en
los dedos. Ya en los tiempos en que penetrábamos con firmeza al campo de la vejez,
vimos otros Yánez con nalguitas paradas, pantalones cortos de los que las
mujeres llaman cacheteros porque dejan la mitad de la nalga a la vista y las
orejas perforadas para cargar gruesos aretes de oro, pero el tiempo y la
"moda" no nos permiten odiar a nadie por esos atuendos y más bien nos
obligan a preguntamos al mismo tiempo
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que el cínico del parque Santander: ¿De qué nos estaremos
perdiendo?
La otra posibilidad es la influencia de las tiras cómicas,
el noventa y nueve por ciento de ellas de origen norteamericano, en las que los
héroes son, sin discusiones ni aspavientos, verdaderos homosexuales y
lesbianas. Recordemos primero que son famosas las historias, especialmente en
los puertos marítimos y fluviales del Continente, de los afanes de los turistas
gringos por conseguir homosexuales en los que desfogar sus necesidades viriles
en el breve tiempo que los barcos se encuentran atracados. Y pagan en oro
verde, como se califica a los dólares, muy generosamente si se les proporciona
un niño o un joven. Cuando Coveñas era Coveñas, los propietarios de los
prostíbulos se mantenían al tanto de la llegada de los buques petroleros para
acopiar un buen número de jóvenes maricas para atender adecuadamente la demanda
de los gringos cacorros y pedófilos. "Fóqui fóqui, boy" era la frase
que se apoderaba de Coveñas. Hoy Coveñas ya no es el puerto petrolero y de
embarque de ganado de más de medio siglo atrás y Tolú jamás pudo alcanzar
importancia como puerto marítimo. Pero los gringos, cuando no pueden
desembarcar en Tolú, obtienen no sólo un buen puñado de jovencitas que por los
dólares se exponen a contaminarse de sida, sino un buen contingente de
muchachos cuyas edades oscilan entre los doce y los dieciocho años, reclutados
en las ciudades y
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poblaciones cercanas, convencidos que "darlo a un
extranjero" no trasciende ni los menoscaba como hombres, que son
conducidos a los barcos para dos o tres días de sexo con los delegados del
imperio. Son los imperios, los de ahora y los que fenecieron, en donde la
corrupción sexual campea y desde donde se irradia hacia los pueblos sojuzgados.
Aprendimos a leer en
las tiras cómicas del diario El Tiempo, molestando a los amigos y a los viejos
que sabían leer. Con una mente fotográfica que desgraciadamente desapareció con
el correr de los años, preguntábamos que decía un conjunto de letras y la
respuesta la guardábamos celosamente. Donde quiera la viéramos, sabíamos qué
decía. Pagamos un precio muy caro el establecer que, si bien leíamos un
periódico, no teníamos la menor idea del nombre de las letras. Y doña Julia
Hoyos se desquitó con saña al preguntarnos el nombre de las letras y enviarnos
a la puerta de la calle arrodillados y expuestos a la mirada de los que
pasaban, cuando no dábamos respuesta alguna. Todas las mañanas y todas las
tardes, durante un año lectivo, fuimos el florero que adornó la entrada de la
escuela.
El deseo de aprender a leer fue activado por las tiras
cómicas y de ellas recordamos las del Doctor Merengue, un viejo engreído,
petulante, fantoche que, con un elegante vestido blanco y una mano en el
bolsillo del pantalón, se paseaba por las calles mirando los defectos de los
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demás para criticarlos a través de su otro yo, pero que
jamás se refirió a su estado civil. Creemos que aún debe andar por allí
eternamente soltero. Y la sabiduría popular afirma que "hombre soltero y
maduro es marica seguro".
Otro muy parecido, gordito bajito y cara de yo no fui y
mamador de gallo insigne, jamás tuvo a su lado una mujer. Ni qué decir de
Superman, que con su cuento de que es hombre de hierro no puede hacer el amor
con Luisa Lane, ante el temor de despedazarle la vagina, pero mantiene
estrechas y extrañas relaciones con Luis Olsen, el joven periodista del diario
El Planeta. ¿Acaso Olsen tendrá de acero cierta parte de su anatomía? ¡Vaya
usted a saberlo!
Pocos recuerdan a Juan Toro y su combo, en donde el mejor
peleador es un enteco cuya afición es jugar el yoyo, que paradójicamente, le
sirve de arma ante los antisociales. Todas sus actitudes, y siempre se ha dicho
que el hombre que juega mucho yoyo termina de mano partida y puesta en el envés
sobre la cintura, son las de marica y mantiene una adoración sin límites por
Juan Toro, un musculoso de suéter de rayas. Ninguno de los miembros del clan, y
si mal no recordamos son cinco, tiene mujer.
El Zorro es el paradigma, insignia y señal del
homosexualismo. Don Diego no quiere nada con mujeres, pero en estos tiempos Antonio
Banderas, en una película, lo deja casado y con un hijo. Sin embargo, no es de
la familia de la Vega sino un escogido de don Diego. Y el mayordomo mudo,
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que lo viste y lo desviste ¿qué lo hicieron?
Hablando de mayordomos, Ricardo Tapias, el multimillonario
al que el roce con las mujeres le produce urticaria, convive con el suyo y no se
sabe quién se la hace a quién, ni si el jovencito Robin les sirve a ambos. De
todas maneras, en lo de la pedofilia, Batman no hace más que ratificar las
apetencias de sus paisanos yanquis de Metrópolis.
Otro héroe gringo es El Llanero Solitario. Es por la falta
de mujer que le dicen solitario, porque él pasa sus noches muy tranquilas bajo
las estrellas junto a su fiel indio, Toro. Desgraciadamente ni Pinto ni Plata
pueden contar intimidades.
Uno de los más nefastos ejemplos, no solo de homosexualismo
sino de falta de lealtad hacia la persona que se dice se ama, y que los niños
captan y asimilan después, son las veleidades de Oliva, que ante las constantes
arremetidas de Brutus por poseerla y la indiferencia de Popeye ante sus
requerimientos sexuales, juega con ambos. Cuando Popeye se encierra en el
silencio y la indiferencia, ella le hace guiños a Brutus y comienzan los
mandobles, en los que sale triunfante Popeye. ¿Pero para qué? Esto nos confirma
que los peores amantes son los marinos y que si hay algo falso en la vida es
aseverar que el marino deja un amor en cada puerto. ¿Remplazará Popeye las
esqueléticas curvas de Oliva por los burdos dedos de su mano? o ¿habrá una
tramoya entre él y Brutus que el pudor del autor le impide divulgar?
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Los Halcones Negros, jamás salieron de los hangares
militares, siempre listos para emprender vuelo a defender la grandeza del
imperio norteamericano. Una docena de ellos pasaban entre las nubes y de
mujeres nada.
A Mister X ¿qué mujer podía besarle la jeta de hierro? ¡Ninguna!
Fue de los primeros cómics gringos en donde los héroes comenzaron a ser
transformados en piezas de hierro. Volvemos a la antigüedad, pero entonces los
"favoritos" se daban sus mañas para quitarles las vestiduras. Pero a
Mister X, de hierro integral ¿cómo?
Olafo, el amargado, prefiere a Chiripo y procura mantenerse
lo más apartado posible de su mujer. ¿Mientras surcan los mares, qué hacen, si
se tiene en cuenta que Chiripo también es soltero? ¿Será por eso por lo que el
hijo de Olafo prefiere la música?
Muchos son los que aseguran que la sede de los Campeones de
la Justicia que se califican a sí mismos como los Super Amigos, es a escala el
mayor prostíbulo de maricas y areperas. En los tantos años que tienen de estar
allí reunidos, ninguno de los héroes, Flash, Flecha Veloz, Linterna Verde,
Flecha Verde, Acuamán, el Capitán Maravilla, etcétera y compañía, ha tenido
tiempo para enamorar a la Mujer Maravilla, Por eso en esa casa jamás se ha
escuchado ni se escuchará el llanto o la risa inocente de un niño. Los héroes
duermen con los héroes y las heroínas con las heroínas ¡Qué mazacote!
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En los dibujos animados de hoy, encontramos a un
"excelente" promotor del homosexualismo. Homero Simpson. Usando
posturas antanásicas y rnokusianas, se baja el pantalón en cualquier parte y
muestra su gordo trasero a los millones de televidentes del planeta. Tal parece
que son muy pocos los que no conocen el tamaño y hasta el olor de esta parte de
la anatomía del señor Simpson. Y como corolario, en arrebatos de su vida loca,
como dice la canción, le da un beso en la boca al hombre que esté más cercano y
luego se mete las manos entre las piernas y le dice que fue una tentación del
momento. ¿Y el hijo? Para mostrar su pequeño trasero es mucho más animoso que
su padre. De allí el viejo adagio de que hijo de tigre sale pintado o de que lo
que se hereda no se hurta.
¿Usted le conoce novia a un individuo llamado Monk, según
los gringos el mejor investigador de los últimos tiempos? No. Este sujeto sufre
de tantas fobias que no le alcanza el tiempo para lavarse las manos y taparse
la nariz. Como ciertas partes del cuerpo femenino exudan olores que no son
precisamente perfumes, Monk no tendría valor para acostarse con una dama,
porque por la mañana amanecería lleno de verdugones producidos por la alergia.
Saque las conclusiones que quiera, pero por favor, no lo saque del grupo de
maricas o gays, o como quiera llamarlos.
Una pareja que desapareció de las páginas de los periódicos
la formaron Dick Tracy y Sam
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Matraca, cuya característica principal fue mantener la cara
como un cráter lunar, es decir, llena de protuberancias. Verrugas, barros,
espinillas y otras endemias similares lo adornaban. Si bien es cierto que Tracy
se casó y tuvo hijos, la trama perdió fuerza. Sacaron a Sam y Dick no pudo
seguir las investigaciones policíacas con la misma efectividad. ¿Y Buck Roger?
Se perdió en el espacio estelar sin saborear las delicias de una coyunda. ¿Y
Trucutú? Es cierto que con un grueso y prehistórico garrote se paseaba
campantemente entre dinosaurios, tiranosaurios, y otros pajarracos, pero
solamente eso. El otro garrote se deterioró por falta de uso.
Un tal Mac' Gyber, de la televisión, es capaz de construir
una bomba nuclear uniendo un pelo de su pubis, otro de la axila y un tercero de
la cabeza, pero en materia de unión sexual no tiene la menor idea. Por eso
anda, pese a sus agraciadas formas, de soltero empedernido y solitario.
Ni qué decir del Hombre Invisible. Su condición es como para
aprovecharla siquiera para tocar el trasero de una fémina, pero a él la figura
de una mujer lo atolondra y no encuentra qué hacer. Quizás espera un amigo
también invisible, para retozar en los momentos de solaz. El Fugitivo corre
tanto de un lado para otro, que se le olvidó qué es una mujer. Para dorar la
píldora se le insinúa al televidente que
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abandonó a la esposa y los hijos por fuerza de las
circunstancias.
El mayor problema es el de Benitin Riquirriqui y Eneas
Flores de Apodaca, Benitin es eternamente soltero y Eneas tiene su hogar y un
hijo, pero prefiere la compañía de su pequeño amigo. Y cosa curiosa, el hijo de
Eneas se parece a Benitín. ¿Qué pasó allí? Pregúntenselo a la Gata, la mascota
de Tedia, que por cierto desapareció hace muchísimos años. Flash Gordon no le da
ni un beso a Dalia, supuestamente para no confundir el siglo veinte con el
veinticinco ni correr el riesgo de una explosión cuyos orígenes no le he podido
comprender a los científicos.
Los personajes de Walt Disney portan el farolito. Mickey no
ha dormido ni retozado la primera vez con Minnie, ni Clarabella con su amor
eterno; Donald prefiere vivir con sus tres traviesos sobrinos antes que caer en
las redes de Daisy. Rico Mac Pato pelea con Donald para acaparar a los tres
sobrinos, lo que nos permite creer que algo hay en el canto de la cabuya. Bug
Bonny, pese a ser su especie excesivamente prolífica, vive solitario en una
cueva y jamás de los jamases ha tenido novia y, por tanto, no tiene hijos y
pare de contar.
¿Recuerdan al negro Lotario? Mandrake el Mago da un ojo de
la cara por estar una noche con el fornido africano, antes que con Narda. Debe
ser por lo caliente que por naturaleza son los negros y así el mago no sufre de
frío en las duras noches de cierzo invernal.
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Hablando de negros, pese a la fobia de los gringos blancos
contra ellos, les dan crédito a varios. Un grupo muy conocido, Los Magníficos,
aparece dividido. Dos que aparentemente son normales pero que jamás terminan la
misión con una dama al lado con la que se pueda suponer irán al cuarto del
hotel, uno que prefiere el dormitorio del manicomio de donde sale a trabajar
por la justicia, Murder, y el negro Mister T o Mario Barakus, cuyos ratos de
solaz los dedica a gruñir contra el loco, pero de arrumes sexuales con féminas,
nanay cucas, desperdiciando el fornido cuerpo del que fue dotado por la
naturaleza.
Igualmente, un grupo parecido, los de Misión Imposible, el
original, nos presentaba una situación similar. El jefe no pasaba de una mirada
a la dama que los acompañaba y, para la película, cambiaron la situación, pero
le quitaron relieve a los demás del grupo y el negro fue borrado. Lo cierto es
que el negrito era capaz de comunicarse con el más lejano planeta de la más
remota galaxia, crear una bomba con los desperdicios de la cocina, manipular
una bomba nuclear con un palillo de dientes, pero no habría encontrado la forma
de una coyunda con Miss Universo.
Además de Batman y Robin, pareja que es aliciente para los
pedófilos, hay otro que inexplicablemente tiene a un niño como compañero de
aventuras, que es Kalimán. Se llama Solín. Pero ellos no inventaron el agua
tibia. Como señalamos anteriormente, los
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grandes guerreros de la historia verdadera preferían de
compañeros, especialmente en las noches para alcanzar mejor reposo, a niños.
Algunos maricas de hoy se apartan de la excepción de la regla y prefieren
sanonofrinas y toludeñas de veinte.
¿Qué hacer ante los ríos de excrementos que dejan los gay?
Taparse la nariz, seguir adelante son ponerles atención, equipararse con la
moda o condenarlos vanamente como lo hace la Biblia. Pero cualquiera sea su
actitud, recuerde que los cómics gringos tienen gran parte, sino toda, la culpa
del incremento del homosexualismo, al sugerir que para ser héroe no se requiere
un cónyuge del otro género.
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LOBBY A LA REINA
La impresión de que este lunes amaneció más temprano fue la
sensación al bajarse de la cama. No es cierto, pero en ocasiones el cerebro
tiende a convertir como propias las aseveraciones ajenas. Y los campesinos de
su tierra así lo expresan con frecuencia, cuando en realidad nada está fuera de
lo normal. El cielo despejado, prácticamente azul en su totalidad, permite que
los rayos solares penetren a la atmósfera del planeta a plenitud y se tenga la
impresión ya señalada. El verano impera en el territorio, pero en el invierno
las cosas cambian. Parece amanecer más tarde y acabarse el día más temprano.
Cosas de la naturaleza, se dice como complemento de su soliloquio mental.
No obstante, sabe que algo diferente marca el día de hoy.
Mira nuevamente el reloj y comprueba que son las cinco de la mañana. Se dirige
a la puerta en uno de cuyos batientes colocó antes de terminar el año anterior
un calendario, y sí, es el 15 de enero. No espera informes distintos, pero allá,
muy profundo en su masa encefálica, late imperceptible, lenta pero
inexorablemente, un algo como el corazón de un niño que no requiere tanto
esfuerzo para aspirar y expirar el aire vital, que casi no suena. "Si
pudiera volver a esos tiempos, reemprendería el camino de la vida, tomaría unos
atajos y evitaría otros", se dice mentalmente, "de manera que mis
experiencias de sesenta años me
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permitieran transformar todos los sufrimientos en placer,
Vivir una vida distinta", volvió a susurrar mientras entra al baño, abre
el grifo y recibe placenteramente el chorro de agua fría sobre su humanidad,
agua que baja junto con el sudor importado durante la calurosa noche que acaba
de pasar.
Una vez satisfecho del refrescante baño, deja secar su
cuerpo por sí solo y cuando termina el ajetreo de colocar sobre la cama la
vestimenta que usará durante el día, pasa a la cocina a preparar café y el
frugal desayuno diario.
Fue al terminar de beber la tonificante taza de café, cuando
el niño que duerme en su cabeza despierta, pega un grito de rabia y le pone
ante los ojos el dato sobre lo que trata de desentrañar. Y no sabe cómo
calificar el recuerdo, si como un hecho agradable, como un sueño abrazado
durante tanto tiempo, que le permite vivir añorando una posibilidad, o como un
ramalazo de dolor al romperse toda esperanza, al quebrantarse sus anhelos tan
celosamente guardados, la evidencia inocultable de sus extravagantes deseos.
Confirma la fecha, suma años, meses, semanas, días y horas,
y la realidad salta ante su mirada y sus recuerdos. Las matemáticas no fallan,
se responde. La exactitud de los guarismos le muestra sin lugar a duda ni
equívocos, que el resultado son cuarenta años exactos, que se cumplen este día
a las cuatro de la tarde, minutos más, minutos menos. Fue un quince de enero
que
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recibió, como una descarga eléctrica, como el relámpago que
arroja inclemente la centella sobre la base del árbol durante una tormenta, la
mirada que penetró por sus ojos e invadió su cabeza, su corazón y hasta la más
insignificante fibra de su cuerpo. Jamás volvió a encontrar el reposo y sabe
que, a semejanza de las tres décadas anteriores, hará un juicio interno de su
mente, comprobará que no podrá saber jamás si el impacto de esa mirada fue para
su propio bien o una maldición para el resto de sus días. Concluye, cada diez
años, en que son ilusiones suyas, que ella no le brindará ni siquiera otra
mirada similar, porque desde aquella lejana fecha, se limita a pasar la vista
como quien contempla un paraje desolado, sin brillo en sus ojos, sin interés,
desapasionadamente, sobre el montón de siervos que le rinden pleitesía y que
tal vez añoran lo mismo que a él lo ha martirizado. Cree ser el único, sin
embargo, en persistir, por cuanto pasan los años y entre los que en alguna ocasión
observó interés y deseos, cejaron en el empeño, cansados tal vez de la
inutilidad de mantener la espera, mientras él parece recibir esas renuncias
como un regalo para reforzar su pertinacia en lograr la posibilidad. Entiende,
en el análisis de cada década, en la comprobación de la vacuidad de sus
añoranzas, lo que pensaron los guerreros en el pasado, para libar la sangre o
comer la carne de los enemigos de mayor valor en el combate y caídos muertos en
el campo de batalla.
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Creían que ese valor, esa fortaleza, ese ánimo para guerrear,
pasaría a sus propios cuerpos si bebían la sangre o comían las carnes de sus
enemigos. Así, mentalmente engullía a los pretendientes, libaba con deleite la
sangre de sus frustraciones, de sus fallidos intentos por alcanzar la gloria y
saboreaba la amplitud que con el tiempo fue creciendo a su alrededor. Aquí no
ocurría como en Itaca, el mítico reino del archipiélago griego, mientras se estaba
a la espera de confirmar la muerte de Odiseo. No se realizaban bacanales, ni
orgías, ni festines. No se acosaba a la moderna Penélope, ni ella se entretenía
tejiendo y destejiendo telas en el intento de aburrir de cansancio a sus
pretendientes. Además, los que la pretendían, por su alcurnia, llegaban por
otros senderos y en cuanto recibían la fatal negativa de la soberana que parece
no requerir besos, ni caricias ni entrelazamientos de una coyunda sexual de
hombre o mujer, porque hasta éstas lo intentaron en el transcurso de los años,
con gran empeño mientras ella gozó de la tersura de la piel, de la arrogante
longitud y sedosidad de sus cabellos, de la espesura de sus negras cejas, del
verde aguamarina de sus ojos, de su encantadora mirada, de sus incitantes
labios, de la inigualable frescura de su risa, de la delgadez y estilización
del cuerpo que ondea al caminar como para evitar que la corona resbale de sus
sienes, y, por qué no, de la robustez de sus intimidades que se reflejan entre
los pliegues
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claroscuros de las sedas de los vestidos que se abrazan con
aparente candidez a su curvilíneo cuerpo. Nadie, jamás, la ha sorprendido en
una mirada indiscreta, en un guiño o un gesto o un ademán que pudiera
entenderse como una promesa para entregar la refrescante agua de su torturante
e incitadora boca a la boca de uno de sus sedientos súbditos. La indiferencia
hacia las cosas que no son el cumplimiento de sus deberes desde el trono, la
fueron tornando en estatua de mármol que el tiempo, inflexible también, va
corroyendo con el paso de los siglos sin tener en cuenta la importancia del
escultor que fue modelándola con sus manos, sus mazos y cinceles, y mucho menos
con la inmortalidad de lo artístico.
Cumplía años aquel aciago día de enero, veinte para ser
exactos, en una mañana tan calurosa como la de hoy, cuando camino a la
universidad la encontró en traje deportivo, rosado, tan ajustado a su cuerpo
que a la distancia parecía trotar desnuda. Los senos turgentes como las astas
de una gacela se asemejaban a dos pichones de palomas que quisieran abandonar el
nido, la roja cabellera recogida atrás con un gancho plástico se bamboleaba al
ritmo de su carrera, y la exuberancia de sus intimidades parecían querer rasgar
la prenda exterior que la moda de la época había bautizado con el anglicismo de
lycra. Tanta era su belleza natural, que los guardaespaldas dedicaban más
tiempo a mirarla con disimulo que a estar
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pendientes de movimientos que entrañaran peligro, pero ni a
los de sus lados ni a los de atrás, ella ponía atención. Mentalmente trotaba sola,
inmersa en sus propios pensamientos, enlazándolos unas veces, la mayoría, con
placer por la sonrisa que transformaba su rostro en la más bella de las
visiones.
Se apartó a la vera para no ser empujado o atropellado por
los guardaespaldas de la reina, porque debido a la muerte de sus padres en un reciente
accidente, había pasado de princesa a reina, aun cuando sólo entraría a ejercer
el cargo seis meses después, cuando el regente le entregara sus símbolos reales
y el poder, para el que se habla preparado con mucho fervor en varias de las
más prestigiosas universidades del mundo. Al pasar a su lado, la reina lo miró
de una forma tan especial que, si ya estaba enamorado de ella, en su interior
consideró que se trataba de una abierta y sincera manifestación de preferencia,
por lo menos, hacia quien simplemente era un miembro de la realeza en el más
remoto nexo que un miembro de la nobleza pudiera tener. Pero se enorgullecía de
ello, porque pocas casonas alcanzaban el privilegio de pertenecer a la
parentela real. Tan remoto el nexo, que jamás había podido su padre llegar más
allá de doscientos metros de distancia del monarca en el desarrollo de
ceremonias del reino. Acababa de recibir, cuando le faltaba solamente la
ceremonia de grado para ser abogado, el privilegio de heredar de su progenitor
el puesto que toda la vida ocupó
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delante del trono.
Posesionada la reina, una de las primeras medidas divulgadas
fue trasladarlo de la remota posición que su padre había ostentado con tanto
celo por más de medio siglo y sus antepasados en cerca de un milenio, a una que
distaba apenas cincuenta metros de la soberana, a la que podía admirar todos
los días, si así lo quería, por ser uno de los beneficios que deparaba el
privilegio.
Convencido de que la mirada de la reina constituía mucho más
de lo que podía esperarse, juzgó que no le había sido indiferente y que por
alguna razón de su corazón le había dado el privilegio que, de paso, colmó de
rumores todos los aposentos, pasadizos y oficinas reales y se convirtió en la
comidilla del pueblo.
Y comenzó su calvario. Durante cuarenta años fue el primero
en llegar a la sala del trono para no perder la oportunidad de que algún día la
reina se presentara más temprano que de costumbre y poder charlar con ella.
Miles de veces pasó por su mente la posibilidad de violar el protocolo y
preguntarle públicamente si aún lo quería, pero habría sido su perdición y
llevado sin preámbulos al patíbulo. Además de no poder alegar que la reina
hubiera tenido por él un gesto de aprecio en tanto tiempo, ni con él ni con
ninguno otro, la única mirada que de ella había recibido no era suficiente como
para transgredir las normas reales y exponerse a la pena capital.
Hoy, sin embargo, al cumplir sesenta años, sus capacidades
físicas, sus aptitudes amatorias y
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sus anhelos secretos no servían para nada. Ni siquiera si la
soberana lo distinguía públicamente y convertía en realidad sus pensamientos,
podría enfrentar la situación. Lo que no se usa se atrofia, le repetía con
frecuencia su progenitor antes de fallecer. Y era verdad. Sus armas naturales
se enmohecieron sin usarlas y no responderían en el momento crucial.
Una indicación muy disimulada de la reina a uno de sus
acólitos que pese a la discreción fue entendida por los asistentes, que no
perdían ni siquiera la intensidad de las aspiraciones y expiraciones de su
respiración, sirvió para pensar en que algo inusual e inaudito habría de
producirse en segundos. El acólito bajó las gradas del estrado real, con la
prosopopeya cortesana con que los miembros de la realeza lo hacen como para
resaltar y recalcar su privilegiada condición, caminó unos cuatro o cinco
metros por el pasillo central del inmenso salón y se detuvo frente a él, que
pese a esperarlo durante cuarenta años, sintió cómo se le erizaba la piel sin
saber si por el miedo, por la felicidad o por cualquier otra causa. El siseo en
su oído derecho como para evitar que los demás se enteraran fue un inocuo del
acólito. Tal vez un reproductor electrónico de voz no habría sido escuchado tan
claramente. Se levantó del sillón, miró hacia el trono y observó que la reina
lo miraba como cuando se produjo el ya remoto primer contacto visual entre
ambos. Él un joven galante, elle una niña que no alcanzaba a tener los
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catorce años, volvían a enfrentar sus miradas. Con la
hipócrita actitud de los que se llaman bien educados, atalayó a los asistentes
y dedujo que estaban extrañados de lo que acontecía. Tomó el pasillo central y
con la lentitud que produce el peso de los años sobre el cuerpo, se encaminó al
estrado, al que no pudo llegar al recibir una especie de patada en su corazón.
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SUEÑOS
Una semana se cumple hoy sin que haya logrado conciliar el
sueño. La pesadez del cuerpo le indica que no es posible continuar así, porque
pudría derrumbarse total y definitivamente y no es el momento indicado para
morir. Se dice que para todo hay un momento, pero no cree que "su limito
de morir" haya llegado de esta manera. Sin embargo, la vida, que no es más
que un parpadeo en el largo, en el eterno tiempo de la muerte, depara
sorpresas. Quizás le llegó el momento sin que hubiera recibido ninguna
notificación previa. Su padre le aseguraba que la parca llega cuando menos la
esperamos, pero siempre confió en que de alguna manera se debe recibir el
aviso. Que no lo entendamos es cosa diferente.
Altor a bien, se pregunta, ¿Qué originó esta vigilia
inmanente? No encuentra respuesta. En alguna parte de su masa encefálica debe
estar el dato. Sabe que la tiene, pero le ocurre como a los Notarios del siglo
pasado, que sólo ellos sabían en dónde se encontraban las Escrituras Públicas,
los Legados y demás documentos que se les confiaba, por lo que no podía
echárseles del cargo de un momento a otro, porque el remplazante no encontraba,
dentro del caos bien organizado, ningún documento del que debiera dar fe
pública. Lamentablemente el cerebro humano es único, nace con uno, vive con uno
y muero con uno. Nadie lo reemplaza, nada lo
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sustituye, ninguno puede auscultarlo. Es en el cerebro,
piensa ahora, en donde está la esencia de la vida. Es la nada - o la muerte -
antes de nacer, es la vida y es de nuevo la muerte, si en verdad hay una
dimensión en la cual permanecemos para toda la eternidad. El cerebro debe
saberlo, pero no lo dice. Es, en verdad, el arcano mayor, impenetrable, leal
como el amigo fiel, a quien se le pueden confiar las cosas sin correr el
peligro de que trascienda sin autorización del dueño.
Los párpados le duelen de tanto apretarlos para ver si así,
traicioneramente, agarran al sueño y lo acomodan, pero la treta no surte
efecto. Las pestañas lánguidamente se tocan, pero no se abrazan. Parecen una
pareja de amantes con diferencias conyugales que están en la misma cama y con
los mismos propósitos, pero muriéndose de deseos, se niegan al abrazo amoroso.
El uno espera que la otra dé el primer paso, pero ella considera que merece un
trato diferente y anhela el susurro en su oído expresándole que se equivocó y
pide perdón. Si así ocurre, ella abrirá al máximo sus brazos y su cuerpo, para
recibirlo y formar un solo ser, un todo, como la vida y la muerte, como el
árbol con la tierra, como el pez con el agua, como el ayer, el hoy y el mañana
con el siempre, con la eternidad.
Pero si sus párpados
no le obedecen, sus pestañas parecen odiarse. Ni aquel cae generoso ni éstas se
abrazan con la voluptuosidad requerida. Algo
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debe interferir en los deseos y comienza a repasar su vida,
lo poco que ha vivido porque sabe que es joven y ni siquiera ha llegado a la cima
de la montaña, para tratar de encontrar la razón, como para que el sueño se
haya fugado de su cuerpo dejándolo como el corcho en el remolino del río, sin
fuerzas, sin peso, arrastrado en el giro interminable y vergonzoso del sometimiento,
sin devolverse y sin avanzar, atenido a que algo generosamente y con un manotón
lo ponga de nuevo en el camino de las aguas que van hacia el mar. Sólo así
acabará su vigilia.
¡TIRAMEAL MAR, HIJO
MIO!
La madrugada está fría y neblinosa, signo seguro de que el
día será terrible por el calor, acentuado por caer en los cuerpos de manera
directa, implacable e inhumana, los rayos del sol. No hay manera de evitarlos
cuando los horizontes no son más que agua tornasolada y si acaso aparece una
nube, se le recibe como la más placentera de las visitas. Pero ellas, a menos
que amenacen con una tormenta, apenas se quedan unos segundos, acaso minutos, y
el viento se encarga de llevarlas hacia sitios desconocidos. Tal vez, piensa,
en algún lugar de la tierra el viento acumula las nubes del mundo.
Es jueves y en la noche del martes no pudo asistir a la casa
de Gabriel Salcedo Román, el periodista y locutor al que le dicen
"Bocae'caucho", en cuya casa se encuentra el único televisor del
caserío, el que trajo cuando se regresó de San Andrés, Islas, en donde
trabajaba en la emisora de un pirata, según afirmaban sus compañeros de la
escuela, para ver el capítulo de la telenovela El Gallito Ramírez. Cuando hay
que salir a pescar, y ya está acostumbrado, se sacrifican todos los juegos,
todos los entretenimientos y todos los actos que le agradan, pero se acostumbró
al observar que los demás pescadores y sus hijos, hacen lo mismo. La jornada de
pesca es sagrada para todos. No solamente porque de los resultados se
alimentan, sino porque representa una entrada en dinero para la casa. El “tevíllegar",
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dicen con una amplia sonrisa cuando venden toda la pesca a
los hoteles del Golfo o a las personas que negocian con el producto en los
mercados de las poblaciones cercanas.
El caserío de El Rincón, que los Salcedo comenzaron a llamar
Rincón del Mar, es de una pobreza denigrante. Es pobre, allí no nacen sino pobres,
viven los pobres cuyos antecedentes son haber sobrevivido a la pobreza, y
tienen asegurado un futuro de miseria absoluta. Rincón del Mar, paradójicamente,
está rodeado de ricos, latifundistas y ganaderos, a la espera de que el gobierno
fomente y desarrolle la industria sin chimeneas para ellos aprovecharla en su
propio beneficio. Los pobres se beneficiarán con el turismo, pero comparados
con los dueños de la tierra que habrá de servir para levantar hoteles,
complejos urbanísticos y otras obras que halaguen al turista, les
corresponderán las migajas. Si es que acaso no tienen que luchar por ellas
Las casas de su tierra, deduce dentro de sus elucubraciones,
no pueden llamarse casas, porque no son más que tugurios de cartón, pedazos de
madera y láminas herrumbrosas de hierro o zinc, lo cual les impedirá enfrentar los
requerimientos de los turistas. Cuando acompaña a su padre a los pueblos que se
levantan a la orilla del mar, observa que todos se parecen. Las mismas covachas
hechas de desperdicios, los animales confundidos entre los pies y las piernas
de los humanos, las aguas
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negras que corren sobre la arena, el mal olor que taladra la
masa encefálica metiéndose por las narices por mucho esfuerzo que se haga para
no aspirarlos, los habitantes casi desnudos con sus cuerpos negros sobre los
que se depositan capas blancas como si se echaran así mismos tarros de talco
pero que no son más que los diminutos granos de sal que lleva el viento que
casi siempre mitiga el calor reinante. Es un panorama de miseria para ojos de
miserables y míseros por condena divina. Nosotros los negros, se dice
interiormente, nacimos para ser miserables, discriminados, humillados, vejados
por los de las otras razas y comparables a todo lo que produce el mal. Desde
las páginas de la Biblia, como dice Custodio que tiene una por cada credo
religioso, se hizo la primera condena del negro. Cam fue condenado por Noé a
residir en las tierras donde nacieron y crecieron los primeros negros después
de la hecatombe del diluvio, para pagar un delito que no cometió. "Es la
justicia divina y poderosa contra el humilde indefenso, porque Cam no hizo más
que avisar a sus hermanos que el viejo Noé, luego de beber el líquido extraído
de la uva, se comportaba de extraña manera". Desde entonces, afirma
Custodio, todo lo malo es negro, principiando por el príncipe de los infiernos
que, pese a saber todos que es el ser más hermoso de la Creación, el Arcángel
que detrás del trono iluminaba al Creador, se le muestra como un negro con
cachos de toro y rabo. Por ello
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concluye que los habitantes de El Rincón continuaran siendo
vejados, discriminados, ignorados, hasta que el gobierno decida, cualquier día
menos pensado, expulsarlos de las playas acusándolos de predadores y contaminadores,
para darles facilidades a los condominios. Hasta allí llegarán ellos
promoviendo a El Rincón.
Mira al hombre tendido a lo largo de la quilla y la cabeza
recostada en la patilla de la canoa, con los ojos abiertos. Parece otear de un
punto a otro el azul profundo y lejano del cielo. Mientras, en él se confunden
el terror del niño ante una situación desconocida e inesperada, la aparente
frialdad e indiferencia del joven y la actitud de preocupación contenida del
hombre adulto. Por eso tal vez no decide cuál de esos sentimientos inducir,
cuál impulsar o si es imperioso que los tres, como caballos al galope, partan a
un mismo tiempo de lo más profundo de donde puedan brotar como la lava ardiente
de un volcán.
Vuelve a mirar el cielo, el entorno y al hombre, a la par
que con pasmosa lentitud hunde en el agua el remo por estribor para mantener el
equilibrio de la pequeña embarcación sobre las olas. El hombre reza. No alcanza
a oír su rogativa, pero sabe que está rezando. ¿Por qué rezar ahora, precisamente?
Quizás sería mejor que se pusiera a echar pestes como suele hacerlo cuando algo
lo preocupa, pero no dedicarse a rezar. Es la primera vez que lo observa en
esta actitud, pero se sorprende a sí mismo diciendo
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quedamente: "¡Dios mío, no dejes que se muera! ¡Guíame
a la playa, Señor! ¡Acompáñame! Padre Nuestro que estas en el cielo...".
Una ola se estrella contra la borda y el agua les cae
encima. Apresuradamente achica la canoa. Su padre lo mira, pero en sus ojos no
hay reproche alguno. Su mirada es distinta. No es la mirada indicadora de lo
que se espera que se haga ni la furibunda y previa al golpe de represión por la
falta cometida. Tampoco es la de duda, la que metiéndose en el cerebro busca la
verdad. ¿Será así, como la de ahora, la mirada del amor? No conoce esa mirada.
De sus padres sólo recibe miradas que lo llenan de temor o de rencor. La de
este instante no la concibe, pero está convencido de que entre él y su padre
acaba de nacer algo inusual.
Es como si un rayo partiera de los ojos del anciano,
llegaran a los suyos y regresara con la misma intensidad, con la misma fuerza,
de donde salió. Es una sensación agradable. Desea abandonar el remo y dirigirse
a la otra patilla de la canoa y abrazarse con su progenitor, abandonándose
ambos a la voluntad del Creador.
Se dice que si así es el amor ¡bendito sea! Si así es el
cariño ¡bendito sea! Sea bendito lo que sucede, se repite para sí, porque lo
llena de algo nuevo, desconocido, que lo eleva, que lo saca de la frágil
embarcación y lo conduce a las alturas. Ahora comprende que todo lo pasado en
su vida, por lo menos desde que tiene uso de razón, no ha sido más que el
interés paterno de hacerlo
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un hombre de bien, y no duda que, pese a sus rencores,
siempre ha guardado un amor especial a sus padres, lo cual lo colma de alegría.
¡Sí, te quiero papá! grita en su mente. Otra ola golpea la canoa y el agua
salobre le baña el rostro con lo cual disimula las lágrimas que se le escapan.
Su madre le asegura que reír, llorar, gozar, sufrir, amar y odiar, son una
misma cosa, pelo comprueba que no es cierto. En este instante puede gritar
convencido de que ama a sus padres. Si, su padre, sin pronunciar una palabra,
le acaba de transmitir quién sabe cómo el sentimiento del amor paternal. Acaba
de descubrirlo. ¡Papá me ama! ¡Yo también te amo, papá! EI anciano no deja de
mirarlo y sonríe homo si leyera los pensamientos. ¿Es la primera vez que su
padre le sonríe? Sí, es la primera vez. A su vez se le ilumina su propio rostro
con otra sonrisa, al venírsele a la memoria la esperanza manifestada con
frecuencia por su padre, de localizar, algún día, un cardumen tan inmenso que tendría
que forrar con las dos atarrayas o la canoa y a los peces capturados, tirarse
al mar y nadar hasta la playa con el cargamento. Como en una película de
dibujos animados, ve al viejo convertido en un ser gigantesco hundiendo a gran
velocidad las olas para remolcar la voluminosa carga, tan grande, que cuando
llegue a las cercanías de las islas Mangle y Palma, será visto en Berrugas y El
Rincón.
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Pero la pesca decrece y su padre culpa de ello a los
capitanes y propietarios de los barcos nacionales y extranjeros que, con redes
arrastreras y eléctricas, dejan el fondo del mar solamente con lodo y arena,
sumiendo a los pescadores en la miseria. "Para disimular, dice el viejo,
los malditos que representan a la autoridad, nos llaman ahora "pescadores
de cordel", "pescadores artesanales", pero es la misma vaina.
Ellos siguen siendo ricos y poderosos y nosotros los miserables, los come
mierda de siempre".
A las dos de la tarde del jueves, como siempre lo hace
cuando divisa el cardumen, el viejo pegó un bufido, le quitó el remo
hundiéndolo con fuerza en el agua para de un mismo tirón virar a babor e
impulsar la canoa rumbo al sitio propicio. Estima que algún día no lejano
también impulsará la canoa con la misma energía, sin desfallecimientos, hacia la
dirección precisa. Al dirigir la vista hacia la derecha divisa las ominosas
aletas de los tiburones, que parecen dueños de los cardúmenes y pelean con los
pescadores las mejores piezas. Al llegar al lugar recibe de nuevo el remo,
porque ahora le corresponde dirigir la canoa, mantenerla firme, mientras su
padre lanza la atarraya. Si sale llena le ayuda a desenredar los peces. El
trabajo se triplicó debido a la abundancia de las capturas y cuando alza la
cabeza ve a su padre lanzar lo más lejos posible de la canoa y en la dirección
que toma la gran mancha de peces, varios ejemplares con el objeto de orientar a
un tiburón rezagado
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Luego de una frugal cena con los avíos que llevan para los
tres días de pesca, dormitan un poco pera recuperar las energías. Entreabre los
ojos y observa a su padre orientándose por la posición de las estrellas. Le
atraen las estrellas. Cuando se encuentra en el medio del mar y el cielo está
despejado, la noche se le convierte en un espectáculo maravilloso,
incomparable, quo no se cansa de admirar. No sabe por qué su padre murmura
"Dios te guíe" cuando una luz se desprende del entramado y se
precipita al vacío diluyéndose en medio del titilar de las demás. Y no se lo
pregunta porque con su padre todas las cosas tienen una explicación en el
momento debido. El cansancio lo duerme en medio de las reflexiones con el remo
entre las manos y en las tres o cuatro ocasiones en que entreabre los ojos, ve
al anciano oteando el horizonte y con los oídos atentos ¡Cómo viaja el sonido en
el mar! El viejo distingue el sonido y determina de inmediato si se trata de un
remo metiéndose en el agua, si es un motor fuera de borda, el motor de un barco
de alto bordo, un cardumen, un grupo de tiburones, gotas de lluvia estrellándose
contra el agua o el rugido del viento impulsando una embarcación. Está
aprendiendo a distinguirlos por sí mismo, pero cree que es una lástima que su
padre no le haya enseñado cómo orientarse con las estrellas, porque ahora no estaría
allí, en medio de las aguas, sin saber qué hacer ni a dónde dirigirse, cuando
debería
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estar remando rumbo a la playa más cercana para conducirlo a
un hospital.
Abandona las cavilaciones y vuelve a enfrentar la realidad
del momento, al mirar hacia el cuerpo tendido sobre la canoa. Su padre, a pesar
de la edad, se mantiene con un cuerpo atlético, fornido y musculoso. Los
músculos le forman un rollo que parte del cuello y se extiende a la espalda,
brazos, pecho y piernas. Recuerda una película que pasaron en Semana Santa y
busca entre los recuerdos el nombre hasta que lo encuentra: El Manto Sagrado.
El actor principal, el "chacho" de la película, como dicen en el
caserío, tenía un cuerpo así, repleto de músculos, ceño fruncido, mandíbula
tensa y cara de pocos amigos, como persona enojada. Igual que su padre. En esos
mismos días observó otra película en que el musculoso se asemeja tanto a su
padre, que también era negro. Pero su padre, su querido viejo como dice la
canción de Piero, ya no tiene el rostro tenso. Es otro ¿Cómo explicarlo? Es el
mismo padre, el padre de siempre, el que ha visto durante sus doce años de
vida, pero ahora ha cambiado la mirada y los ademanes, los gestos, las
actitudes. Por eso no le quita los ojos de encima al temer que el instante se
esfume, desaparezca como llevado por el viento. No puede perder el momento
mágico en que ha descubierto una faceta nueva y agradable de su padre, el padre
que soñaba, que había esperado, pero que ahora que lo descubrió, yace impotente
tendido
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A lo largo de la canoa entre los peces capturados. Regresa
al viernes, cuando vagan sobre las olas bajo el sol canicular y hablan poco,
como reservando energías para actuar en el momento adecuado. A eso de las seis
de la tarde comen y descansan, hasta que escuchan desde el oriente el sonido
peculiar de una nueva mancha de peces. Le entrega el remo y el viejo boga con tanto
entusiasmo que la canoa parece volar sobre las olas. La cantidad y calidad de
la pesca es tal que por poco se le cumple el sueño al viejo. Ejecutan lo tarea
con tenacidad y cuando la luna se acerca al cenit optan por darle un merecido descanso
a sus cuerpos y a sus mentes y duermen profundamente dejándose llevar por el vaivén
de las olas.
Los candentes rayos del sol sobre la piel le despiertan y
calcula que son las ocho de la mañana del sábado y se sorprende que su padre continúe
dormido. Lo llama y los ademanes le indican que el sueño del anciano no fue lo suficientemente
reparador, porque se le nota el cansancio, está demacrado, como adolorido y se arrodilla
con gran esfuerzo para inclinarse sobre la borda. Mete las manos al agua en
forma cuenco y se lava la cara. Luego se enjuaga la boca y sube cansinamente,
con desgano, a la patilla, se coloca la mano abierta a manera de visera encima
de las cejas y otear el horizonte para localizar la dirección exacta. El “chupundun”
del cuerpo que cae y se hunde en el agua, así como el grito angustiado del
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viejo lo obligan a ponerse de pie. Corre hacia la otra
patilla con alguna dificultad por los peces arrojados por todos lados y ve a su
padre que no puede sostenerse a flote. Le tiende la mano, pero los dedos del
anciano se aferran sin presión. "Algo malo le pasa a papá", deduce y
acudiendo a todas sus fuerzas de niño va subiéndolo a la canoa en una tarea larga
y extenuante, ciclópea, pero no ceja en el empeño hasta dejarlo tendido sobre
los peces, con la cabeza recostada a la patilla.
Unos diez minutos
después, entre quejidos lastimeros, con tono bajo y visibles muestras de dolor,
el viejo dice: "Hijo mío, me ha dado algo horrible y debe ser un infarto.
No creo que me salve de este ataque. Si me muero, por favor, tírame al mar y
vete".
Así como dice su padre debe ser, porque él no tiene idea
sobre ataques al corazón. Debe ser algo muy doloroso para que su viejo se
retuerza como si algo le destruyera las entrañas. Ignora la orden de lanzarlo a
las aguas y rompiendo las normas de comportamiento a que está habituado le
pregunta qué debe hacer: "No te preocupes hijo, si no quieres hacerlo
ahora. Espera a que me muera y entonces sí, tira mi cadáver al mar. Es mejor
para ti y para mí", recalca el anciano.
A eso de las ocho de la noche divisa las ominosas aletas de
los tiburones, pero no precisa si son cinco o seis, que con seguridad están
hambrientos y vienen hacia la canoa. Escuchó alguna vez que
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Los tiburones son los animales más hambrientos del mar y por
eso atacan las canoas y supone que ahora corre grave peligro. Manteniendo la embarcación
en posición adecuada de manera qua no la voltee un golpe de ola, mira a su
podio tendido. El refrescante soplo de brisa, así como la oscuridad del entorno
le informan que el día ha terminado y que comienza la noche. Desconoce qué
rumbo tomar ni de qué manera actuar.
El viejo sigue inmóvil, como si todos los músculos de su
rollizo cuerpo se hubieran roto y está tendido como un muñeco de trapo, tirado
sobre la canoa a la espera de que alguien lo levante. Pero ¿para qué? No podrá
sostenerse ni mucho memo va a curarse. "Échame al mar, hijo mío y rema
hacia donde van las olas, para que puedas llegar a la playa", repite el
anciano, quejándose lastimeramente. Su voz es más profunda y lejana, como si
hablara desde el fondo de una cueva o de un pozo. La petición le retumba en la
cabeza, que amenaza con estallarle por la incomprensión en que se debate ¿Por
qué, papá? ¿Por qué me pides una cosa corno esa? se pregunta interiormente. Los
escualos comienzan a dar vueltas alrededor de la canoa y el niño, en silencio,
lanza peces lo lejos que puede para que se retiren del lugar. Tal corno ha
visto hacerlo a su padre, mira hacia el firmamento y calcula que son las cinco
de la mañana del domingo. Si logra mantenerse a flote y la solidaridad de los
pescadores se
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manifiesta con prontitud, deberá resistir como un hombre por
lo menos veinticuatro horas más. El anciano, sollozando por el dolor, lo llama
a su lado. Le pasa el brazo derecho por los hombros y lo estrecha fuertemente
contra sí, como queriéndole entregar en un instante los doce años de caricias
paternales que le debe y demostrarle que, como los demás padres, él también
puede brindar a sus hijos los mimos del cariño y del amor. Lo aprieta y lo
afloja tratando quizás de introducirle por los poros esos guardados
sentimientos.
Esto es algo nuevo
para él y piensa que está en un mundo distinto y desconocido al recibir lo que
siempre había anhelado desde que tiene uso de razón. Su padre, del que nunca
recibió ni siquiera un gesto fraterno, intenta ahora fundirse con él en un solo
cuerpo y formar un nuevo ser. ¿Qué sucede?, se pregunta mentalmente. Dos largas
horas pasan sin darse cuenta. Su cuerpo de niño junto al del anciano en un
abrazo interminable y repentinamente, como si un cuchillo le rasgara los
músculos del alma, el viejo lanza un grito y lo abraza tan fuertemente, que
cree que morirá al mismo tiempo que su padre, pero éste, paulatinamente afloja
la presión y cuando se repone habla con lentitud para expresarle el amor por él
y los otros hijos. Le recomienda el cuidado de la madre y gestiones de negocios
que quedan pendientes. Sobre todo, reitera la recomendación para que
inmediatamente fallezca arroje su cuerpo al
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mar considerando que es mejor ahora para que alcance más
pronto la playa más cercana. El que ahora le insiste en que lo arroje a las
aguas, enfermo, sin fuerzas, es el mismo padre riguroso que lo había venido
cincelando como a una roca, a punta de golpes, para enseñarle sobre las cosas
legales, serias y honestas.
El viejo queda como dormido y él espera que despierte para
que le siga hablando con el mismo cariño, pero pasan las horas y así se queda.
La muerte, la que no conoce ni sabe cuándo llega ni por qué llega, ya se había
ido lejos, bien lejos. Deduce que la muerte solo la conoce el que es víctima de
ella.
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EL PORTENTOSO YOGURT
DE PÍO
El poblado de Sierra en Flor se hizo famoso en el concierto
nacional, como afirmaría cualquier periodista de los que en él residen, cuando
Gula, el insaciable y además gran campeón tejedor de tramoyas políticas, cayó
en el abismo de La Picota con varios de sus seguidores y su principal alumno,
llamado Turco Malo, se "perdió" junto con los mismos policías que le
guardaban la espalda. Fue una arana aceptada por las mismas autoridades que lo
investigaban y "perseguían" ofreciendo crecidas sumas de dinero para
el idiota que se atreviera a denunciarlo, dinero que sin discusiones se
convertiría en balas de pistolas. Esa fue una tácita estrategia que demostraba
que el alumno egresó con mejores notas que el profesor.
Este escándalo, que como un alud se precipitó en el caserío
y se regó por la comarca y pocos días después sobre todo el territorio, sirvió
para base referencial de todos los periodistas del país y del mundo al escribir
sobre el mismo o sobre otros acontecimientos. "¡Atención, última hora!
A semejanza de los escándalos de la parapolítica de Sierra
en Flor, hace pocos momentos la policía detuvo al Senador Juan de los Palotes,
por constreñir en las pasadas elecciones a los electores mediante la amenaza de
muerte para que votaran por su nombre". Esa o
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parecidas noticias pasaron a ser el modelo de los
noticiarios escritos, radiales y televisivos de complacencia, el país de los aguantadores de todos los abusos.
Entre el nacimiento de Pío y el escándalo de Gula y la fuga
de Turco Malo, corrieron unos ochenta años. Sierra en Flor, haciéndole honor a
su nombre, se había mantenido a un lado de la sierra permanentemente florecida,
con sus habitantes pacíficos, más bien en catalepsia, a los que solamente les
interesaba saber quién de los ganaderos brindaría, porque entonces no era un
lucrativo negocio, el mejor encierro durante loa hitas del "cabecita de
oro", el santo patrono desde que se inició como aldea, bajo la amenaza de
los trabucos, las lanzas y las espadas de un teniente español con ínfulas de
alcanzar el generalato y cargar bultos de latas y laticas de colores como
preciosas preseas por su noble y valerosa lucha a favor de los reyes católicos,
cuando lo cierto es que fue un pedófilo incorregible que abusaba de los niños
de raza negra, pero que obtuvo la gracia de reunir a los prófugos españoles, a
los criminales españoles, a los españoles productores de rones llamados después
ñeque, chirrinche, llama azul, y otros epítetos, en un sitio árido en donde el
agua era más importante que una mina de oro.
Pio, como califican ahora a los que siempre llamamos idiotas
o mongólicos, fue un limitado mental que entendía muy poco de lo que se le hablaba.
Prefería esconderse entre los rastrojos
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de su barrio, Las Majaguas, para no enfrentar a los demás.
Tal vez en su limitado entendimiento pensaba que cuando se le dirigía la
palabra se le insultaba, se le increpaba, se le recriminaba o burlaban de su
condición. Prefería entonces la soledad y el silencio. Buscaba refugio entre
los tupidos hierbajos y pese a todo, colegía que, sin ruidos, podía observar a
los demás sin que lo molestaran.
Pío fue entonces testigo mudo, inadvertido, del acontecer de
la zona, en la que se construyó un pozo de proporciones gigantes si le
comparaba con otros de la aldea en los que los sierraflorenses se abastecían de
agua para atender sus requerimientos personales y familiares. Desde los tupidos
rastrojos, aun cuando su mente no pudiera hilvanar criterios de lo bueno o lo
malo de lo que veía, Pío miraba en silencio. Tal vez jamás comprendió a los
otros muchachos que corrían para atajar una burra y luego unirse a ella por el
anca. Ni a La Palomita, un homosexual, bajarse los pantalones, doblar el
espinazo y recibir los ataques de los muchachos o de hombres en forma similar a
las burras.
Ni el por qué la hija de Isidoro se alzaba las faldas,
bajaba con precipitud una prenda más y recibía a Tulio que se metía entre sus
piernas mientras ella suspiraba o gemía ante sus ataques. Todo lo veía, no
obstante, a no entender nada. El deambular de Pío en los alrededores del pozo
fue, poco a poco y en la medida en que pasaban los años, convirtiéndose en uno
más de los
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adornos del lugar, como los árboles, los aguateros con sus tanques
y sus carretas, los animales, etc. Hasta los niños se olvidaron de él y no
volvieron a burlarse de su falta de entendimiento. Y comenzaron a caerle los
años encima y le salieron el bigote y las barbas. Ni siquiera los mosquitos le
picaban la sucia piel del cuerpo.
Pero Pío había dado a las aguas del pozo del barrio Las
Majaguas una condición especial, por no calificarla de extraña o de
extraordinaria. A los trece años observó a un muchacho mayor que él fritándose
el "rabo" de entre las piernas con tal entusiasmo, que cuando
brotaron incontenibles varios chorros de un líquido acuoso, le cambiaron la
posición de los ojos, el cuerpo sudoroso se estremecía y otros aspectos. En la densidad
de sus propios humos mentales, Pío decidió imitarlo. Un mínimo de seis veces
diarias dejaba caer sobre las aguas su portentoso yogurt, que con el paso de
los años convirtió en diáfanas y por ello mereció el premio de una estatua como
aguatero cuando jamás de los jamases cargó un tanque con agua ni para bañarse.
¡Loor a la inteligencia!
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SUEÑOS SIN FUTURO
Todos dicen que el futuro es mañana, pero para mí fue ayer.
No crean que estoy loco o que voy rumbo a la locura. Nada de eso enmarca mis
deducciones, que rompen los cercos de lo que todos llaman Razón.
Una de esas pueriles canciones populares señala que no hay
un hoy sin mañana ni un mañana sin ayer. En mi caso, agrego que no existe un
hoy sin un ayer. Hasta que miré con claridad y sin engaños, que el tiempo no
existe. En alguna parte escribí, tal vez como preludio de lo que se me venía
encima, que si Dios, como autor, como creador del universo, se pusiera a contar
los días de su vida cuando las tinieblas eran el todo, pasaría más tiempo
contabilizando centurias que en otros menesteres, pese a que si se miran las
cosas sin apasionamientos, Él se ha desentendido de lo que hizo y nos dejó, con
el pretexto del libre albedrío, sometidos a los caprichos de los más poderosos.
En cierta ocasión concluí también que solamente para quien
muere no hay mañana. Usted va por allí con su hoy, pensando en las cosas
pasadas, es decir, en el ayer, y de pronto se le viene una tractomula encima y
lo deja aplastado sobre el pavimento de la calle o la carretera, o, lo que
parece traído de los cabellos, pero no imposible, se sale de su nicho la caja
fuerte de una compañía del piso veinte de la edificación por cuyo frente pasa y
se precipita al vacío y no
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queda de usted ni el rastro de la sangre en el piso. O va
moliendo pensamientos de lo que hará o, como todos lo hacemos sin ser locos,
distribuyendo el premio mayor de la lotería que acaba de comprar y que siente
habrá de ganarse en el sorteo de la noche. Ni qué decir de los lotos, que los
empresarios engordan cada fin de año y usted hace presupuestos y distribuciones
de los miles de millones que habrá de recibir y maldiciendo al Estado
alcabalero en el que vive por el excesivo descuento inicial y la carga impositiva
tributaria, que esa sí de verdad se la gana, y de pronto una nueve milímetros, la
preferida por los asesinos a los que llaman sicarios, le corta en un mismo instante
los presupuestos, los repartos, las compras, los depósitos bancarios y la vida.
Queda sin saber por qué, sin mañana. Y si no tiene mañana, es verdad de
Perogrullo que no tiene futuro.
Al finalizar astas y otras cosas del mismo jaez, me propuse
vivir no el hoy, sino el instante. Por eso no preocupa el ayer, así tenga que repetirlo,
ni el hoy porque no sé cuándo se acaba ni el mañana, al que quizás no alcance a
ver.
Y comencé a vivir hacia atrás, de espaldas a lo que todos
llaman futuro. Es posible que las imaginaciones de tres amigos me hayan
enredado en esto del ayer, del hoy y del mañana. Al uno, corozalero por cierto,
que le decían "calzón sin gente" porque su configuración anatómica no
llenaba ninguna talla de
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pantalón, ni siquiera para niños, y los luises de Sincé,
Luis Manuel y Luis Eduardo, que se mantienen en elucubraciones. Proyectos y
proyectos y más proyectos, en sus mentes el futuro sería la cosa más formidable
para el ser humano. Pero todo se queda en eso, en proyectos. Maravillosos pero
irrealizables. Posibles, pero sin aceptación entre los que antes que invertir
en imposibles prefieren meter las manos en las arcas y trasladar de ellas a sus
bolsillos lo que puedan. Eso cuando les entienden. Si el gobernante es de esos
que ignora hasta su nombre, disimuladamente les asigna una oscura oficina, lo
más lejos del despacho del gobernante, para que hagan sumas, restas,
multiplicaciones, raíces cuadradas, etc. etc. que nunca verán la luz pública.
La tierra en que nací se precia de haber adelantado los más
grandes proyectos de recuperación del río. Todos los proyectos indican y
aconsejan el dragado para usarlo como vía para el transporte desde y hacia los
puertos marítimos, pero como ninguno de los dirigentes posee una draga, las
recomendaciones se engavetan. En la tierra en que vivo se estudia el suministro
permanente de agua potable, por tratarse de tierras áridas y lejanas de los
cauces naturales. Cientos de miles de millones se han destinado al estudio,
pero no hay construcciones. Contrario a lo acontecido en el pueblo donde nació
mi esposa, en el que se construyó la infraestructura y la estructura de un
acueducto y cuando todo estaba listo, iniciaron
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los estudios para saber de dónde se abastecerían del
líquido. Fueron más ilusos que el resto de los mortales, pero la necesidad de
acabar con los recursos financieros rompe los lineamientos del buen pensar y
del hacer.
Este es un país muy curioso. Se juega con las palabras para
engañar. El chiquito más grande nacido en el país llegó a la presidencia de la
república y comenzó a ejecutar la reforma agraria en las feraces tierras donde
mis ojos vieron la luz primera. Los terratenientes y ganaderos, hombres y
mujeres a los que el hombre como especie debe el progreso y desarrollo del
mundo y de la historia, tal vez por su generosidad, por sus inteligencias y
conocimientos, por su amor por el ganado al que colocan en altares en reemplazo
del Supremo Creador del Universo, pusieron el grito más allá de donde dicen que
vive Dios por la confiscación de sus tierras. Y los campesinos felices porque
al fin se cumplía la sentencia comunista de que "la tierra es para el que
la Trabaja" y ellos lo estaban haciendo.
Pero los campesinos recibieron la tierra y nada más. Al paso
de los días, los terratenientes y ganaderos se hicieron los de rogar para
readquirir las tierras, a las que el chiquito más grande había enriquecido con
sistemas de regadíos, canales de irrigación, y todo lo necesario para
revalorizarlas a costa del gobierno. Fue, disimuladamente, un regalo del
chiquito, a quienes los terratenientes y
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ganaderos terminaron exaltándolo como el mejor y más
progresista defensor del agro nacional.
No tuve y no tengo, en mi presente y mi futuro — recuerden
que no tengo mañana — ni siquiera un terrón con el que jugar. Manolito, el hijo
del señor Pérez con la vieja Lucinda, jugaba con terrones que desaparecían de
un momento a otro. Se tragaba la tierra. Cuando al viejo le comunicaron que el
muchacho tenía el vicio de comer tierra, se quedó mirándolo y le espetó delante
de los que en el momento estaban: Cómete mijo toda la tierra que puedas, pero
después no me preguntes dónde te vas a parar.
Más filósofo que los filósofos, el viejo Pérez le quitó a su
hijo el vicio solamente señalándole que, si seguía comiéndosela, llegaría el
día en que no encontraría dónde estarse parado. Pero el futuro del muchacho ya
estaba marcado. De tierra eres y en tierra te convertirás, dicen los
religiosos, y Manolito no hizo más que comenzar bien temprano a compenetrarse
con la que tarde o temprano lo abrazaría por siempre jamás.
Y es esa una segunda razón para no creer en el mañana ni
esperar el futuro. Si como dicen las religiones, hay una segunda vida, a la que
los predicadores llaman con la boca llena de entusiasmo "vida eterna",
no hay entonces por qué preocuparse del mañana de una etapa corta, dolorosa,
plena de sinsabores, en la que muchos le piden al Creador que se las mejore y a
la que llamamos "la vida". Nadie ha vuelto de la "vida"
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eterna, nadie conoce el cielo para darnos explicaciones, ni
las invenciones de sacerdotes que por ser fieles discípulos de Onán, crearon en
noches calenturientas y presentaron en concilios, cosas como el infierno, el
cielo, el purgatorio, el limbo y otras vacuidades.
El único del que aseguran murió, bajó al infierno, volvió a
la vida y se fue al cielo, Jesús de Nazaret, no le dijo ni a los apóstoles, sus
compañeros de misión, nada en referencia con esos temas. Los onanistas de todas
las religiones pusieron en su boca cosas de las que quizás no tenía la más
pequeña noción.
¿Y para qué se espera el mañana? Para nada. La muerte es
inatajable. Todo nace, crece, en algunos casos se multiplica, declina y muere.
Es la muerte el único futuro que tenemos. Pero el ser humano insiste en
ignorarla y llega a temerle. El símil adecuado es el del hombre que se está
muriendo de hambre, pero sale en veloz fuga cuando le ponen las viandas al
alcance de la mano. Temerle a la muerte es temerse así mismo, porque todos, en
el conjunto, no somos otra cosa que seres muertos, que se dirigen a la fuerza a
la "vida eterna" Vivimos, es un decir que en la tierra se vive, para
morir. Y si nacimos para morir ¿por qué tenerle miedo a la muerte? ¿Para qué
huirle a la fuente de agua si a ella debemos regresar para satisfacer la sed?
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LA INMORTALIDAD
A lo largo de la historia, la contada y la ignorada, se ha
dicho de mí todo lo que la mente de mis congéneres humanos ha creído es la
verdad. Por eso chocan entre sí las versiones. Las que me favorecen y las que
me envilecen, pero la verdad, la realidad, permanece desde el primer momento a
la vista de todos, sin que ninguno la haya visto en su verdadera dimensión.
El hombre, como especie, luego de recibir el soplo divino
que le otorgó el libre albedrío, no supo qué hacer con él. Divaga según sus
conveniencias. Acomoda a sus necesidades la verdad y la mentira, la realidad y
la fantasía. El libre albedrío, y ni siquiera de eso se dio cuenta, no es más
que el principal elemento para su propia destrucción. No la colectiva, que
sería lo ideal para volver a crearlo y adaptarlo a la realidad que ahora se
niega a ver, sino la individual, que lo destruye poco a poco como un cáncer
oculto que aflora cuando menos se le espera y no da tiempo de buscar ni
encontrar la cura. Y esa individualidad, so pretexto de libre albedrío, lo
frena en el camino hacia la vida eterna, y lo que es peor, a crear condiciones
peligrosas para toda la especie y todas las especies, aquellas otras que no
necesitan al hombre para nada.
En el momento en que para mí desgracia fui separado de mi
especie para residir al lado de los inmortales, preparaba un movimiento de
protesta contra quien creó al ser humano. Sin
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negar sus atributos ni poderes, y más bien por ellos, me
proponía señalarle, uno por uno, los errores de su obra. Porque si hay algo que
reúna tantas deficiencias, tantas fallas, tantas carencias, ese es el hombre.
El principal de esos errores, de esas deficiencias, es el cerebro. Allí se
acumulan todos los conocimientos, todas las experiencias, todos los logros,
todos los fracasos. Pero no hay manera de que las fallas sean sentidas a un
mismo tiempo por todos los miembros de la especie, como para garantizar que no
se volverá a incurrir en ellas. Por el contrario, lo que el uno califica como
error, el otro pretende sentarlo como acierto. Y el hombre mismo discute
infructuosamente sus aciertos y errores, sus triunfos y fracasos. Divide y
reinarás es la frase apropiada para tratar de entender la Creación, y el hombre
se ha dividido tanto, que no podría, en la hora de ahora, ni siquiera entrar en
el propósito de entenderse.
Muchos piensan que, si se hubiera creado una mente
colectiva, no habría razón de que la especie humana creciera y se multiplicara.
Para pensar lo mismo del que está a mi lado, mejor es no pensar, y bastarían
unos pocos, muy pocos, para vivir y ser un modelo de la Creación. En estos
tiempos de evolución de la especie y de asimilación de experiencias y
conocimientos, seríamos como unos robots, una especie de máquinas, pero el hombre
ignora que no es más que una partícula infinitesimal, menor que el
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átomo, de una máquina inimaginable cuyo principio y fin no
será visto jamás.
Los inmortales, que me confían sus cuitas en los momentos de
retozo, complacidos de sus poderosas formas de cumplir con la condición innata
de humanos y dioses, me aseguran que lo peor que le puede pasar al hombre, y
por ello se le arrojó del sitio que se le había destinado para vivir, es
alcanzar la vida eterna. Si en un descuido, en un exceso de confianza, se le
dejó sin vigilancia, se apoderó del fruto del árbol del bien y del mal, que es
al mismo tiempo el del conocimiento, se corría el riesgo de que también lo
hiciera con el fruto de la vida eterna. Lo más tedioso es vivir eternamente,
porque ello ata a la ociosidad, a la apatía, a la indiferencia. Si voy a vivir
siempre no tengo por qué acondicionar mi entorno, ni tratar de entender a mi
prójimo, ni asimilar enseñanzas, ni acopiar conocimientos, ni ejercer la
sabiduría. Abrir un campo a la espiritualidad, es uno de los propósitos del
hombre de estos tiempos, cansado de buscar la verdad por otros lados. Los más
apreciables e importantes sectores religiosos, respaldan esos propósitos,
porque ante la falta de espiritualidad es necesario trabajar por su desarrollo.
Pero cuando está por llegar a la meta, cuando se propone a tomar las manijas de
las puertas para abrirlas, los intereses materiales se espantan y corren a
cerrar los candados, a colocar nuevas trancas. Es, a semejanza de las
actividades del hombre, que como sobrevivientes
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de la semana, aman, ríen, pasean, se emborrachan y, en fin,
degustan la satisfacción material del mundo, pero en la noche del domingo
comienzan a sentir de nuevo los temores. Volver a otros siete días de
tormentosos pensamientos, de aterradoras perspectivas, de eventualidades
peligrosas, que tratan de esconder en desarrollo del trabajo, de tareas que
dilaten los momentos de pensar.
En una ya bastante lejana ocasión, me miré ante un espejo y
me extrañé que, pese al paso de las centurias, de los milenios, mientras el
hombre se destruía a sí mismo y volvía, como el ave Fénix a surgir y resurgir
de las cenizas del fuego que había creado para eliminarse, yo continuaba con el
mismo porte varonil, con el mismo esplendor de una belleza envidiada por las
mujeres de todos los tiempos, pero que indudablemente, sin discusiones, ya no
era joven. De alguna manera, mi condición de hombre, de ser humano, sólo había
permitido que se le frenaran los atributos exteriores a mi cuerpo. Era el deseo
de los Inmortales que no el mío. Me cansé de vivir eternamente, como los
inmortales estaba hastiado de ser el mismo por siempre jamás. ¡Qué aburrido es
vivir para siempre! Por eso puedo asegurar que la juventud ya no llega a mí ni
por contagio. Los inmortales no nos contagiamos de nada, porque para mí
desgracia, como humano, no nací para vivir eternamente. Me acondicionaron como
a una máquina, solamente para que por siempre jamás me mantenga a la mano del
que todo lo puede en este lugar, que, no obstante, a sabiendas
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de que soy hombre, me habilitó como a una mujer. Si los
humanos supieran que sus debilidades, sus yerros, sus pecados, son situaciones
comunes a los inmortales, rogarían por no encontrar la fuente de la eterna
juventud, que a la larga es la inmortalidad. Para ellos no hay ni razón ni
tiempo de arrepentirse, porque jamás serán enjuiciados por sus debilidades.
En un principio fui
de uso exclusivo del principal de los dioses, pero ya no me acuerdo en qué
momento de la eternidad me prestó a los otros dioses, a los otros inmortales.
Creo que fue desde ese momento en que como consecuencia de regarse por mi
cuerpo la simiente de los dioses, en las frecuentes y en veces inacabables
bacanales, que adquirí la condición de inmortal, que no de dios. Ese privilegio
es de unos pocos y mi tentativa de protesta por los errores cometidos en la
conformación del hombre, impidieron alcanzar el otro grado, porque los que
tienen el poder, incluyendo a los humanos y a las bestias, no permiten que se
les hagan críticas ni mucho menos que se intente restarles poder. Es mi
desgracia, es mi condena, pasar de humano perecedero a aborto de la naturaleza
de ser humano e inmortal. Sí, soy Ganímedes, más hermoso que el dios Zeus, en
quien se reunieron los atributos de Apolo y de Venus, que les aconseja: No
busquen la vida eterna, porque ella no sirve para nada.
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SEGUNDA PARTE
Jorge Enrique
67-68
COMENTARIO
En otro trabajo me preguntaba cuándo comprendíamos que
empezamos a envejecer. Ahora me pregunto ¿Qué sentimos en ese momento que
comprendemos que estamos viejos?
Yo percibí algunas señales que me decían que ya era una
persona adulta. En una ocasión iba con una chica con la cual conviví algún
tiempo y un chico dijo: ¡Qué preciosa, suegro me la cuida! Eso me molestó, realmente
me ardió y hasta ahora comprendo el porqué de esa reacción. Tenía yo treinta y
seis años.
Tiempo después jugaba buchácaras con un amigo, quien también
era mi alumno, y un amigo de él. Y le había ganado a mi alumno tres juegos por
uno, luego le gané a su compañero tres por cero. De modo que malhumorado
arrebató el taco al compañero y exclamó: 'Trae acá ese taco, este viejo pendejo
y medio ciego no nos va a "perratear". Tenía entonces cincuenta años.
Siempre tuve la perspicacia para establecer con bastante
acierto la edad de una persona, pero llegó un momento en que no podía hacerlo, sobre
todo con los adultos cercanos a mi edad. Pero cuando solicitaban mis servicios,
en mi trabajo, me decían: "Tío, esto - Tío, lo otro". Todo eso poco a
poco me fue inculcando la idea de que estaba viejo. Además, estaban mis nietos
que a cada instante me soltaban frases como estas: "Abuelo, alguna vez
tú..."
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o "Abuelo, cuando tú eras..."
Con el permiso de los sociólogos, me aventuro a opinar lo
siguiente: en el recorrido que se hace desde el momento en que se impresiona a
una persona hasta el momento en que se acuesta en la cama, el punto más
culminante, a excepción del clímax, es desvestir a la pareja. Por eso digo que
vestir bien es un acto sexual. Cuando nos "empaquetamos" bien, solo
alistamos la nasa para ir de pesca.
Pero cuando ya nos sentimos viejos, pasamos por alto muchos
detalles que antes era imperdonable olvidarlos. Por ejemplo, recuerdo uno en
especial: ir en un bus con una bolsa de pan o de frutas en la mano, era como
llevar un letrero que dijera "¡Ojo, es casado!" y otros detalles como
estos que desencadenaban tremendo alboroto y disgustos: el filo del pantalón no
estaba bien marcado o, preciso, le faltaba un botón a la única camisa que
pegaba con el pantalón elegido. Hay muchísimos más, pero prefiero que usted,
amigo lector, le agregue unos cuantos.
En fin, el tiempo me
fue pasando y un día llegué a una oficina para saber si me había salido un
auxilio para la tercera edad. La cola era larguísima, no menos de 800 viejitos.
Bueno, y uno más que era yo.
Esos son los momentos y circunstancias en que uno comprende
muchas cosas, buenas y malas, de la vida. En un primer momento me sentí
incómodo en esa fila y hasta me dio pena que alguien conocido me viera. Pero
mis recientes
70
achaques y mi calvita me convencieron de que no estaba en el
momento ni en el lugar equivocado. Recuperado de ese primer impacto, me puse a
analizar la situación.
En otras ventanillas, para otras gestiones, habían
dispuestas ciento cuarenta sillas y siete personas nada más esperando turno.
También había cuatro sillas más aparte, de cuatro puestos cada una. Me dirigí a
una niña de las que atienden y le pregunté si podíamos utilizar esas cuatro
porque éramos como doscientos viejitos de pie y dijo que ella no tenía
autoridad, que hablara con el policía. Fui donde el oficial y me dijo que eso
ya estaba dispuesto así. Bueno, sin comentario. Así que me dispuse mejor a
sacarle provecho al momento y ahí sí que se pone la cosa interesante. Por
ejemplo, los que estaban de pie, de momento, desesperaban por lo lento como se
movía la fila. Los que estaban a diez turnos de la ventanilla reían y
comentaban cuándo se verían otra vez y algunos dónde se encontrarían. Frente a
la ventanilla única de atención había tres filas de sillas por las cuales nos
íbamos desplazando de silla en silla. Una anciana comentó: "cuando lleguemos
allá tendremos el fundillo raído".
Como nos movíamos serpenteando por las sillas, pude escuchar
muchas conversaciones. Unos hablaban de sus achaques y de cuántas operaciones
llevaban ya, otros enfrascados en asuntos políticos, aquel de cómo le iba de
bien a los hijos en sus trabajos o a los nietos en los
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estudios, aquella de que la hija se dejó hacer varios hijos
de ese bueno para nada, y ahora a ella le toca ayudarla en todo. Fue en ese
momento que la chica que nos ayudaba a acomodar tocó el hombro al primero de la
fila y le dijo:
- Señor, su turno.
- Ah ¿ya llegó el bus? ¡Próxima, déjeme aquí!
Entre los que ya estaban llegando, había uno muy contento y
explicaba que él siempre se mantenía así, de buen humor y contento, joven. Se
paró y camino a la ventanilla hizo wivin y lanzó varios puños al aire. Los
demás lo miraban asombrados, sonreían y bajaban la cabeza ante tanta
demostración de energía. Al momento regresó el señor echando peste porque aún
no le había salido nada.
Una señora que comentaba lo urgida que estaba, tuvo que
aplazar el turno porque le dieron ganas de orinar. Un señor le preguntaba al
compañero:
- ¿Esa corredera no tiene dientes?
- No, hoy traje la chapa.
- ¡Que te subas el cierre del pantalón, carajo!
Otra señora muy
delgadita y que se movía muy ágilmente, tenía la corredera de la falda abierta
y se veían los dos nudos con que había amarrado el elástico de la pantaleta.
Una señora le decía a otra mirando hacia el piso:
-a ti se te fue la regla hace como treinta años y no te han
pagado todavía para decir que te dieron una puñalada ¿Entonces, de dónde te
sale tanta
72
sangre por el pie?
- ¡Carajo, se me reventó otra várice!
Un anciano muy avanzado salió de la ventanilla muy contento
porque le confirmaron que podía ir a cobrar. Parecía exorcizado por un pastor
cristiano.
Otro le decía al compañero: "agarra bien esa bolsa,
cuidado se te derrama aquí ese poco de miao".
La fila no avanzaba porque un señor se quedó dormido. Allá
atrás grito otro: "¡Ey, despierta, para eso se ponen a jactar tanta agua
panela por la noche!"
Ya muy seriamente comentaré esto: en esas condiciones ya eso
no es un auxilio para los viejitos o personas de la tercera edad, eso es una
cruel tortura y a veces una vergonzosa burla. Conseguir los pasajes no es tan
fácil, subir y bajar del bus y la estadía de pie en la cola es un sacrificio.
Eso de pararse de una silla para sentarse en otra, aunque no lo crean, es todo
un ejercicio y muchas de esas personas no pueden hacerlo y les causa muchos
dolores después. Y una burla porque, después de todo lo anterior, le dicen
durante tres o cuatro meses que no hay nada.
Eso es frustrante y
causa honda tristeza. El 99% de esas personas estamos enfermos y hace mucho que
no producimos, o por lo menos no lo suficiente. Esa es una oportunidad que
esperamos con mucha ansiedad.
Siempre nos vamos a sentir incómodos cuando
73
un hijo o un familiar nos regalan algunos billetes. Aunque
entendemos que no es una limosna y que nos lo dan con cariño, siempre nos
dejará un sabor amargo, porque entre otras cosas, nos recuerda nuestra frustración.
En cambio, lo otro es diferente, no es porque sea dinero de papá gobierno, es
porque, aunque sea en muy pequeña proporción, sentimos que eso nos corresponde
por muy humilde que hayamos sido. El hecho de llegar a viejo ya es un aporte a
nuestra sociedad, también lo son los hijos que aportamos y que ahora trabajan,
ayudando al desarrollo de la ciudad.
¿Quién quita que ese magnate de nuestra ciudad lo es porque
cuando niño, un reciclador recogió a tiempo de la esquina de su barrio, la
basura donde se estaba criando la mosca que le causaría una enfermedad mortal?
Ahora bien ¿Se puede corregir eso? Claro que sí, si ellos
quisieran. Ese listado que la señorita consulta en el computador cuando nos
pide la cédula, bien puede imprimirla y sacarle copias y enviarla a los medios
de comunicación, estoy seguro de que ninguno de esos medios cobraría un peso a
la alcaldía.
A esos funcionarios quiero recordarles que es muy cierto eso
de que "plátano maduro no vuelve a verde" pero también es verdad que,
si a ellos les va bien, ahorita empiezan a ponerse amarillos.
Quizás hoy amanecí
trágico. No es que ser viejo sea una desgracia, pero son más los sinsabores que
las alegrías que nos depara la vida. Por
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ejemplo, a medida que pasan los días vemos que inexorablemente
nos acercamos a un rincón del "cuarto de San Alejo", o sea, nos vamos
quedando solos. Cuando estamos en una reunión con personas jóvenes vemos cómo
se apartan de nuestro lado, pues parece que nuestra conversación les aburre y
si logramos captar su atención, entonces resultamos ser tercos o con conceptos
arcaicos.
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COSAS DE RESTAURANTES
Durante muchos años estuve comiendo en diferentes
restaurantes de la ciudad, desde los más humildes hasta los más encopetados de
mi época dorada.
Me dicen que comer con los palillos chinos es un arte que
hay que dominar, para disfrutar esa comida. No he tenido la oportunidad, pero
puedo asegurar que comer con una sola mano en los kioscos restaurantes de la
plaza de San Nicolás o a la orilla del Caño de la Ahuyama en Barranquilla, sí
es todo un arte y acrobacia. Con la misma mano se debe sostener una cucharada
de sopa, una tajada de plátano, un pedazo de carne o una posta de pescado y una
tira de cucayo o pegao. ¿Por qué no dejé todo eso en el plato preguntó? Porque
lo necesitaban para servirle a otro cliente. ¿Por qué no usaba la otra mano?,
porque la ocupaba espantando las moscas.
En cambio, en los restaurantes de varias estrellas todo es
tan limpio y tan silencioso que alguna vez sugerí que colocaran una hamaca cerca
de la mesa. Casi nunca hay protesta y lo más común es que alguien con el
entrecejo fruncido diga: piss, hay mucho pollo, quiten la mitad y dórenlo más.
Pero en mi estrato uno, cómo es de amena la ocasión, se escuchan gritos por
allá, por acullá y más allá:
- ¡Ey, sube el volumen del televisor que ya vienen los
deportes!
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- ¡Oye men, te vas a birlar mi guineo!
- ¡Aja y qué pasó! ¿El pollo no se deja agarrar?
- Oye, dile a la cocinera que cambie de carnada porque esa
mojarra no va a picar hoy.
- ¡Mesero, quiubo con el guarapo que estoy atorado!
Con los parroquianos de estos lugares se dan situaciones muy
típicas. Lejos de mi está, intentar siquiera, un análisis sociológico de
cualquier índole al respecto. Pero las canas que asoman en mis sienes me
permiten comentar algunas cosas. Yo vengo de aquella época cuando se pensaba,
parodiando al cómico mexicano: "pobre pero educado", a la época
actual, cuando unas "lucas" en el bolsillo permiten pasar por encima
de preceptos y costumbres. Antes se decía "la mona, aunque se vista de
seda, mona se queda". Pero los tiempos cambian y a veces debemos
"entrar por la velita de cebo".
En una ocasión viajaba en un bus urbano con mi mujer. Se
subió una joven y ella me dijo que le cediera el puesto. Por supuesto, así lo
hice. La Joven se bajó unas cuadras más adelante y se subió otra. Mi mujer
insistió en lo mismo y le dije: ceder el puesto una vez es de caballero,
hacerlo dos veces ya es de pendejo.
Sin embargo, juguemos un momento al sociólogo: un tipo entra
a un establecimiento y consume, por ejemplo, dos cervezas. Paga con un billete
de $50.000. Se le pide que cancele con un billete de menor valor y dice que no
tiene más, que si no
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hay cambio él no tiene la culpa, que ese no es su problema.
¿Qué pasó, qué pretendía el tipo? ¿Cuál era su intención? ¿Usted qué opina?
Situaciones que se dan en estos restaurantes:
La persona que va a almorzar y no tiene ni idea de qué le
provoca. Se le explica el menú existente y pide que le expliquen nuevamente
pues no escuchó por estar preguntando a su vez que desea su amorcito o le
estaba dando un "piquito".
Otra que pide la comida, pero devuelve la sopa porque tiene
grasa, o la carne porque está pasada de sal para él, o la ensalada porque le
pusieron limón o vinagre y el médico le prohibió todo eso. Otra más descubre
que en su plato hay alguna verdura, o grano o pasta que aborrece desde niño.
Uno más que no quiere ir al lavamanos, él prefiere limpiarse
a punta de servilletas. Los que piden servilletas para secar el sudor de su
amorcito.
La pareja enojada a la cual el mesero le dice: a la orden, y
lo miran con ganas de fusilarlo. Después de un largo silencio y cuando ya es el
mesero quien los quiere fusilar, uno de ellos hace su pedido. Cuando el mesero
llega con el servicio el otro dice: "a mí me trae lo mismo".
La pareja cardiaca:
-señor, mi esposo sufre del corazón y el médico le recomendó
una dieta estricta. Por favor, le cuela bien la sopita, la carne que no sea
asada a la plancha sino al carbón, lave bien la verdura y use vinagre
"pepito". Poquito arroz y de la parte de
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arriba porque el del fondo tiene mucho aceite. Por favor no
lo demore porque se le pasa la hora de comida.
-OK. mi señora, ese plato le vale $ 6.000
- ¡Oye, tú qué te has creído, abusivo, ahí dice que la
corriente vale $ 2.000!
El cliente tipo gallina. Este escarba en el plato buscando
lo que no le agrada. Al final hay más comida en el borde del plato y sobre la
mesa que en su estómago.
El cliente aseado. Se come todo y no deja rastro ni de
grasa, tanto así, que se puede economizar jabón.
El cliente cochinito, que utiliza el piso como lugar
favorito para tirar los huesos o espinas del pescado.
Los nuevos padres pechichones con su nene, que desbaratan la
mesa y derraman todo para darle un poquito al pequeñín, que no se queda quieto
tumbando sillas y rodando mesas porque es muy "intenso". Si,
intensamente H.P (Hijo Preferido)
El cliente hambriento, siempre está preguntándole al
compañero si no va a comer tal cosa.
Los expertos en manualidades. El joven que se divierte
partiendo los palillos o la joven que se acuerda de sus clases de bordado y
clava los palillos entre los hilos del mantel arruinándolo.
Los papás que permiten que su niño se distraiga derramando
el salero, regando los palillos y botando el picante.
La recién embarazada, a quien el olor de las comidas le dan
ganas de vomitar.
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El paisa: ¿Ave María papá, otra vez yuquita? ¡Cambiámela por
una arepita sin sal!
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COSAS DE ESTADEROS
Si en un restaurante se dan cosas tan vergonzosas con actos
de prepotencia, de ignorancia, de intolerancia que muestran dolorosamente cómo
se ha resquebrajado la cultura de un pueblo, entonces puede imaginarse lo que
puede suceder en un estadero al fragor de la música y de las copas.
Y como toda regla tiene su excepción aquí también se cumple,
y se cumple fielmente también aquello que dice: "Caras vemos corazones no
sabemos".
Aquella persona que, por su vestimenta, por sus facciones
causan la desconfianza del mesero que le atiende con cierto resquemor, lo
sorprende al final con un fuerte apretón de mano y un "gracias" que
lo dejan viendo un chispero. En cambio, algunos que llegan con mucha elegancia
y porte distinguido, esos a los que el mesero corre a ofrecerle y separarle la
silla y para los que el servicio es pronto, al final, quien lo creyera, pelan
el cobre y de qué manera.
Situaciones:
El muelero o canalero (de canal) es un personaje muy
curioso; él no llega, a él siempre lo llevan o más bien se pega o
"coincidencialmente" pasaba por ahí. En el grupo es fácil
reconocerlo, es el que habla más alto y el que primero termina la cerveza o
apura su trago. Siempre está chocando la mano o abrazando a quién pagará la
cuenta. Festeja todo comentario que éste haga.
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Es el que se encarga de pedir el servicio. Algunos muy
descarados hasta invitan a un amigo a la mesa. Cuando el amigo cancela la
cuenta está pendiente del vuelto el cual reclama a menudo para quedárselo, así
que jamás se espera propina de él. Si ha consumido suficiente licor y ya están
próximos a cancelar, cae en el más profundo sueño y solo despierta cuando han
cancelado todo, entonces camina muy recto y hasta ayuda a los más ebrios.
El llevao: este es una persona normal y a diferencia del
muelero no se hace invitar, se ve forzado a aceptar la invitación. Ya en la
mesa nunca pide nada y si están tomando cerveza se demora más de lo normal o
pasa una ronda. Si en la mesa piden algo de comer no acepta participar o come
muy poco. Bueno, eso parece no tener nada de particular, pero para el mesero,
que gana comisión por ventas, es todo un fastidio. También habla poco y escucha
con paciencia a su contertulio.
Cuando hay que cancelar la cuenta el nerviosismo se apodera
de él y agacha la cabeza, entra en un mutismo total o se va al baño a echar la
orinada más larga del mundo.
El conejero. Este típico personaje se cree muy listo y
aunque a veces se sale con la suya, son muchas las tonterías que hace. Se para
de la mesa con la botella en la mano y ya con el último trago, va a saludar a
alguien en otra mesa y ahí la deja.
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Deja el envase en alguna mesa desocupada. Va a orinar y deja
la botella en el baño. Esconde el envase en alguna potera, detrás de una
columna o apoyada en la pata trasera de la silla.
Algunos están pendientes del mesero y cuando este se distrae
atendiendo una cuenta o buscando un servicio, "arranca".
Otros consumen tres cervezas, cancelan dos y se quedan con
la otra por la mitad, luego piden más servicio y cuando llevan tres o cuatro,
vuelven a cancelar y alegan que dos son del pedido que ya canceló.
Los pechichones: hay uno que en cada pedido insiste que la
cerveza esté más fría que la anterior.
El otro que cada vez que pide una cerveza pide un disco y si
no lo complacen con su música predilecta, entonces dice que el estadero no se
llena porque el disc jockey no sabe de buena música.
Uno más que pretende que el mesero se siente a escucharle su
perorata.
Otro más que quiere mostrar a los presentes que es muy amigo
y cliente favorito del local, abrazando continuamente al administrador o al
mesero.
Los caletosos. La mujer que encaleta dos o tres envases en
su cartera antes de pedir la cuenta. La que camufla la botella de ron en su
cartera y en cada descuido del mesero se sirven un trago por debajo de la mesa.
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Cuando hay requisas en la entrada, la mujer mete la
"panchita" entre las piernas. Camina muy despacio simulando una
conversación con alguien o una llamada por celular.
Hay otros personajes que tienen sus peculiaridades: Como uno
que llega solo, pide una cerveza que apura hasta la mitad. De ahí en adelante
se demora tanto que no hay necesidad de secar la mesa pues el agua que destila
la botella se evapora porque siempre tiene el mismo nivel.
El cliente que pide que le oculten el envase porque alguien
lo puede ver y suponer que está ahí tomando.
El novio nuevo que acompaña a su pareja hasta la puerta del
baño y mira a todos lados con cara de trueno para ver si alguien está mirando.
Aquel otro que se le olvida que aún está en el estadero y no
en el cuarto de la residencia. Otro más que "raquetea" la cartera de
su pareja cuando ésta va al baño.
El que coloca el celular frente al bafle para que su
amorcito escuche el disco que le da por la torre. La dama cornuda que a cada
sorbo de cerveza corre media cuadra para contestar el celular. El desconfiado
que durante media hora pretende verificar la cuenta y ni siquiera puede
distinguir las teclas del celular.
La pareja que baila cinco o seis discos por cada sorbo de
cerveza o trago. El tipo que llega en el carro de la empresa y sacando pecho
pide una cerveza. Luego llama al mesero y le entrega un CD que, según él, está
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sonando en los estaderos de "allá arriba". Si no
le ponen todo el CD le dice al mesero que al cliente hay que complacerlo. Que,
si alguien pasa y ve parqueado ahí un carro como el de él, seguro que arrima y
se aumentan las ventas. El tipo se loma tres cervezas mientras contacta a la
chica por teléfono y se va.
El tipo cuyos compañeros lo ayudan a levantarse cada vez que
va al baño, pues el piso a su lado resbala de tantos salivones que esputa. El
que como único método para saber si la cerveza está pasada es regarla a su
alrededor.
Hoy día y por
diversas razones, una de las cuales habrá de deducirse en estos comentarios,
estoy del otro lado de aquel que ocupara en mi época dorada y he tenido la
feliz (?) oportunidad de trabajar en un restaurante y estadero como mesero.
Esto me ha permitido hacerme los siguientes planteamientos: Qué culpa tiene el
mesero si:
- Al momento de usted salir al encuentro de su amor para
pasar una velada chévere, su mujer le dice: "ya vas a salir con la bandida
esa. Te estoy vigilando".
- La mamá dice a la hija: no te pases de las nueve porque si
tu hijo se despierta te lo llevo donde estés.
-Si tienes que madrugar a trabajar.
-Si la chica a pesar de estar bastante mareada no quiere ir
a residencia.
-Si la chica quiere seguir la parranda y tú tienes que
timbrar tarjeta.
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- Si la chica llegó con un acompañante y tú no tienes
suficiente dinero.
- Si la chica de la otra mesa está coqueteándole a su marido.
- Si el DJ no pone el disco que pediste.
- Si la cerveza está pasada.
- Si el trago te parece chimbo.
- Si el pollo o el pescado quedo crudo por dentro.
- Si le falta sal al arroz.
- Si la sopa está muy grasosa o si acuatizó una mosca en
ella.
- Si el hígado está muy frito y a usted le gusta a término
medio.
- Si usted pidió y consumió sin antes consultar el precio y
su bolsillo.
En fin, sin importar de qué dirección proviene su enojo, no
se descargue con el mesero.
Si no tiene queja por el servicio prestado, por lo menos muestre
agradecimiento diciendo "gracias". Pero una moneda es más
gratificante.
Una propina no es un acto de ostentación para quien la da,
ni una humillación para quien la recibe, sencillamente expresa el
agradecimiento por la atención recibida.
Pero qué ruin se ve un tipo de pie cinco o diez minutos
esperando que el mesero logre conseguir monedas y le entregue el peso que le
falta.
O la mujer del tipo que para mostrarle cuánto se preocupa
por él, riega las monedas en la mesa para constatar que no lo están tumbando.
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Estas son algunas de miles de situaciones que se dan en
estos establecimientos y en muchos otros, y en todos los estratos, porque no es
exclusivo de los estratos bajos. Por ejemplo, estos casos:
Una señora hace desenvolver cinco o siete metros de tela de
un rollo que a duras penas puede ladear la dependiente y luego de varios
minutos de revisar, dice que el color o la textura no le gustan.
Qué tal hacer bajar
cinco o diez pares de calzado y encontrarle un defecto a cada uno.
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DE TOUR POR EL
SANTORAL COLOMBIANO
Dicen que Colombia es un país subdesarrollado y yo no
entiendo por qué, si aquí lo que hay es plata. Mire, si usted se para en una
esquina y les dice a los transeúntes: "me das dos millones y mañana te
devuelvo cuatro" se llena en menos de lo que canta un gallo.
Esas pirámides tienen más seguidores que Jesucristo.
Afortunadamente ese señor DMG no nació en la época de Cristo porque ahora no
tendríamos cristianismo sino DMGnismo. Imagínese, ese tipo multiplicando
millones y Jesús apenas panes y bocachicos.
Como le decía, este país lo que tiene es billete. En
Antioquía está un tal Gómez Plata que vive en un Pueblo Rico y cuando se está
quedando “pelao” se va para el Huila, porque allá es donde está La Plata.
Esos tipos que trabajan artesanías como cintillos, pulseras
y esas cosas, que antes se llamaban "hipies" y también algunos
joyeros, cuando necesitan oro se van para el Putumayo y por las calles se ponen
a recoger pedazos de Orito. Ahora, si la persona necesita más oro, entonces se
va para el Meta porque allá es donde está la fuente del billete, pero no se
ponga de idiota a pedir deseos pendejos, aproveche bien la Fuente de Oro.
Si a usted lo domina la avaricia y quiere nadar en oro,
entonces lo invitamos al Cesar para que se
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bañe en el Río de Oro. Pero si tiene temor de que lo
arrastre la corriente y morir ahogado, que sería una bonita manera de morirse,
lo invitamos a nadar en aguas más tranquilas, váyase a Ciénaga de Oro, Córdoba.
Aunque allá tiene que cumplir con algunos requisitos porque últimamente muchas
personas avaras prefieren ahogarse que salir de ahí.
Ahora analicemos la siguiente estadística que demuestra que,
a pesar de todo, Colombia es un país profundamente religioso.
1° -Municipios de Colombia cuyos nombres son de santos y
santas: 109.
2 ° -De estos 109 municipios, 82 empiezan con San, 25 con
Santa y dos con Santo: Santo Tomás (Atlántico) y Santo Domingo (Antioquia).
3° -El departamento con más nombres de santos, varones y
hembras, es Antioquia con 14. Le siguen Bolívar con 11, Boyacá y Santander con 9
y Córdoba, Sucre y Cundinamarca con 5 cada uno.
4° -Los departamentos con menos santos son: Quindío, Arauca,
amazonas y Vaupés con 0. Les siguen: Valle del Cauca, Caldas, Risaralda, La
Guajira, Vichada, Guaviare, Guainía, Casanare y San Andrés con 1.
5°- Chocó es el único departamento que tiene un santo y
medio: San José del Palmar y Medio San Juan.
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6 ° -El departamento con más santos es Antioquia con 12,
Bolívar 8, Santander 7, Boyacá 6, Córdoba, Cundinamarca y Sucre 5.
7 ° -Los departamentos con más santas son: Bolívar, Boyacá y
Magdalena con 3 cada uno. Les siguen Antioquia y Santander con 2 cada uno.
8 ° -El único departamento que tiene un hijo de santo o un santo
chiquito es Meta: San Juanito.
9 ° -Córdoba tiene un santo camuflado: San Pelayo.
10° - Hay dos departamentos que repiten nombres en sus
municipios: Sabanalarga y Sabanagrande en Atlántico y en Antioquia.
A continuación, les presento unos relatos basados en los
nombres de los municipios.
ANTIOQUIA
El señor Gómez Plata
invitó a Don Matías, a Caicedo, y a Briceño a una fiesta en casa de Betulia. Ese señor había comprado el Bagre más grande y más Bello
que jamás hubieran sacado del Rionegro.
Era tan grande que se lo enviaron por transporte Sopetrán.
Allá invitaron a Carolina,
la marquesa de Yolombó. Ella llevó
una Sabanalarga y una Sabana grande para adornar las mesas en
el Jardín de la casa, donde
servirían el pescado y los platos de
Zaragoza que ella llevó.
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El señor Segovia,
el esposo de Belmira, que trabajaban
en la casa, fue a comprar unas botellas de Caldas
y Medellín. Al rato estaban Envigados de tanto tomar ron y
empezaron las necedades de borrachos. Alguien tocó el Montebello a la mujer de Segovia
y éste que no es ningún Sonsón, Titiribítaba de rabia. Con el ánimo Turbo lanzó una botella y le dio en
toda La Unión de los ojos a Barbosa partiéndole una Ceja. Llamaron al doctor Cáceres, el hijo del turco Mutatá, que estudió allá en la Hispánia para que aplicara al herido
unos Remedios, pues parecía que se
había Murindó. Un inspector
interrogó a Segovia y le dijo: no Peque de Nechí y dígame por qué le dio ese Guatapetazo al señor. Él contestó: "Yo Abriaqui esta puerta y por la Angostura
del pasillo vi que tocó el Anorí
a mi mujer y yo no Toledo esas
chanzas ni voy Amaga. Nosotros
estábamos Apartadós por acá y él
empezó con su Fredonia y su
Fredonia.
Bueno, dijo el doctor, como logramos Salgar al herido y prometió no seguir con sus andAnzas, entonces que reine la Concordia. Nosotros nos vamos en Retiro. Gracias, son ustedes muy Amalfi.
ATLANTICO
Isabel López
estaba aburrida de vivir en esa Soledad del
Campo de la Cruz y decidió salir de
paseo y visitar a su prima Candelaria.
Le dijo a su esposo Juan de Acosta:
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-Mijo, vamos a llevarle a mi prima Las Tablas de Malambo
que le prometí para la cama y también dos Galapagos
para que saque crías.
Así fue, cubrieron sus muebles con una Sabanalarga, hicieron sus motetes con otra Sabanagrande y se fueron. En el camino compraron una gallina Ponedera en Cien Pesos y como tenía tanto Piojos,
la metieron en un Saco. Cuando
llegaron todo era alegría, la prima le dijo:
- Ven, te quiero mostrar un Manatí que estoy criando.
- No te creo. Ese animal está extinto.
- Pues ven y te convences.
- Ver para creer dijo Santo
Tomás.
Después fueron a preparar la comida y cuando la muchacha que
ayudaba quiso sacar la gallina, ésta de un solo Repelón le dañó un ojo.
- Y ahora qué voy a hacer, qué puedo hacer — se lamentaba la
prima.
- Nada -respondió Isabel
López- Después de ojo afuera no hay Santa
Lucía que valga.
Un señor salió con una vara a matar la gallina y la mujer le
gritaba:
- A Baranoa a físico
palo.
Después de la comida preguntó a su prima por qué había
muerto el abuelo.
- Porque no quiso que lo enTubará — respondió la prima.
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BOLIVAR
Iban San Martín de
Loba, San Jacinto, San Estanislao, San Pablo y San Juan Nepomuceno muy contentos arriando un Hatillo de lobas, refiriendo chistes
del famoso Montecristo y rezando en Altos del Rosario.
Amenazaba tormenta porque Soplaviento por todo Río
Viejo. Los animales se espantaron por los truenos y cayeron precisos por el
Barranco de Loba a un Arroyohondo y quedaron enterrados en un
Arenal. Los cogió la noche y no
sabían qué hora era, hasta que oyeron un Cantagallo
que estaba contento porque se comió un Calamar.
Al amanecer pasaron por ahí el señor Morales con Margarita,
el señor Pinillos que es el Regidor, con María la Baja y encontraron resfriados a los pobres santos. Estaban
confusos y Turbacos y eso era Achí, Achí, Achí. Buscaron los animales
y solo encontraron una loba moribunda y sin Clemencia alguna le dieron Mahates.
CUNDINAMARCA
Se reunieron Carmen
de Carupa con su marido Arbeláez.
La familia estaba Cabrera porque el
joven Medina se llevó a su hija Anolaima, la lengüita pegada, por una
cuenta que ellos le debían. En el camino preguntaron a Beltrán si los había visto. Yo los vi por esas Agua de Dios del río Nilo
abajo.
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El joven llevó la chica a El Colegio y la subió en La
Peña, pero quedaba muy baja por lo que la subió entonces a El Peñón. Ahí estaban incómodos. Con La Palma y una Manta cubrió La Mesa
haciendo una buena Gama y ahí la
acostó.
- Oye, Medina- le
dijo ella- me tocas la Cáqueza, me Tocaima por aquí y me Cajicá ¿Qué pretendes hacerme?
- Tu papá me debe dinero y contigo voy a cobrarle la primera
Cota.
- Bueno, pero antes de desflorarme El Rosal, déjame hacer Choachí.
Al rato.
- ¿Estás lista? — le preguntó el chico—Ya Pulí mi arma.
- Tabio no,
porque aquí hay una Mosquera.
- Anolaima —
preguntó otra vez el chico — ¿Tú sabes cómo puedo dejarte Viotá?
- Si. Primero Quetame
la ropa, luego Paratebueno y sin
ningún Apulo, después Une la Vergara con el Nemocón.
Muévete sin Tausa y no tengas Tena alguna. Cuando ya te Vianí entonces Yacopí porque me da Pasca.
De pronto, la chica le dio al chico una Gachetá y Supatá.
- ¿Por qué me pegas si apenas te Sesquilé?
- Por eso. Te demoraste y ahí vienen Gutierrez y Pacho por
mí.
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CORDOBA
Le digo compa que la última inundación de mi departamento
fue espantosa. Yo estaba por los lados de Urabá y necesitaba hacer una
diligencia en Montería y pensé alquilar una canoa y echar Canalete, pero ¡qué va! No hubiera llegado nunca. Así que me llevé
una chalupa. Yo iba como a cien por hora. Por allá divisé a Los Córdobas que tenían el agua hasta
el cuello, apenas se les veían los Moñitos.
- ¡Ahora les traigo ayuda! Les dije. Seguí navegando y media
hora después vi algo.
- Este debe ser un cementerio hecho en Tierralta porque apenas se le ven Las Cruces. Encima de una estaba una Cotorra, como que estaba cansada de tanto volar y fue lo único que
encontró para posarse. La agarré y me la puse en el hombro.
Continué mi viaje y me preguntaba "será que Las Palomas se ahogaron, porque no veo
ni una".
Cansado de navegar y sin saber para dónde iba me puse a
pensar "será que yo cogí para las islas de San Andrés, aquí no veo sino
agua nada más". Estaba asustado. Al momento mi alma regreso al cuerpo
porque el animalito decía "¡Lorica,
Lorica!" y yo le preguntaba todo emocionado "¿Dónde? ¿dónde?".
"Lorica real, visto de verde y soy liberal". ¡Mire! Zipote rabia la
mía. La cogí por el pescuezo y le dije: "¡aprendes a decir Polo
Democrático o te desplumo y te tiro al agua!" Y me contestó: "cógela
suave
95
compañero y déjate de tanta Valencia". Para no distraerme con ella La Apartada por allá, inMomíl.
La chalupa tenía un mástil y como estábamos perdidos le dije al animalito que
se subiera y como ella tiene Buenavista
me dijera qué veía.
- Ayapeligro me
dijo.
- ¡O subes o te desplumo!
- Sahagún parece
- me decía - allá hay un Pueblo Nuevo
y creo que tiene un Puerto Escondido.
Ave María Purísima ¿serán
contrabandistas?
- ¿Qué más ves? - Por allá veo un grupo de gente. Veo a San Andrés, a San Antero, a San Bernardo del Viento, a San Carlos y ¡ huuy! como que hay
fiesta porque también está San Pelayo.
Llegamos y ellos estaban con el Rabolargo, perdón, la cara.
- ¡Ustedes qué hacen aquí! - pregunté.
- Esperando un milagro.
- ¡Milagro! ¿Y ya le pidieron ayuda al gobierno?
- Sí. El presidente nos dijo que siempre con el mismo
cuento. Que ésta es una tierra noble, una Planeta
Rica y que, además, tenemos una Ciénaga
de Oro.
- ¿Y el jefe de ustedes allá arriba qué dijo? - ¡Ah! Ese sí
nos zafó de una. Dijo que ese es el castigo por haber dejado construir esa
represa, que eso fue una bUrrada.
96
MAGDALENA
Les cuento que esa familia de Santa Marta está muy mal. Su compañero, el pobre Sebastián de Buenavista ya está medio
ciego, tienen una Salamina.
En la Ciénaga no
pescan nada y entonces él se metió a atracar a El Banco, diciendo: "Ahí Algarrobo".
Pero el guardia le dio con El Piñón
del Tenerife en todo el Remolino de la cabeza y le hizo un Chibolo. Él sintió como si en vez de un
Guamalazo le hubieran dado una Pedraza.
Para que regresara la Concordia
decidieron salir de ese Puebloviejo
y hacer una Fundación en un Sitionuevo. Cuando salieron solo se
llevaron un Plato y las Sabanas de San Ángel para arroparse cuando llegaran a una Zona Bananera si es que todavía Pivijay.
NORTE DE SANTANDER
Mi mujer, la Lourdes,
que se cree una Sardinata, se fue
con el Zalazar. Yo Toledo eso y vea, San Cayetano y Abrego la
esperanza que la Pamplonita regrese
pidiendo aSilo hastiada de tanto Herrán por discotecas y Lavatecas.
Entonces la amarraré en
Los Patios cerca de La playa
para que la limpie de tanto Gramalote
y también cuide la Arboledas.
Si quiere comer que trabaje. Ella escoge: comida Ocaña. El castigo le Duranía hasta que yo resuelva este Teorama.
97
SANTANDER
Encontré un cadáver y les avisé a algunos vecinos, los
papeles correspondían al señor Cuesta.
Fue una Matanza, quien lo hizo Hato los Piedecuesta dejándolo en el Páramo,
manchando La Paz y la belleza del Puente Nacional.
Le dieron con una Cimitarra
y lo escondieron detrás de El Peñón
allá en El Playón para que los
gritos de Socorro no se Oiban. Aunque la ropa era bastante Guepsa se la rompieron de un Girón. Una vecina lo reconoció y
lloraba con rabia, desconsoladamente.
Betulia, le dije,
serénate. De nada vale que estés Cabrera,
la sangre que es Aguada ya está
seca. Aquí no hay San Benito que
valga ni Santa Bárbara bendita, más
bien coge la Sabana de Torres y lo
tapas, luego vas arriba de aquel Cerrito
y le pides a todos Los Santos que te vean, incluyendo al del
periódico para que publique la foto y al ministro para que haga justicia. Del Palmar que está allá arriba tomas las Palmas del Socorro y préndelas, quizás
vean las Vetas de luz.
Si nadie te divisa, entonces coges al Guacamayo de paloma mensajera. Le amarras en la patica una Charta donde explicas todo lo ocurrido
y le agregas un Enciso pidiendo una
ambulancia, porque ni de vainas que lo Vélez
aquí. Que en eso te ayude Florián
que no más está aquí de Galán.
98
Un señor me preguntaba por qué lo habían matado.
-Yo creo- le explicaba- que la Concepción de este crimen fue Confines
de no pagarle la Contratación.
NARIÑO
Se habían reunido los próceres Córdoba, Leyva, Nariño, Policarpa y Ricaurte
para analizar la situación del país y saber por qué desperdiciamos sus
esfuerzos y sacrificios.
Desde Europa
vinieron, cruzando El Charco: Colón, Francisco Pizarro y Samaniego
para decirnos que ellos tenían razón y que nosotros no sabíamos gobernamos.
Por parte de la iglesia se hicieron presentes San Bernardo, San Lorenzo, San Pablo, San Pedro y Santa Bárbara. Otros Invitados fueron Olaya Herrera y Ospina.
En una Arboleda
había una Piedrancha y ahí los
representantes de la iglesia plantaron La
Cruz, levantaron un altar y rezaron El
Rosario para que la Providencia
los iluminara y redactaran un documento que valiera un Potosí y se lograra La Unión
entre los colombianos y no sigan del timbo al Tambo.
Los santos entonaban cánticos y más cánticos y como en un Pasto de La Llanada estaban preparando un chivo para hacerlo en Barbacoa, el general Mosquera, que coordinaba la seguridad,
les dijo:
99
- Basta de tanto Cantadero
y vámonos para el asado. Y San Pedro
le contestó
- Sí, pero no Funes
que eso hace daño.
META
El alcalde Medina
recibía a todos los personajes de ayer y de hoy a quienes había cursado
invitación, porque esta tierra por fin acabó con El Calvario de la pobreza. Después de tantos siglos de búsqueda
hallaron en su tierra El Dorado.
Con tanta plata habían construido a orillas del río varios
puertos: para la Concordia, para Gaitán, para López, para Lleras y uno
muy Rico que mostrara la pujanza de
su tierra.
Los puertos se comunicaban con El Castillo, donde sería la ceremonia, por una alameda de Acacias, Granada y Guamal. Ésta
finalizaba con una Fuente de Oro
rodeada de un busto a Villavicencio
y estatuas de San Martín, San Carlos, San Juan y su hijito San
Juanito. Desde la Lejanías todo
tenía una Vista Hermosa. El
presidente no asistió porque estaba en los concejos esos que nunca oye, pero
fue... ¡La Uribe! y se encargó de
prender la fiesta bailando La Macarena.
100
TOLIMA
Unos amigos tolimenses, el señor Alvarado, el señor Ortega,
el señor Rovira, el señor Suárez y el señor Murillo se reunieron en una Villahermosa.
En El Prado del patio de esa Casabianca estaban preparando un
delicioso Venadillo a la brasa y al
que le habían hecho una Purificación
lavándolo con Roncesvalles. De entrada,
disfrutaron de unos deliciosos Flandes
de Fresno. Al rato pasó un Mariquita cantando alegremente Lerida, lerida, Lerida. Los señores
empezaron a molestarlo, pero el tipo iba Armero
y los Ataco con una Honda y Piedras.
A Carmen de Apicalá,
la encargada del asado y quien es muy Chaparral,
le dio en el Coello y al Anzoátegui le dieron en toda la médula Espinal causándole muchos Dolores.
101
SEXOANIMAL
En el campo hay muchas curiosidades y una que proporciona
gran satisfacción es observar los diferentes animales y su forma de actuar. Por
eso me cuesta mucho entender la diferencia entre inteligencia e instinto de
conservación. Porque ocurren cosas en los animales que si no se consideran
actos inteligentes entonces los entendidos tendrán que revisar ese concepto del
instinto. Por ejemplo:
Yo barrí un patio y amontoné la basura. Mientras fui a
buscar una bolsa para recogerla, entró una gallina con sus siete pollitos y la
regaron toda buscando insectos. Yo me molesté y la correteé a escobazos. Ella
corría alborotada alrededor de la basura, tal vez invitándome a que la
persiguiera a ella mientras sus crías se ponían a salvo, o pidiendo auxilio al
dueño.
Al día siguiente cuando iba a buscar la bolsa de la basura,
ella venía por la orilla del otro lado de la cerca. Yo la vi, ella también me
vio y pegó veloz carrera para esconderse. Yo me oculté y veía como sacaba la
cabeza desde su escondite para ver si yo me había ido. Como no me vio salió a
hacer su gracia ¿Eso es instinto de conservación o inteligencia?
Si acaso usted pone en duda lo relatado, le preguntaré esto:
¿Recuerda cómo mataba los mosquitos antes? Dándose manotazos en los brazos, o
en las piernas y a veces en el cuello. También uno alargaba el dedo índice
sigilosamente
102
y lo destripaba contra la piel o la pared. Ose los pillaba
volando y le daba con ambas manos como si estuviera aplaudiendo. Pues esos
procedimientos ya no producen el mismo efecto. Ellos permanecen o vuelan a ras
de piso. Cuando usted siente el pinchazo y mueve el brazo para matarlos, ellos
se dejan caer en picada ¿Instinto o inteligencia?
Como esas son muchísimas las acciones curiosas que
observamos en los animales. Por ejemplo, en el asunto del apareamiento. Veamos
algunos casos:
El grillo o Libélula.
Debe ser el animal con el más prolongado apareamiento. Cuando era niño, en una
ocasión en que me encontraba cazando grillos, descubrí uno en el extremo de una
ramita. Estaba a punto de capturarlo cuando apareció otro grillo y se posó
sobre el anterior, sus rabitos empezaron a cruzarse cono si estuvieran peleando
a espadas. Luego se elevaron juntos, revoletearon un rato y se posaron en una
ramita más alta. Por curiosidad los seguí observando un buen rato y me retiré
porque me dolía la nuca de tanto mirar hacia arriba. Estaban
"pegados".
Con respecto de este acto sexual en forma estática, alguien
me contó que algo similar sucede con las parejas guajiras que aún viven en las
rancherías. Hacen el acto en una hamaca, el varón penetra a la hembra y se
quedan quietos hasta mucho después de llegar al clímax.
La diferencia con la pareja de grillos es que no se elevan,
y la hembra del grillo, si se mueve, no le
103
pasa nada. En cambio, si la hembra del guajiro llegara a
moverse, además de su "palera", se lleva también su muñequera, porque
ese movimiento indica que se ha acostado con alguien que no es guajiro. A mí
ese argumento no me convenció porque ¿Cómo haría el guajiro si su mujer se
acuesta con otro guajiro?
El Toro. Es un
animal descomunal y como tal su miembro viril es muy grande, pero al igual que
el caballo, no causa en las personas ese asombro que sí produce el burro.
Realmente el miembro
del toro es muy grande, o más bien muy largo, tanto que la vaca tiene que dar
uno o dos pasos hacia delante para que no le puyen el corazón. Eso me
comentaban otros niños y yo lo constaté en un corral en una finca donde viví un
tiempo cuando niño. Hoy pienso que el paso que da la vaca se debe a que tiene
que acomodarse al peso del toro.
El miembro del toro se parece a las antenas telescópicas de
las radios grabadoras y televisores. Es tan largo que algunos ganaderos lo
disecaban en un proceso especial para utilizarlo como fusta en sus caballos de
paso fino. No todo el mundo tenía una fusta de estas.
Sólo una vaca en celos puede ocasionar que dos toros peleen,
como ocurre a menudo en el mundo animal. Y cuando esto ocurre, es una pelea
como para alquilar balcones, pero bien lejos del lugar. Eso es algo
estruendoso, aparatoso, cientos de kilos de ira ciega que no dejan en pie nada
a su alrededor. Caen los corrales, arrancan las
104
cercas de alambre de púa, descuajan árboles con todo y raíz,
tumban terraplenes cual buldócer. Hasta las aves desaparecen del lugar por los
estentóreos bramidos. Es una pelea sin cuartel, muy tenebrosa.
El Pato. Este es
el animal que más debe arrepentirse de haber echado un "porrazo", más
que el macho de la viuda negra, porque para éste, ése es su destino y además no
tiene tiempo de arrepentirse. Pero el pobre pato parece que mete la pata cada
vez que monta a la pata, porque le quedan unas cuatro pulgadas de tripa afuera
que debe arrastrar consigo por más de media hora; y esa tripa aguada, empolvada
(también de tierra) y moviéndose, es la máxima atracción para un pollo o
cualquier ave y si el pato se descuida, le hacen una ablación.
El Gallo. La
verdad es que yo no comprendo qué pasa con este animalito, es bastante altanero
y los más chiquitos, como los finos, son los más peleoneros. Y esto es tan
cierto que con base a eso, los mexicanos acuñaron el refrán que dice: "Yo
si soy (o tú no eres) el gallo que canta en este gallinero".
La connotación de esta frase es algo serio. Quien la recibe
debe sentirse chiquito y si no, es porque está bien parado y quien la lanza,
debe haber sopesado bien la situación. A no ser que, como tiene que ver con el
gallo, no sea sino puro cacareo.
105
De cosas referentes al gallo nadie debe estar confiado. A
qué varón no le ha sucedido, en alguna ocasión, que después de hacer el amor y
ya colocándose la ropa o a punto de dormirse, observa que la pareja tiene cara
de tristeza, la mirada fija en el techo y con ganas de cantar "racata pun
chin chin el gallo sube..."
Pero no se preocupe, eso le pasó por mucha ansiedad o,
precisamente, porque ¡maltrató mucho al gallo! Pienso que esa actitud de la
dama es la misma de la gallina. Si usted la observa bien (a la gallina) después
que la monta el gallo ella se sacude con violencia y yo diría que con rabia y
fastidio y si cacareara en ese momento diría: "pa' fregar a ese tipo,
tanto sacar pecho y cantar, llega, me picotea, me pisa, me despeluca y
enseguida se baja ¡echeee!
El Pavo. Mucho
señorío, la máxima expresión de la vanidad. Hay que verlo como extiende sus
alas y las arrastra contra el piso, abre su cola como un abanico dejando al
descubierto su trasero (aunque yo considero que eso debería hacerlo la hembra)
El moco se le descuelga como mostrándole a su compañera el verdadero tamaño de
su amor. ¡Pero qué va! Puras lisonjas, porque a la hora del té bastante
parecido al gallo, aunque nunca nadie ha hablado de "polvo de pavo"
como si lo han dicho del otro.
El Mico. Un
animalito muy simpático y que por supuesto tiene sus gracias. En un cuento, de
esos que se refieren en los
106
1
pueblos, se cuenta que cuando en la creación se hacía la
repartición de los miembros viriles a todos los animales, incluido el hombre,
el burro se retrasó un poco porque estaba trabajando. Al llegar el turno del
mico, se fue derecho a la del burro y se la echó al hombro, pero como era más
grande que él y no podía ni con ella, los demás animales se dieron cuenta y
empezaron a protestar y a exigir una de mayor tamaño, incitados por el hombre.
Pero les dijeron que
no, que cada cual se iba con la que tenía. El miquito se puso a llorar y como
se había ganado el cariño de todos por sus gracias, los animales se
solidarizaron con él y no hubo más remedio que hacerle una nueva con el mismo
molde que usaron para elaborar la del burro, pero más chiquita de acuerdo con
su tamaño.
Quién sabe qué hubiera sucedido en el reino animal si el
miquito se sale con la suya. No tiene gran cosa y cómo hace alarde de ella y
hasta tiene la osadía de enamorarse de la hembra del humano. Tal vez pensando que
ella pueda interesarse por la forma que tiene. Y cuando está enamorado y la
muchacha pasa cerca de él, se excita y masturba inmediatamente.
El Conejo. Nunca
vi el miembro de un conejo, pero si pude apreciar su comportamiento en el
apareamiento.
Cuando mi hija mayor cumplió unos dos años yo le compré dos
conejitos, los cuales me entregaron pocos días después que abrieron los
107
ojos. El macho era tan blanco como una mota de algodón y se
llamaba Coquito y la hembra negra como el azabache, de nombre Pepita. No
recuerdo el nombre de su raza, pero eran diferentes al conejo playonero normal.
Los alimentaba con hojas de col y lechuga, principalmente. Crecieron muy
hermosos hasta unos cincuenta centímetros aproximadamente.
La mamá de estos conejos, me aseguró quien me los vendió,
siempre paría una carnada de cinco a siete conejos. Sin embargo, Pepita solo
paría uno o dos conejitos a los que siempre veíamos ya muertos. Al principio
pensamos que eran los gatos los responsables, pero después descubrimos que no,
pues la coneja parió dos conejitos en un colchón y cuando nos dimos cuenta ya
estaban muertos. Llegamos a la conclusión de que esto se debía a que eran
hermanos de vientre.
Pero regresando al cuento, un día me acerqué al callejón de
la casa donde los tenía encerrados y vi que la coneja venía huyendo del conejo
y trató de pasar por entre las tablitas de las rejas. Solo alcanzó a sacar la
cabeza, yo me agaché y la agarré inmovilizándola; el conejo llegó y la montó.
Yo observaba. Pasado un momento el conejo volteó los ojos,
se fue de lado, cayó patas para arriba y movía una de las patas traseras como
si estuviera convulsionando. Yo grité a mi mujer y a mi suegra: ¡corran que el
conejo se murió! Unos minutos después despertó el conejo, se despabiló
108
y la montó otra vez. Volteó los ojos, se fue de lado y otra
vez convulsiones. Yo grite nuevamente: ¡el conejo se murió otra vez!
Mi suegra y mi mujer llegaron hasta mi lado, llenas de
curiosidad e intrigadas por mis gritos. Mi suegra se dio cuenta de lo que hacía
y se molestó. Yo, un poco apenado, solté la coneja en el momento preciso en que
el conejo volteaba los ojos por tercera vez.
El Perro. Este
animal es el que hace el apareamiento más comprometido y peleado. Debido a su
maravilloso sentido del olfato, detecta fácilmente el llamado de la hembra en
celos, el problema es que cuando llega a la escena del "cuento" ya
hay varios compañeros, o más bien enemigos, que también detectaron el llamado.
En una ocasión en que me dirigía a tomar el bus para llegar
a mi oficina, observé que una perra en celos corría y detrás de ella, y sin
exagerar, le seguían unos setenta perros por lo menos. Ellos estaban apostados
en la calle enfrente de la puerta de una comandancia de policía y era tanto el
número y el escándalo, que el comandante dio la orden de dispersarlos, pues la
guachafita ya llevaba dos días y cada vez llegaban más perros.
Me causó mucha curiosidad que la perra iba adelante y al
doblar la esquina la seguían inmediatamente dos perros, detrás de estos tres,
después cinco y así se iban abriendo como un abanico. Una carrera espectacular
que me hizo
109
recordar el tour de Francia, en la etapa que hacen alrededor
de los campos Elíseos. La diferencia entre esas dos carreras es que allá, el
ciclista que gana la etapa debe esperar un rato a que culmine la ceremonia para
obtener su premio. En cambio, acá, el premio es el que cabalga adelante y el
perro que primero la alcance enseguida echa mano a la presa, perdón, al premio.
El resto de los canes se quedan muy cerca de la pareja y
aquí sucede algo que quiero comentar y que me gustaría que los entendidos y
estudiosos del comportamiento animal analizaran más a fondo, y es que el perro
que "corona" no siempre es el más grande, ni el más fuerte, ni el de
mejor raza. Yo he visto a algunos perros pequeños y "zarrapastrozos"
llegar de primeros.
Eso sí, si el perro ganador no logra coronar en los primeros
intentos, que se prepare porque la "dientera" que se lleva el pobre
es de padre y señor mío. En esas peleas sí que hay dientes.
Retomando el cuento, el perro también es un animal muy bien
"despachado". Desgraciadamente creo que natura le jugó una mala
pasada (bueno, eso pienso yo) porque después de su goce merecido, el
espermatozoide se le aglomera en el glande formando una bola como la pelota de
béisbol. La esperma toma un buen tiempo para evacuarse y es el momento en que
el pobre perro, regularmente, paga cara su victoria, porque indefenso como
está, es blanco de los dientes de sus compañeros o de los garrotazos
110
que le da el apesadumbrado dueño de la perrita.
El Gato. Este
animalito es el que hace el apareamiento más escandaloso. Si bien los perros
forman su algarabía, generalmente lo hacen de día, pero es que los gatos
escogen las altas horas de la noche como para que el vecindario se entere de
sus ratos gozosos.
No me consta, pero tengo entendido que los lastimeros
maullidos de la gata se deben a la forma del pene del gato, pues tiene un
apéndice en sentido opuesto de la punta, a manera de un anzuelo, que maltrata
mucho a la gata cuando el pene va hacia fuera.
A los maullidos de la gata se suma el coro de una romería de
gatos que siempre acompañan a la pareja de turno. Coro que no se sabe si es por
envidia o exigiéndole al galán de turno que termine rápido para ver si alguien
más tiene su oportunidad. A semejante escándalo se suman los gritos de
maldición de un molesto trabajador que no logra conciliar el sueño y que sin
saber a dónde, lanza un zapato viejo que de seguro cae sobre el techo de un
vecino, que asustado interrumpe su "mocho" de media noche creyendo
que el asunto es con él.
El Morrocoyo. Es
el animal que ejecuta el apareamiento más aparatoso y extenuante.
Una mañana, cuando era niño y allá en mi pueblo, fui de
visita a un "Vivero", pequeño zoológico que así se llama allá;
observé que un morrocoyo perseguía a una morrocoya que parecía, a juzgar por la
velocidad, no querer
111
alejarse demasiado. Al fin el morrocoyo la alcanzó y la
montó, pero antes de la "cuestión cuestión" se resbaló y cayó patas
para arriba, en vista de lo cual la morrocoya se fue a comer hierbitas. A la
hora, más o menos, el morrocoyo se pudo voltear y buscó nuevamente a su hembra.
Esta vez pude escuchar unos sonidos guturales muy roncos,
creo que eran regaños a la morrocoya por haberse movido. Pero a pesar de su
cólera y refunfuños, otra vez se cayó y como ya estaba agotado le tomó más
tiempo voltearse. Yo estaba muy cerca, casi encima de él para no perderme
detalles y por eso juraría que el morrocoyo estaba sudando. Fue cuando noté que
la piel me ardía y que mi camisa estaba empapada. Ya era medio día, me paré y
me fui un poco decepcionado y apenado con el pobre morrocoyo. Pero después me
consolé pensando que, el hecho de que esa pareja existiera era prueba de que en
algún momento el morrocoyo lograba "coronar'.
El Hombre. Es el
animal con más curiosidades y afortunado en demasía en cuestiones de sexo, ya
que su hembra parece estar disponible los 365 días del año. Incluso muchas
veces ni se respetan las pausas mensuales que le dicta la naturaleza a la
hembra y se pasan el semáforo en rojo. Ni tampoco la purga llega a su saludable
término; estos cuarenta días son desesperantes para el macho, sobre todo si
está recién casado. Creo que tantas libertades que se da el hombre
112
en cuanto a su vida sexual, es lo que le da el derecho a
llamarse "El Rey de la creación". Veamos algunas razones
El burro se acerca a la burra, huele el aire, le toca sus
genitales con el hocico, levanta la cabeza, monda los dientes como si riera a
carcajadas y determina si la hembra está lista. El Hombre hace lo mismo, más o
me nos, pero la cabeza que levanta no es precisa mente para pensar. Después del
período de amamantación, ningún otro animal vuelve a mirar, ni mucho menos
tocar, las tetas de la hembra. En cambio, al hombre como que le dieron dos ojos
y dos manos para eso, uno de cada lado. En la intimidad se acurruca y regresa a
su época de lactancia.
Pero natura le castigó con la inconformidad ya que cuando
acaricia dos manzanitas, ambiciona que sean melones y cuando le tocan dos
calabazas, entonces ambiciona las manzanas. Creo que ésta es la razón por la
cual el macho siempre quiere tener dos hembras. Lo que no entiendo es por qué
últimamente la hembra quiere tener dos varones.
La antropología y otras ciencias han lanzado elaboradas
teorías para explicar las razones que hicieron crecer el cerebro del humano y hacerlo
evolucionar de la forma que lo ha hecho.
Que la necesidad de alimentarse con una dieta variada.
113
Que la necesidad de reunirse para la convivencia y la caza.
Que los cambios en el clima, glaciares y demás.
Que la necesidad de explicarse los fenómenos naturales, etc.
Pero de verdad, yo me atrevería asegurar que fue el sexo lo
que hizo evolucionar al cerebro del hombre. Ningún otro animal varía las formas
o tácticas para ejecutar el acto sexual, solamente el hombre. ¡Y de qué manera!
¿Se puede imaginar usted, allá por los albores del tiempo, a
un hombrecito peludo, temeroso y desocupado, con toda una eternidad por
delante, haciendo todas las noches la misma vaina? ¡No, que jartera! Ese
cerebro tenía que evolucionar. Por supuesto, se inventaron fórmulas, variantes,
alternativas que se transmitían de generación a generación y para que no se
fueran a extraviar y cayéramos nuevamente en la monotonía por algunas razones,
por ejemplo, la religión, los hindúes recopilaron muchas de esas experiencias
en su Kama Sutra, luego vino el Marqués de Sade y hoy día cada cual inventa su
propio repertorio.
Pero ¿qué podemos decir de la hembra humana? Pues que al
principio era muy dócil, sólo receptiva, pasiva. Pero últimamente esta
animalita se salió de madre y quiere marcar la pauta en todo. Como la
naturaleza no le fijó un período de celo, aunque si de gestación, ahora quiere
estar alborotando al macho todos los días del año.
114
Esta animalita es muy astuta. Se dio cuenta que, fuera de la
intimidad, si se desnuda lo único que consigue es ruborizar al macho y eso no
le conviene. Por eso empezó a descubrir sus tobillos acortando la falda,
después fue la minifalda y ¡oh, que rodillas tan hermosas! Luego se quitó el
pollerín o fondo y dejó ver a trasluz el grosor de sus muslos. Pero había que
acicatear más la lujuria del macho y vino la Lycra que mostraba en toda su
dimensión su atributo principal, aunque algunas se ayudaban con una esponjita.
Sin embargo, parece que aún se quedaban "cortas" y
apareció el "descaderado", que en algunas féminas más bien parece un
"descabellado" porque dejan ver algunos "pendejos" que de
eso no tienen nada. Que se hagan es diferente.
En fin, como decía Hebert Castro, un legendario humorista de
la radio chilena que campeó por décadas en la colombiana: "el escote está
bajando, la falda está subiendo y yo esperando que se encuentren".
El Burro. Creo
que el hombre está en mora de hacerle un reconocimiento a este animal. Aunque
ya en nuestro país y concretamente en San Antero, Córdoba, se le rinde un
homenaje a través de un festival con reinado y todo.
Los españoles tienen su torneo de la "Copa del
Rey" donde juegan figuras internacionales del fútbol. San Antero también
tiene el suyo, sin figuras de fama mundial, pero con equipos que
115
juegan con mucho entusiasmo y pundonor para ganarse el
trofeo de "La Copa del Burro". Nunca he entendido por qué tantos
calificativos para este animal si él no es menos inteligente que muchos otros
animales. Lo cierto es que sí es terco como ningún otro. Pero al pobre asno no
lo bajan de bruto, burro, bestia, animal. Para el hombre sólo sirve para
trabajar; "camella" más que su pariente de las jorobas y aunque no
las tiene, a él si lo joroban. No siempre fue así. En el pasado muchos pueblos
veneraban a este animal. En la civilización etrusca, por ejemplo, llegó a ser
un Dios. Recordemos también que fue él quien llevó a la virgen María hasta
Belén y asistió al parto de nadie menos que de Jesús. Y aunque no fue muy
utilizado en Estados Unidos, simboliza en ese país al partido demócrata.
Que hay que buscar
agua, ahí está él.
Que hay que arriar la leña, el maíz o el arroz, ahí está él.
Que el dueño tiene que hacer una diligencia, ahí está él.
Siempre disponible, siempre sumiso. El Caballo lleva y trae
al patrón y enseguida lo sueltan para que vaya al pastizal y coma buena hierba;
en cambio el burrito pasa todo el día amarrado y esperando con estoicismo su
nueva orden, porque él sabe que cuando esté un rato libre y cerca de su
compañera tendrá su recompensa y entonces será el rey y la envidia de todo el
reino.
En una ocasión fui a un pueblo para arreglar una
116
estación de radio propiedad de una fábrica de leche. De
regreso viajé en un camión lechero. Había llovido y la carretera estaba
bastante resbaladiza. Debido a esto y a que al frente apareció una manada de
burros, el conductor frenó y el carro patinó quedando atravesado en la
carretera y por el susto, al chofer se le apagó el carro. Detrás venía un
campero con un caballero y dos damas, parecían esposos con la suegra. Más atrás
un camión con dos personas. Todos bajaron y fueron al frente a indagar qué
había sucedido al camión. En ese momento nos dimos cuenta de que en la manada
había una pollina, o sea, una burrita muy joven que era perseguida por un burro
que se notaba muy veterano a juzgar por los golpes de pecho que se daba. El
burro la alcanzó y la montó sin miramiento o pena alguna. Los señores riendo,
la señora dio media vuelta y se fue a su carro. Yo, sentado en la defensa del
camión, escuché que la joven le decía al muchacho: "¿Pobrecita mijo, viste
como abría la boca del dolor? Me paré y les dije: ¿Ustedes creen que esas
muecas eran de dolor?"
Solo fueron tres "puñaladas" y la burrita alcanzó
el estatus de adulta. El camión arrancó y continuamos el viaje.
El Chancho.
Después de analizarlo por un buen rato me decidí por este nombre como exordio
de este párrafo. Pues, siendo el animal con más nombres, todos son despectivos
y denigrantes: cerdo, marrano, cochino, puerco, chancho,
117
choncho. Sin embargo, ¿hay razón para tanto desprecio?
Parece que no. El hecho de que un fango o una charca sea algo irresistible para
él, donde se regodea cual marrano, no significa mucho, ya que otros animales
también lo hacen, por ejemplo, el elefante.
Pero si usted ha estado cerca de un chiquero, comprenderá el
porqué de esos calificativos. Realmente este animal es un cochino, pues le
gusta hociquear en cualquier parte, sin importarle si es su propia porquería.
¿Qué puede buscar ahí, acaso se le olvidó algún nutriente? Claro que esto contrasta
con los cerdos de criaderos industriales donde aparecen grandes, gordos,
rosaditos y muy aseados. Pero es que no han tenido una oportunidad. Con razón
el refrán campesino que dice: "el puerco mierdero no pierde el
vicio".
Lo triste de todos estos calificativos es que también se lo
han endilgado al hombre:
Que se echó un viento... ¡puerco!
Que huele a sudor o tiene pecueca... ¡cochino!
Que se emborrachó y vomitó... ¡cerdo!
Que perdió jugando dominó o buchácara... ¡marrano!
Sin embargo, el cochinito no se amilana por esos epítetos
porque él también tiene sus ratos placenteros y muy felices. A su hembra
tampoco le importan esos calificativos, ella se sacrifica ante tantos defectos.
Y digo que se sacrifica porque el cerdo es uno de esos animales que trataron
con mucha generosidad en aquella repartición y para
118
que no hubiera copias como le pasó al burro con el mico, se
la dieron retorcida como la mecha del berbiquí, aquella vieja herramienta que
fue remplazada por el taladro eléctrico. El hombre como que analizó mucho al
cerdo y descubrió que una herramienta así sí servía para abrir
"huecos".
119
CONDORES DEL ACERO
Este sencillo trabajo representa el más profundo sentimiento
de aprecio a mi compadre, amigo y confidente: Víctor Amador, como un modesto
reconocimiento a su ardua y perdurable labor de muchos años. Para expresarle
también, que nunca he conocido una persona con tan altos atributos de nobleza y
honestidad.
Víctor venía de una familia muy humilde, formada por la
señora madre, un hermano y dos hermanas. Estudió hasta el quinto año de
primaria y desde muy joven se vio en la necesidad de trabajar para ayudar a su
familia. Después de varios trabajos entró como ayudante de herrería en la
cuadrilla del papá, de quien aprendió el oficio de herrero de edificios. Tenía
entonces dieciocho años y desempeñó ese cargo durante doce meses. Su primer
trabajo como "oficial" lo realizó en Cementos del Caribe armando unos
silos. Ganaba cinco pesos diarios. Su primer edificio como ayudante fue el de
Colseguros, ubicado en el Paseo de Bolívar con Cuartel, en Barranquilla; ya
como oficial, fue el edificio de Colpatria. Con una experiencia sólida y gran
responsabilidad en su oficio, empezaron a llegar trabajos de gran envergadura,
como los edificios del Banco de La República y Seguros Bolívar en la avenida
Murillo, edificio Parqueadero en la Calle 72 con carrera 58, edificio Scala,
Super Ley, Papeles del norte y muchos más. Esa tarde, con algo de pereza,
levantaba la
120
mochila con sus herramientas y se la terciaba en el hombro,
en silencio. Como siempre, quería pasar desapercibido en esos momentos, cada
sábado.
- Ey, Lucio! ¡El Mono ya se va! Una vez más no pudo
lograrlo.
- Oye Mono, no te vayas. Hoy tienes que acompañarnos. Pilas
viejo Víctor, no todo tiene que ser trabajo, además, la semana nos salió bien.
- Ustedes saben que yo no sé jugar buchácara y, además,
tengo que pagar varias cosas.
- Pero le puedes hacer el cuarto en dominó al viejo Migue.
Esos tipos del almacén son marranos, así que te tomas tus cervezas y no
gastarás mucho.
- Lucio tiene razón Mono—intervino Pacho, otro compañero de
trabajo.
- Cuando te vayas, le compras medio pollo a la vieja Mari y
seguro que se va de aguante.
- Está bien, vamos.
Víctor era un tipo muy parco, si cuando estaba bueno y sano
hablaba muy poco, con tragos difícilmente se le sacaban algunas palabras que
pocos entendían. Pero era muy bueno jugando dominó y mucho mejor jugando al
siglo, donde demostraba una velocidad mental para los números que muy pocos
podían igualar.
Y esa era una de las razones para que siempre lo invitaran a
las farras sabatinas, porque era un seguro contra las clavijas de los meseros y
121
los coimes. No importaba cuan ebrio estuviera o que tan
larga y compleja fuera la cuenta, que él decía cuánto era y todos pagaban
confiados.
Esa tarde le fue bien. En compañía del viejo Migue les
ganaron diez partidos a tres a los del almacén, que realmente pasaron por
marranos.
Ya estaba bastante ebrio y sus compañeros en la mesa de
buchácara también iban ganando, así que se tomó ahí varias cervezas a expensas
de los perdedores. A las nueve de la noche tomó su mochila, compró el medio
pollo y se marchó a su casa.
María, la compañera de Víctor, era una mujer de un carisma
especial, que irradiaba simpatía continuamente y con todo el mundo; muy pocas
veces se le veía de mal humor. Por eso a sus vecinos, jóvenes y adultos, les
gustaba charlar con ella y la visitaban constantemente.
- Mary como estás ¿Y Víctor, no ha llegado?
- Ajá vecina. No, no ha llegado. Debe estar sacándose el
cansancio de la semana.
- Abre el ojo Mary que te van a quitar al Mono.
- Hum, allá él. Si no puede con mochilita, menos con mochilón.
No, no eran precisamente los celos lo que inquietaba a María, era el temor de
un atraco o que perdiera la plata lo que le preocupaba de su marido.
Víctor llegó a las diez de la noche, entró erguido tratando
de mantener el equilibrio y no hacer tan patética la "pea" que traía.
Saludó, descargó su mochila de trabajo y se sentó en el comedor.
122
A pesar del disgusto, y como siempre lo hacía, su María le
atendió con la comida. Nunca habían sostenido un altercado fuera de la alcoba
que no fuera por cosas triviales. Siempre habían vivido acompañados por la
familia de algunas de las hijas de ella. Tal vez por eso siempre discutían en
su cuarto y en silencio, o sea, a físico "puño molío", de ahí que
nadie se enterara de nada.
Había sido una semana dura. Ese trabajo lo hacen tres
cuadrillas: los herreros van armando las parrillas de hierro para las columnas
y pisos, amarrando las varillas con alambre que deben apretar y ajustar con
pinzas o clavos; luego vienen los carpinteros y hacen las cajas de madera y
posteriormente los albañiles hacen el vaciado con el cemento.
La labor comienza cada mañana a las siete y termina a las
cinco de la tarde, con el descanso para el almuerzo, lógicamente. De lunes a
sábado. Empiezan con el sofocante calor por estar varios metros bajo tierra
iniciando los cimientos, pero con el entusiasmo de un trabajo nuevo y llenos de
esperanzas, con muchas ilusiones para sus hogares, para sus familias. Así poco
a poco, piso tras piso, la imponente mole de concreto se yergue como tratando
de rasgar el firmamento cual Torre de Babel.
La suave brisa matinal ha desaparecido y ahora el inclemente
sol tropical hiere la piel del herrero. Víctor recuerda que lleva mucho tiempo
123
agachado. Hace un alto y se levanta para secarse el sudor
que baña su rostro y enderezar sus discos lumbares que amenazan con quedarse
pegados, como los discos de su viejo equipo de sonido. Observa a su alrededor y
allá en el horizonte divisa el río Magdalena serpenteando para llegar a su destino
en los "tajamares de Bocas de Ceniza, cuchillada del río sobre el mar'.
Realmente estaban bastante elevados y eso le recuerda que el final de esa labor
también está próximo.
Pocas veces quedaba tiempo para charlar porque el trabajo
apremiaba y, además, había que andar con cuidado ya que el peligro acechaba.
Siempre guardó prudencia y los problemas de la casa procuraba dejarlos en el
primer piso, o hubiera terminado como su amigo Lucio en el edificio El
Parqueadero, para quien esa fue su última obra al caer desde el último piso, o
como su compañero Wilson, que quedó con una pierna veinte centímetros más corta
que la otra al caer de un sexto piso.
En la mañana del domingo, el enojo de María había
desaparecido, no sólo porque Víctor sacó una buena semana con la ayuda de
algunas horas extras, sino porque ahora le tocaba sacar pecho. Había llegado la
hora de la venganza.
Desde las cuatro de la tarde del sábado, hora en que los
cobradores sabían que su marido ya estaría en su casa, comenzaban a llegar y
María tenía que torearlos: el del tanque de plástico, el de la sábana, el del
frasco de vitaminas, el del
124
trapero, el del pescado, el vale de la tienda y otros.
"Ahora le bajaré la altanería a estos cachacos" pensaba. Tomó su
mecedora y se sentó cerca de la puerta a esperar a sus acreedores. No tuvo que
esperar mucho.
- ¿Llegó el hombre? - preguntó el primero de ellos en
llegar.
- Diga buenos días, que eso no duele. ¿Cuánto le debo? - Con
la de hoy son tres cuotas.
- ¡Toma, te pago dos!
- Como así, si usted dijo que hoy se ponía al día.
- Bueno, no te pongas pesado, da gracias a que saliste
favorecido. Si te pones grosero no entras al sorteo del próximo sábado.
Era domingo y realmente era un día de fiesta. A pesar del
guayabo, Víctor dejaba asomar una pequeña satisfacción en su rostro; durante
esas veinticuatro horas era el rey, sin corona, pero lo era. Ese día podía
desayunar despacio y viendo televisión: yuca cocida con bastante guiso, dos
torrejas de salchichón o una mojarrita. Una torreja de queso bastante
transparente y un vaso de jugo de naranja con mucho hielo picado, que daban el
toque distintivo del domingo.
Su querida Mary también mostraba satisfacción, al menos esa
semana sus "culebras" se aquietarían un poco. Como siempre, en esas
ocasiones, no se sentó en la mesa del comedor, se quedó en la cocina sentada en
un banco. Ella sabía por qué lo hacía. Víctor también lo sabía, pero jamás dijo
125
algo al respecto. Desde su silla en el comedor la observaba
y se preguntaba - ¿Cuándo será el día que estemos solos y ella pueda disfrutar
sola lo que le traigo? Seguro que no le quedó mayor cosa para desayunar, todo
lo repartió, hasta el "paracaídas" que le traje anoche.
Esas apariciones en los días de pago era una inveterada
costumbre de las hijas de María, que muy pocas veces aportaban algo. De todas
formas, entre risas, regaños y reclamos, María pasaba un día diferente.
Después del desayuno, Víctor recibía algún encargo de su
María: "tienes que arreglar el piso que quedó pendiente la semana
anterior; la puerta de la calle no ajusta bien, el bombillo del cuarto no
prende, revisa la licuadora que hace mucho ruido, tienes que cambiar el empaque
de la pluma del baño". En fin, eran muchos los detalles a corregir. De esa
lista de espera, alguno terminaba justo a tiempo para oír por radio el partido
de su amado equipo Junior. A las cuatro de la tarde su acostumbrado arroz con
pollo, después a charlar sentados en la puerta; algunas veces, visitar a
alguien, generalmente un enfermo. En la noche veían su película del domingo por
la TV y a la cama. Su reinado había acabado. Ahora la gran visir tomaba el
mando nuevamente.
-Mijo, te hizo falta tejer el fondo de la mecedora que ya
uno no se puede sentar en ella. Tampoco tapaste la gotera de la terraza. Mijo,
la otra semana hay que pagar los recibos de luz y agua.
126
1
Mijo.... ¡Víctor!
- Hummm.
- Mijo, ayer llegaste borracho y hoy por estar hablando con
las muchachas, no te pregunté si hay hierro para esta semana.... ¡Víctor! ¿Hay
hierro?
- Hum.... sí, sí. El ingeniero dijo que hay asegurado hierro
para dos meses.
- Gracias a Dios mijo, porque entonces podemos pensar en
sacar un TV a color nuevo. Esa llaga en blanco y negro ya no da más. Cada vez
que va a empezar la telenovela, tengo que levantarlo a puños. Tú también
podrías comprarte un radiecito nuevo, porque a ese se le va la voz cada vez que
el Junior mete un gol. Víctor... ¡Víctor!
Definitivamente el rey había sucumbido.
Las hojas del calendario fueron pasando inexorablemente. Hoy
el cóndor del acero, o como el título de la canción vallenata "el cóndor
herido" mira hacia atrás, o mejor, hacia arriba y recuerda con tristeza
cómo gran parte de su vida, sus mejores años, los pasó en las alturas, poniendo
la cara a las ráfagas de vientos y la espalda a los rayos solares de este
trópico. Todos los controles de seguridad se dirigían a evitar una caída que
solo tomaba fracciones de segundo para llegar un cuerpo al suelo, pero nadie le
dijo nunca que, desde el cielo caía un peligro mayor
Que, a pesar de
viajar a la velocidad de la luz, tardaría años en mostrar sus efectos.
127
Muchas esperanzas, muchas intenciones se quedaron en el
mundo de lo onírico, pero sus esfuerzos, su labor sigue ahí. Miles de varillas
de hierro. Millones de vueltas de alambre darán testimonio por muchos años de
un cóndor que volaba alto, muy alto, buscando la oportunidad de su vida y que
hoy yace vencido, arrastrando sus alas en busca de un amparo de la seguridad
social del estado.
128
HOMOSEXUALISMO EN MI BARRIO
1
Inicio estos comentarios haciendo una pregunta a mi amable
lector o lectores, pues siempre pienso que alguna vez además de mi mujer quien
a veces se ve forzada, no a leerme, sino a escuchar mis peroratas y darme una
opinión favorable, algún otro me dispense con su amable atención. La pregunta
es: ¿Sabe usted cuándo realmente empezó a envejecer? Permítame y le ayudo
exponiéndole algunos conceptos que me han expresado, quizá usted se identifique
con alguno.
• -El cuerpo me duele mucho y ya no tengo la misma agilidad
de antes.
• -Por mi cabello canoso.
• -Porque me siento realizado tanto familiar como
profesionalmente.
• -Ya soy abuelo.
• -Acabo de jubilarme.
• -Porque veo viejitos a los amigos de mi generación.
• -Ya no levanto el espíritu como antes.
• -Me he quedado medio ciego y torpe.
¿Podría ayudarme usted con una o dos razones más? Estoy
seguro de que sí. Sin embargo, le voy a citar una y estará de acuerdo conmigo
que parece incuestionable: los refranes. Sí. Si usted cita un refrán y su
interlocutor (gente joven, claro está) se voltea y lo mira extrañado es porque
ese
129
refrán perdió vigencia y usted amigo, hace rato que cruzó
para el otro lado.
Así como los refranes van perdiendo vigencia, las palabras
también. Sobre todo, las usadas en dichos o refranes. Por ejemplo: decir
"mi pana", "mi llave" o "mi brother" en vez de
amigo, ya no suena. Decir "man" o “jeva" por hombre o mujer,
tampoco. Decir "mi jovie" por viejo, es estar realmente viejo. Pero
hay una palabra que parece ancestral y que últimamente está en franca
decadencia, o mejor, está cambiando su acepción:
Marica. El
diccionario dice que es un hombre afeminado. A continuación, le doy la
definición vulgar y sus derivados.
- Marica. Persona
que manifiesta su desvío sexual hacia los hombres.
- Redondo. El
mismo marica pero que es recatado, se casa y tiene hijos, pero se le moja la
canoa, especialmente cuando está con tragos.
- Mariqueta.
Persona marica y maluco que se pega sus arrebatadas para llamar la atención.
- Loca. Sinónimo
de las anteriores.
- Mariquita. Esta
persona no es exactamente un marica, sino una persona que ha sido insultada
(¿Qué es lo que le pasa al mariquita ese?)
- Maricón o
mariconzón. Marica no declarado, o sea, persona medio pendeja (No le ponga
atención al maricón ese).
- Cacorro. En
algunas partes le dicen así al marica, en otras, ese término se aplica al
130
que le hace el amor al marica, o sea, el cigarrón. Sí, así.
El cigarrón colorao, como el porro sabanero, aunque en este caso sería cigarrón
amarillo, porque de ese color queda después de su faena.
Hay otros nombres como "mariposa",
"Florindo", "floripondio", etc.
También vale aclarar lo siguiente: usted puede hacer o decir
mariconadas sin que necesariamente sea marica, pero si usted hace mariconerías,
entonces quiere decir que se le moja la canoa.
En una ocasión en que me dirigía a buscar el bus de regreso
a casa, presencié una escena protagonizada por un personaje que no conocía y
que me dejó perplejo: una loca loca. Raro ¿verdad? O sea, un homosexual
deschavetado, porque si le digo una loca arrebatada lo confundiría.
2
En mi niñez, tiempos ha ya, conocí un marica y puedo
asegurar que nunca lo relacioné con el sexo. Lo vi unas tres veces y tanto a mí
como a mis compañeros solo nos causaba curiosidad por sus ademanes y modo de
hablar, pero siempre a prudente distancia.
En ese entonces en mi pueblo, Montería, el psicólogo era un
espécimen desconocido. Los padres se valían de la malicia indígena, que no daba
doctorado, pero si solucionaba sabiamente las cosas. Los padres nunca hablaban
de sexo con sus hijos.
131
Ese vacío los suplía los tíos y las tías por cuya línea las
cosas eran más flexibles. Así los hermanos mayores se enteraban de que ese tipo
de sexo era malo. Estos hermanos pasaban la información a los adolescentes y
estos a los niños. Así supe que eso era malo, incluso el sexo oral, porque ese
tipo en estado de excitación podría soplar a uno por ahí y ese aire le
reventaría las venas y los órganos.
En ese entonces los jóvenes entraban a la vida mundana a los
dieciocho años o más. Esas residencias que proliferan hoy día no se conocían.
Los novios se citaban en los pajonales o en los platanales, o en casa de alguna
celestina del barrio. Los más jóvenes que se acercaban al desarrollo o que ya
podían demostrar que lo habían logrado, no conocían esas artimañas de los
adultos. Para ellos tener una novia ya era un problema, por todo aquello del
respeto a los padres y a los mayores y el miedo a un castigo por andar en
vainas que aún no le correspondía. Esos chicos en ese trance del desarrollo
eran alimentados con esmero, no fuera que los cogiera debiluchos y se les diera
por dar la vuelta. Eso se tenía como una de las causas (la desnutrición) para
que un muchacho se volviera marica. Entonces ¿cómo bajaban esos chicos la
fogosidad que les imprimía el consumo de tantos bocachicos sinuanos? Fácil, con
María Casquito. Afortunadamente siempre había una o varias damiselas de estas,
cerca del barrio. Antes que usted lance alguna censura, quiero
132
quiero informarle que era otra creencia de que, si no se
evacuaba toda esa carga de vez en cuando, se corría el riesgo de que su
acumulación se le fuera al muchacho para atrás y empezara a mojársele la canoa.
Hoy día las costumbres han cambiado, llegó la liberación
femenina y lo ha trastornado todo, sobre todo en lo que toca a su liberalidad y
por eso el mejor negocio en pueblos y ciudades son las "residencias".
Y de verdad que las costumbres han cambiado, porque en todos esos pueblos y
veredas usted no encuentra una burra ni para remedio, quiero decir, para ir a
buscar un remedio. Todo por la bendita moto.
Volviendo a los chicos de ahora, ellos se alimentan más o
menos bien, tienen una dieta balanceada y existen suplementos vitamínicos para
todo el cuerpo o para un órgano en particular. Ahora no tienen que esperar,
escondidos en la casa de la vecina, hasta que la niña se asome por la ventana y
le regale una sonrisa. No, el chico va directamente a la casa y le pregunta a
la mamá ¿Está María? Sí, así, simplemente María. La chica toma al muchacho por
la mano y lo lleva a su cuarto, no sin antes advertirle a la mamá que no la
molesten pues va a estar ocupada con su amigo.
133
Yo vine a conocer la minifalda ya adulta. En mis años
juveniles las chicas usaban la falda cuatro dedos debajo de la rodilla y uno
hacia uso de muchas argucias para darse una idea de lo que había debajo de
tanto trapo, utilizando como ya dije la malicia indígena.
Con tantos años encima y tantas experiencias vividas, puedo
decir que hay tres tipos de vulvas: una pulposa y ancha, otra plana y muy atrás
y otra delgada y alta. Así que, en aquel entonces, recurríamos a algunos
indicios, por ejemplo, la nariz. Si era fileña caía en el tercer grupo. Si era
de puente alto con cornetes soplados, correspondía al primer grupo y si era de
puente bajo y cornetes aplastados, del segundo grupo. También nos guiábamos por
los tobillos que pueden ser cortos y delgados, cortos y gruesos y muy
alargados. Otra forma de constatar la cosa (así, literalmente) con más
fidelidad era metiendo mano, siempre y cuando hubiera la oportunidad, la
confianza y la osadía.
A propósito, citaré un verso de una décima que encontré en
el libro "El Camajón" de mi hermano Lelis Movilla Bello: "Desde
lejos se conoce la mujer de crica chiquita, porque tiene el cuello largo, los
tobillos secos y la cintura delgadita".
Cuando no estaba ese esperpento de edificio de la Caja
Agraria en el Paseo de Bolívar de Barranquilla, la brisa circulaba plena por
todo el Camellón Abello y uno recordaba el disco "Brisas de
Diciembre" de Rufo Garrido y su orquesta que dice: "Diciembre llegó
con su ventolera
134
mujeres y la brisa está que llena el mundo de
placeres..." Era todo un espectáculo cuando la brisa levantaba faldas
junto con pollerines y todo. Después que la dama controlaba su impetuosa falda
y pasaba junto a uno, le decíamos: "sopla brisa que es tu tiempo" Y
algunas se volteaban y contestaban: "¿Qué haces con ver si no vas a
comer?".
Esas escenas también eran comunes en la avenida primera de
Santa Marta, o en el Camellón de los Mártires, la Torre del Reloj yen frente
del Circo Teatro de Cartagena.
3
En aquellos años comíamos de todo pues había de todo:
verduras, cereales, frutas, carnes y pescados. Algunos con más poder
adquisitivo que otros. En los ventorrillos o tiendas esperaban que los
campesinos descargaran sus productos recién cosechados, o que las arroceras
terminaran de pilar el arroz, o que los expendios y piedras del mercado
descuartizaran las reses y cerdos a tiempo. La leche se compraba en la puerta
de la casa directamente de las cantinas del lechero. El pescado se consumía
mucho más en época de subienda y solo se comercializaban los que superaban
ciertas medidas.
En tiempos difíciles, que también los había, bien podía la
persona tomar el anzuelo y pescar un par de mojarras peña, un moncholo o sacar
del
135
barro una docena de cacuchos o coroncoros, También podía
tomar la escopeta y cazar un venado, o bien un ñeque, un armadillo o una docena
de palomas torcazas.
Ahora también hay de todo y mucho más, como los chitos,
tajaditas y trocitos picantes, quisquillosos y hasta explosivos. La producción
agrícola, pecuaria y pesquera también se da y con mayor abundancia, pero esa
producción hay que almacenarla o guardarla para dentro de seis meses o más, por
lo que hay que producir más y aprisa.
El almacenamiento de alimentos exige procesos de conservación,
los cuales se logran utilizando productos químicos y fenómenos físicos como el
control de luz y temperatura. En algunos casos como el del guineo se usa
carburo para aligerar el proceso de maduración. El aseo, mantenimiento y
asepsia también exige el uso de productos químicos.
Ya los puercos, las gallinas, las vacas y los peces no
pueden andar por ahí a su libre albedrío (?). El pobre cerdo ya no sabe qué es
hociquear por ahí y robarse una yuca en la rosa del vecino, ni darse un
refrescante baño antiséptico en una charca.
Cuánto daría un pollo por conocer lo que es la noche, cantar
en una madrugada o practicar el racatapunchinchín. En sus días de veinticuatro
horas solo puede observar cómo sus muslos y trasero crecen tan aceleradamente
sin que nunca haya probado una lombriz de tierra cual
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delicioso espagueti napolitano.
Las vacas viven aburridísimas y sin explicarse por qué la
vida les ha deparado tan triste destino. Ella observa con nostalgia cómo su
compañero se pavonea exhibiéndose de feria en feria, mostrando un potencial que
ya no ejerce y añora a aquellos momentos en que tenía que dar dos pasos para
que no le puyaran el corazón. Ya eso pasó a la historia, ahora solo siente el
molestoso brazo del zootecnista que ni siquiera es capaz de menearlo cuando la
insemina. Pero si de eso hablamos hay que decir que el toro también vive su
tormento. Muy bonito y muy majo, siempre rozagante y padre de muchos rebaños y
él se preguntará: "¿Y en qué momento si no recuerdo haber montado una
vaca? Y no me van a salir con el cuento de que de un frasquito salen terneros
brincando debido a las caricias que me hace el zootecnista".
Los peces ya no salen a pasear, ya no tienen oportunidad de
remontarse río arriba o de solazarse en una laguna o pasar un delicioso y
nutritivo rato al frente de una desembocadura de alcantarilla o un basurero. Su
vida ahora es un carrusel, donde gira y gira en un pozo esperando el manipulado
alimento. Antes la leche era tan nutritiva que a veces hasta traía uvas pasas,
bien gordas las condenadas... ¡y no por eso subía el precio! Ahora no, la leche
es descremada, homogenizada, pasteurizada, deslactosada y otro poco de cosas
para que dure más días y sea tipo "Light". La verdad yo no
137
entiendo eso. El ganadero se queja de que no llueve, por lo
que no hay pasto y las vacas están flacas y no dan suficiente leche ¿Y para qué
carajos las quieren gordas si después les toca quitarle la grasa a la leche?
Allá en mi pueblo y en mis años hermosos, perdón, mozos, ¡o
ambos, qué caray! Había dos cosas que nos eran vedadas, no podíamos comer la
paloma casera y la fruta llamada chirimoya. La paloma casera porque era como un
símbolo de la fertilidad y la prueba es que las recién paridas, y durante la
purga, se tomaban cuarenta sopitas de pichón y quedaban listas pata encargar el
siguiente muchacho. Los varones también comíamos palomas, pero muy de vez en
cuando, no fuera que nos pusiera a cantarle currucucú a los palomos. Pero la
chirimoya no, ni de vainas. El solo hecho de ver un muchacho comiendo esa fruta
era suficiente para considerarlo marica, sin esperar que se manifestaran los
efectos que decían que ella producía.
Entonces, amigo lector, iré redondeando el cuento. En
aquellos tiempos en mi pueblo y en todas partes, creo yo, comíamos de todo, con
las excepciones ya citadas. Eran alimentos frescos y puros, es decir, teníamos
un cuerpo sano. En cuanto a la parte psíquica también éramos muy equilibrados,
a pesar de tan rigurosas restricciones tanto en el vestir como en las
relaciones amorosas y aún maritales. Sin embargo, los jóvenes tenían
138
oportunidades de descargarse de tantas emociones como ya
vimos. Pero si todo se complicaba todavía quedaba un recurso, tanto para los
chicos como para las chicas: "el carrito de manos". Masturbarse no
era un pecado, o al menos así le dijo un cura a un chico que se confesaba con
él y al que alguien le había dicho que eso era malo y que si lo seguía haciendo
le iba a salir un pelo en la mano. El cura le dio la absolución y le dijo a su
vez que no se preocupara, que si eso era verdad entonces le daría la bendición,
no con la mano, sino con una brocha.
Es por eso por lo que una "loca" era un personaje
bastante raro entonces. Locos sí había, porque pueblo que se respete debe tener
su propio loquito, cuya locura debía buscarse por otro lado y no en la
alimentación ni restricciones de las comentadas. En cuanto a los depravados
jamás tuve conocimiento de ellos y vine a saber de su existencia a finales de
los años sesenta o comienzo de los setenta, cuando un demonio apodado "el
sádico de los charquitos" o "el monstruo de los mangones", violó
y asesinó a una niña llamada Liliana, hija de una prestante familia
barranquillera.
En este punto quiero dejarle una inquietud: ¿Por qué esos
personajes eran tan raros en aquellos tiempos? Como ya dije, hasta el momento
en que salí de mi pueblo, solo había visto un personaje de estos. Durante el
tiempo que permanecí en Cartagena no conocí ninguno, pero cuando
139
llegué a Barranquilla sí que conocí muchos. Recuerdo los
carnavales por allá en la década de los sesenta en el Paseo de Bolívar, lugar
de su epicentro. Desde la carrera 39 hasta Cuartel o carrera 44, se ubicaban
las casetas-cantinas, cada una con su picó. Con frecuencia se formaban en esos
sitios tremendas peloteras y llegaba la policía a detener a un tipo que daba
trompadas a una linda chica, a quien los agentes de policía descubrían que era
un marica que había dado tremenda "muelera" al energúmeno Don Juan.
En estos sitios pululaban estos personajes tanto locales como de la ciudad de
Cali, de donde se decía que eran los más bonitos y elegantes. Desde entonces y
clandestinamente se celebraba ya el reinado gay de Barranquilla. Yo lo
presencié una vez pues vivía a unos tres locales del sitio donde se celebraba,
"Bar El Recreo", en la carrera 40 (La Paz) con calle 35 (San Juan)
sitio ocupado hoy por un almacén Ley. De un episodio ocurrido ahí fue que
apareció el chiste donde un marica narra un desfile gay, así: "...la
siguiente candidata luce un varonil conjunto verde, con gorra del mismo color y
un curioso bastoncito. Le sigue otra candidata igualmente vestida y luego otra
y otra... ¡Ay, corran niñas que es la policía!" No cualquier persona
lograba entrar ahí, el acceso era muy restringido porque muchos personajes de
la ciudad participaban del reinado. Yo pude lograrlo porque conocía
140
varias muchachas meseras y me camuflaron como mesero. Pero
en ese entonces estaba recién llegado a la ciudad y solo conocía a mis alumnos.
4
Así fueron pasando los años y yo veía cómo estos personajes
aparecían por todas partes. Se reproducían como la verdolaga y cada vez eran
más audaces. Parecería como si alguien los guiara quien sabe con qué
intenciones. Lo primero que hicieron fue apoderarse de las peluquerías
desapareciendo a los pobres peluqueros con su cuento del Style y el Unisex ¿Qué
significa unisex? ¡Pues que el sexo de ellos debe ser el único! Ese sitio, la
peluquería, era el lugar más varonil en cualquier pueblo o ciudad. Luego
siguieron con los sastres y las modistas. Estos dos personajes eran muy
solicitados para navidad, año nuevo, Semana Santa, fiestas patrias, fiestas
patronales, bautizos, cumpleaños y matrimonios, pero ellos los desaparecieron.
Ahora son ellos los que imponen la moda y lo segundo que hicieron fue abolir el
"huevoloco" y nos impusieron las tangas, los boxer y las tangas
narizonas dizque para que las hembras nos vieran más sexy ¡Mentiras! Ellos lo
que quieren es degenerar nuestra especie. La naturaleza es muy sabia, ella
dispuso que cuando hiciera calor los escrotos se alargaran alejando los
testículos del exceso de calor de
141
nuestro cuerpo y, por el contrario, con el frío se
encogieran y los acercaran al calor del cuerpo. De esa forma el espermatozoide
en los testículos conserva su temperatura normal. Para hacer esto posible se
usaban los pantaloncillos huevolocos que permitían la libertad de los huevos.
En cambio, las tangas, narizonas o no ¿Qué hacen? Mantener las pelotas
presionadas todo el tiempo contra el cuerpo, así la esperma se trastorna.
Podremos tener hijos, pero con esa leche aguada de seguro que alguno de los
hijos va a engrosar sus filas.
Por eso digo, ojo
señores, que estos tipos algo se traen entre manos. Poco a poco se han ido
apoderando de todo. Son como una plaga.
Yo me mudé del centro donde vivía y les perdí el hilo por un
tiempo. Después, por cuestiones de la vida, me tocó trabajar como mesero y me
topé otra vez con ellos y... ¡cosa tan grande! Esta gente cómo ha progresado.
Simultáneamente con este progreso y muy subrepticiamente se fue desarrollando
otro grupo que yo no conocía: las lesbianas.
Estos dos grupos han hecho causa común y ahora sí, amigo
mío, póngale atención a la jugada, porque estas personas tienen más contactos
que la Internet y han escalado (¿o socavado?) todos los estamentos de la
sociedad.
Si bien las lesbianas se han identificado con los maricas,
en el fondo son muy diferentes. Ellas son incisivas, lanzadas, frenteras. Casi
me
142
atrevería decir que dominan al otro grupo, y en su razón de
ser, como que se consideran superiores.
Permítame otra vez, amigo lector, hacerle estas preguntas:
- ¿Cómo puede un simple peluquero o empleado de almacén,
gastar tanto dinero los fines de semana?
- ¿Cómo puede un marica gastar tanto dinero en tratamientos
hormonales y disfraces? Porque trabajan, o son ahorrativos, o las familias los
ayudan. ¿Son esas sus respuestas? ¡No, amigo mío! ¡No, no! Son los contactos
¡contactos! Si ellos solicitan un préstamo bancario lo consiguen pronto. Que un
certificado de cámara de comercio, tesorería o NIT, eso es ya. Contacto, amigo.
Contacto. Estas personas están en todas partes: en la política, en el comercio,
en los cargos públicos, en las empresas privadas, en el magisterio, en la rama
judicial, en las fuerzas militares, en el deporte, en la radio, en la
televisión, en la iglesia, en la farándula, en el periodismo, en la banca, en
las artes, entre los bomberos, cruz roja, defensa civil, en el mercado, en el
bajo mundo, en la gente pupi, entre los sisbenizados, en las universidades y
colegios de bachillerato, en las alcaldías, asambleas y en el congreso. Quién
sabe si de pronto hemos tenido un presidente así, porque hay rumores.
¿Pero, de dónde salió
tanta gente de esta clase? ¿A qué se debe tan singular explosión
143
demográfica? Creo que usted recordará que ya lo dejé
entrever. Sin embargo, le comentaré lo siguiente: a finales de los años
cincuenta o comienzos de los sesenta, llegó a Colombia y hasta allá por mi
pueblo, una entidad gringa llamada "Cuerpos de Paz" que creo formaban
parte del programa Alianza para el Progreso del presidente John F. Kennedy y a
través de escuelas y parroquias repartían algunos alimentos como leche,
nutricia y queso amarillo a las gentes más necesitadas. A poco se regó el rumor
de que esos productos venían arreglados con sustancias químicas para evitar la
procreación y así controlar la población del país. Se comentaba también que ya
en Centroamérica se había practicado ese sistema y que hasta los calderos
expedían sustancias raras al momento de preparar el arroz. Y yo me decía que
eso era posible, que no tenía nada de raro y eso que entonces no había ese
adelanto biotecnológico de ahora. Estoy seguro de que era cierto. Pero hay más.
Me propuse hacer una encuesta a unas cien personas sobre algunos hábitos
alimenticios desde hace unos treinta años, en asuntos como estos:
- ¿Cuál es la carne que más consumían los fines de semana,
especialmente los domingos? - ¿Qué acostumbraban a darle de merienda a sus niños
en sus loncheras?
- Además de la leche materna ¿qué otro alimento consumía su
bebé?
144
En la primera respuesta el porcentaje a favor del pollo fue
abrumador: el 70%. Le siguió el cerdo con un 20% y el pescado con un 10%. Y fue
fácil comprobarlo preguntándole al tendero qué día de la semana vendía más
pollo y también en los restaurantes de chinos. En la segunda respuesta el mayor
porcentaje fue para los chitos con cocacola. En la tercera fue para compotas y
gelatinas. Todos estos productos procesados. Recuerde que los pollos se
asombraban al ver que sus muslos y traseros se engordaban con tanta rapidez
después de esas inyecciones para el crecimiento, que en cuarenta y cinco días
logran los efectos que Natura programaba para seis meses ¿Y recuerda también el
principio que dice que la energía no se destruye, sino que se merienda? Pues
mire qué transformación se está realizando en las nuevas generaciones. Aunque a
veces me asalta la duda ¿Si ese consumo camuflado y sistemático de hormonas
para el crecimiento es causante de esa proliferación de homosexuales, por qué
personas chaparras como yo, que hemos hartado tanto pollo, no hemos crecido
nada ni, afortunadamente, sentido inclinación rara? ¿Será por aquello de que
loro viejo no da la pata?
145
5
Voy a contarle algunas cosas acerca de los homosexuales...
¡Caramba! Cambié sin querer la palabra marica. Bueno, hay que actualizarse. Ya
dije que trabajé como mesero en un estadero y cerca de ahí funcionaba también
un estadero de homosexuales y lesbianas. Donde yo trabajaba era un
establecimiento público y no se reservaba el derecho de admisión, así que estas
personas llegaban ahí antes de llegar al local de ellos o cuando salían. Es por
eso por lo que pude analizarlos y conocerlos un poco.
Tanto maricas como lesbianas son homosexuales, conforme
define el diccionario este término: persona que siente atracción por las
personas de su mismo sexo. Pero tienen profundas diferencias. Por ejemplo, la
pareja de marica con marica, aunque parezca extraño, es muy rara porque estará
conformada por un marica y un redondo y estos, como dijimos, son los maricas
recatados que incluso tienen mujer e hijos. Ellos no necesitan consolador pues
tienen sus miembros viriles, pero a algunos no les agrada mucho tener que
utilizarlo, por lo cual se ven obligados, los maricas pasivos, a buscar los
servicios de un cigarrón. No se incomode por esta palabra porque la verdad no sé
dónde ubicar a estos tipos. Heterosexuales no son porque así se definen las
personas que tenemos inclinaciones por el sexo opuesto, es
146
decir, hombre con mujer y mujer con hombre. Homosexual
tampoco son porque no se "dejan", digo yo ¿Degenerados? Tampoco,
porque si bien lo son, no lo definen correctamente ¡Entonces, cigarrón! ¿O
mejor, cacorro?
Las lesbianas tienen subdivisión: unas son hembras y otras
son "machos". La inclinación de una mujer a uno u otro grupo es
importante porque eso conlleva responsabilidades y derechos como en el
matrimonio heterosexual. En la relación el macho se coloca un miembro viril
artificial. Me contaron que se está diseñando uno que, como los edificios y las
tarjetas, es inteligente. Detecta el momento del clímax y eyacula (peligroso
artefacto este como, al momento de cargarlo, confundan la materia eyaculante
con colbón)
Estas diferencias comentadas es lo que me hace creer que las
lesbianas se creen superiores a los maricas. Sí, porque con algunas
excepciones, la hembra lesbiana es pasiva y poco exigente. En cambio, la pareja
del marica siempre es un vividor que lo lleva al “rompe”.
Si el marica no tiene pareja, un sábado por la noche se pone
su mejor gala y empieza la cacería. Pero si no consigue nada y ve que avanzan
las horas de la noche, entra en desespero y agarra cualquier cosa (cigarrón).
Ahí es donde pierde y tiene que humillarse y denigrarse. Cosa que no pasa con
la lesbiana macho. Si ésta no tiene pareja, también sale de cacería y si no
consigue nada, algunas de ellas,
147
tienen la opción de un heterosexual ¡o del mismo cigarrón!
Porque dentro de este grupo también hay "redondas".
Voy a ampliar el asunto de la cacería porque también marca
diferencia en la superioridad de las lesbianas sobre los maricas. El marica,
por ser como es, está estigmatizado por la sociedad. Por eso le es tan difícil
conseguir pareja porque los heterosexuales los van "abriendo de una".
Aún no son aceptados tan fácilmente. En cambio, la lesbiana macho se camufla
con facilidad y ese primer impacto, ese primer sablazo con la potencial pareja
no es tan chocante como en el caso del marica. Cuando el marica hace sus
primeros lances de conquista lo hace con timidez y mucha cautela, él sabe que
si se equivocó de presa se puede llevar su muñequera. En cambio, la lesbiana no
tiene este problema, si se equivocó pues busca otra víctima o se queda quieta.
Por eso esta mujer es tan incisiva, tan tenaz. Cuando suelta los perros lo hace
en firme, con osadía y con una desenvoltura que envidiaría el mejor Don Juan.
¿Y qué sucede cuando ya consiguen pareja? Pues estas
personas muestran una capacidad de afecto interesante. Aman tan intensamente
como los heterosexuales, muestran la misma felicidad de éstos y viven las
mismas pasiones y vicisitudes de las parejas. También son celosos y... ¡Carajo,
cachooones!
Si el consumo de droga en un sector de la población se
pudiera medir en porcentajes, por
148
lo que he visto no habría ninguna diferencia entre el
consumo en homosexuales y heterosexuales. En cuanto a las enfermedades de
transmisión sexual, no me atrevo dar ninguna opinión. Pero sí comentaré sobre
la proliferación de estas personas., ya eso es una pandemia aquí en la ciudad
donde vivo y estoy seguro de que en todo el país. Las autoridades
gubernamentales y la sociedad no tienen ni idea de las proporciones de este
fenómeno. Creo no pecar si digo que en un grupo de diez jóvenes es seguro que
usted detectará un homosexual. Por supuesto que un marica porque estos por sus
gestos y por su entonación se hacen más evidentes que las lesbianas.
Comentaré aquí anécdotas ocurridas en el local donde
trabajaba.
- Llegó una señora de unos cincuenta años aproximadamente,
muy hermosa y muy elegante. Se veía que era toda una dama. Llegó acompañada por
dos chicas y pidió tres cervezas. Una de las chicas, de unos treinta años,
hermosa y con un cuerpo espectacular se paró a bailar junto a la dama e hizo
unos pases muy buenos. En otra mesa estaban tres tipos libando. Uno fue hasta
la chica, la invitó a bailar y ella no aceptó. El tipo se retiró y desde su
silla la seguía mirando con ojos de ternero degollado y eso no le gustó a la
señora y le dijo a la chica que se sentara. La chica siguió bailando. La
señora, ya con cara y tono de sargento, le dijo "¡Te dije que te sentaras,
no joda!". Caramba, si la mujer
149
de uno obedeciera así cuando le decimos algo.
-En una mesa departía un tipo con su novia y una amiga. Ésta
tomó su cerveza y se fue para la barra. Me dijo que se sentía incómoda y que
quería bailar. Me pidió música salsa. Al momento llegó una chica muy linda a la
barra y se quedó mirando a la morena que bailaba. Yo enseguida me la pillé,
porque la lesbiana macho siempre deja al descubierto algún detalle que la
delata, o más bien, para que otras las puedan identificar. Usan un jean holgado
con camisa manga larga, o cruzan una pierna al sentarse, pero no como las
mujeres sino como los hombres y empiezan a jugar con los cordones. En la mesa
se sientan rectas y cruzan los brazos, o bien apoyan los codos sobre la mesa.
Sonríen y solo voltean la cabeza hacia la persona que le habla. A la lesbiana
hembra nunca pude detectarle indicio alguno, se comportan normalmente.
Bueno, la chica me dijo que le diera una cerveza a la morena
que bailaba sola. Ella me preguntó y le dije quién se la enviaba. Al rato otra
cerveza. La lesbiana fue al baño y la morena se me acercó: "Oye y esa chica
qué, me pica el ojo y me hace señas". Es lesbiana, le contesté. ¡Qué! Dijo
con asombro. "Se va a mamar un botellazo". Y se fue a su mesa.
-En otra ocasión entró un marica y una lesbiana y pidieron
cervezas. Al rato empezaron a besarse y darse la lengua (Las caricias si las
prohibíamos a estas personas en el local). Llamé al compañero
150
y le dije: Ahora sí nos jodimos, Sodoma y Gomorra unidos.
Hay algo que me
intriga de las lesbianas: ¿Cómo hacen para aguantar tanto licor? Las he visto
con algunos incautos heterosexuales que creen que van a coronar y se llevan
tremenda “muelera”. Lo mismo sucede con algunos travestis.
Quiero dejar un punto bien claro: yo respeto como personas a
los homosexuales: maricas y lesbianas. No comparto sus desviaciones o inclinaciones
sexuales o como se llame eso, pero tampoco los censuro, al fin y al cabo, hay
que tener respeto por el libre albedrío y libre desarrollo de la personalidad.
Lo que sí puedo es expresar mis temores, mis preocupaciones. En primer lugar,
por no entender cómo llegaron a ser tan prolíferos y en segundo lugar por no
saber qué será de mi descendencia en la segunda generación, porque la primera
creo que ya no dará la vuelta. No, no comprendo eso, no entiendo nada. A mí me
criaron machito y aún soy digno exponente del grupo heterosexual.
El primer marica que conocí creo que no se lo comió ni el
gusano, era viejo y maluco el pobre. Pero ahora... ¡Válgame Dios! Causa
tristeza y a la vez horroriza tanta inverecundia. Ver esa cantidad de
adolescentes que todavía tienen olor a pomada canine en el ombligo
incursionando ya en ese mundo, padres consecuentes que llevan a sus niñas para
que se diviertan mientras ellos esperan departiendo también o regresan más
tarde a recogerlas.
151
6
Finalizo este trabajo transcribiendo un aparte de un
discurso de "Banquete o del Amor" que figura en la obra DIALOGOS de
Platón, donde también aparece (en la primera parte del librito de Editorial
Esquilo Ltda.) "Apología de Sócrates". En la antigua Grecia un tal
Erexímaco había ofrecido la noche anterior una tremenda fiesta y estaban, él y
sus amigos, enguayabados, por lo que resolvieron no tomar sino unas cuantas
copas durante la reunión y dedicarse más bien a componer discursos de alabanzas
a Eros. Además de Sócrates, uno de los invitados era Aristófanes, quién en su
discurso dijo, palabras más palabras menos, lo siguiente:
"En otro tiempo la naturaleza humana era muy diferente
de lo que es hoy..." Decía que había tres clases de hombres: el mismo
hombre de hoy, la misma mujer de hoy y un tercero llamado Andrógino, porque
tenía tanto el sexo masculino como el sexo femenino (como el niño que quería
ser fenómeno y la mamá aburrida con esa cantaleta, le preguntó para qué. Él
contestó: para tener una cosita en esta rodilla y un pipí en la otra y pasar
todo el día chaqui, chaqui, chaqui)
Una característica importante de estos seres es que eran
redondos, o sea, esféricos (no como los que sabemos) y tenían cuatro piernas,
cuatro brazos, un cuello, una cabeza y dos caras. " ...todo lo demás en la
misma proporción. Marchaban rectos como nosotros
152
y sin tener necesidad de volverse para tomar el camino que
querían..." Cuando caminaban rápido sus piernas giraban como los radios de
una rueda. "...eran robustos y vigorosos y de corazón animoso, y por eso
éstos concibieron la atrevida idea de escalar el cielo y combatir con los
dioses..." Zeus y los demás dioses se molestaron. Para castigarlos, Zeus
decidió dividirlos por la mitad, pensando que así, además de castigarles la
insolencia los debilitaría y a la vez tendría más gente que lo alabaran y le
rindieran sacrificios. Además de eso, Zeus los amenazó diciéndoles que si
seguían con su impía audacia los volvería a dividir para que caminaran en un
solo pie. Luego de esto Zeus le ordenó a Apolo que les cambiara la faz para el
lado cortado. Además, Apolo recogió los pellejos del lado del corte y los
amarró como las bolsas de basura o del supermercado, dejando una pequeña
abertura que vino a ser el ombligo. "... hecha esta división, cada mitad
hacía esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y
cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de
entrar en su antigua unidad, con un ardor que unidas perecían de hambre e
inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Cuando una de las mitades
perecía, la que sobrevivía buscaba otra, a la que se unía de nuevo, ya fuere la
mitad de una mujer entera (de la redonda original), lo que ahora llamamos
mujer, ya fuera
153
una mitad de hombre (del redondo original); y de esta manera
la raza se fue extinguiendo...". Zeus entonces se compadeció porque los
órganos genitales quedaron en la parte posterior "... y se concebía y se
derramaba el semen no el uno en el otro, sino en el suelo como la cigarra. Zeus
puso los órganos en la parte anterior y de esta manera la concepción se hace
mediante la unión del hombre y la mujer, el fruto de esta eran los hijos; y si
el varón se unía al varón, la saciedad los separaba bien pronto y los restituía
a sus trabajos y demás cuidados de la vida. De aquí procede el amor que tenemos
naturalmente los unos a los otros (así que eso de "amaos los unos a los
otros" es más viejo de lo que parece); Él nos recuerda nuestra naturaleza
primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos mitades y para restablecernos a
nuestra antigua perfección. Cada uno de nosotros no es más que una mitad de
hombre, que ha sido separado de un todo como se divide una hoja en dos. Estas
mitades buscan siempre sus mitades. Los hombres que provienen de la separación
de estos seres compuestos que se llaman andróginos, aman a las mujeres; y la
mayor parte de los adúlteros pertenecen a esta especie (los cachones), así como
también las mujeres que aman a los hombres y violan las leyes del himeneo (las
cachonas). Pero a las mujeres que provienen de la separación de las mujeres
primitivas (las redondas) no llaman la atención a los hombres y se inclinan más
a las mujeres
154
(las lesbianas). Del mismo modo los hombres que provienen de
la separación del hombre primitivo buscan el sexo masculino (maricas).
"... sin razón se les echa en cara que viven sin pudor, porque no es la
falta de esto lo que los hace obrar así, sino que, dotado de almas fuertes y
valor civil, buscan sus semejantes y les prueba que con el tiempo son más aptos
que los demás para servir al Estado (Uunju. Ojo con los funcionarios altivos,
autoritarios, bravucones. Uunju). Hechos hombres a su vez aman a los jóvenes, y
si se casan y tienen familia, no es porque la naturaleza los incline a ello,
sino porque la ley los obliga".
A continuación, mostraré algunas de las encuestas que
realicé entre homosexuales, tanto maricas como lesbianas.
155
Maricas
NOMBRE O ALIAS ---------------------
EDAD 49 - PROFESION peluquero
ESTUDIOS: Prim. X Sec.
X Univ. X Otro
- ¿A qué edad comprendió que era homosexual?
- ¿A qué edad decidió vivir públicamente como tal? Toda
la vida
- ¿Sus familiares aceptaron eso? Sí x No Algunos
- ¿Sus amigos aceptaron eso? Sí X No Algunos
- ¿Quiénes fueron más comprensivos? Los varones X Las hembras X
- Si usted es empleado ¿Lo discriminan por eso Sí No x
- ¿Quién lo discrimina más? Los jefes Los compañeros Los clientes
- Si usted es travesti ¿Los días de semana también viste
así? No X Siempre A veces
- Tiene usted pareja: Permanente casual Ambas cosas
- ¿Le es fiel a su pareja? Sí No
-Si una mujer le coquetea: La ignora La acepta
Le molesta
- Es usted homosexual: ¿Pasivo? ¿Activo?
- En plena actividad sexual, usted siente satisfacción: Solo
anal Satisfacción and y excitación
frontal_
- Si siente excitación frontal ¿Cómo se satisface? Penetra a
la pareja x Se masturba
156
masturba Se conforma
- ¿Por qué cree usted que es homosexual? Por desorden
hormonal Por herencia Por influencia Lo
absorbió el ambiente por el diablo
- Atendiendo a su condición de homosexual, desearía: Seguir
así Ser mujer definitivamente No le importa Hombre
- Viviendo en esa condición, es usted: Feliz Infeliz
No le importa x
Nota: Como podemos ver, esta persona no fue honesta con las
respuestas y, además, no entendió el formulario. No parece haber cursado todos
los estudios que dice haber hecho.
Maricas
NOMBRE O ALIAS Luisa EDAD 23 PROFESION estilista ESTUDIOS: Prim. Sec. Univ. X Otros
- ¿A qué edad comprendió que era homosexual? 10 años
- ¿A qué edad decidió vivir públicamente como tal? 14
años
- ¿Sus familiares aceptaron eso? Sí X No Algunos
- ¿Sus amigos aceptaron eso? Sí X No Algunos
- ¿Quiénes fueron más comprensivos? Los varones Las hembras X
157
- Si usted es empleado ¿Lo discriminan por eso? Sí No X
- ¿Quién lo discrimina más? Los jefes Los
compañeros Los clientes
- Si usted es travesti ¿Los días de semana también viste
así? No Siempre X A veces_
- Tiene usted pareja: Permanente X casual Ambas cosas
- ¿Le es fiel a su pareja? Sí No X
- Si una mujer le coquetea: La ignora X La acepta Le molesta
- Es usted homosexual: ¿Pasivo? X ¿Activo?
- En plena actividad sexual, usted siente satisfacción: Solo
anal Satisfacción anal y excitación
frontal X
- Si siente excitación frontal ¿Cómo se satisface? Penetra a
la pareja Se masturba
Se conforma X
- ¿Por qué cree usted que es homosexual? Por desorden
hormonal X Por herencia Por influencia Lo
absorbió el ambiente
- Atendiendo a su condición de homosexual, desearía: Seguir
así X Ser mujer definitivamente No
le importa
- Viviendo en esa condición, es usted: Feliz X Infeliz No le importa
Nota: esta persona se muestra más veraz y colaboradora.
158
Lesbianas
-NOMBRE OALIAS Ana Milena
EDAD 27 años PROFESION
Administradora de empresas. ESTUDIOS: Prim. Sec. Univ.
X Otros
- ¿A qué edad comprendió que era lesbiana? 16 años
- ¿A qué edad decidió vivir públicamente como tal? 18 años
- ¿Sus familiares aceptaron eso? Sí No Algunos X
- ¿Sus amigos aceptaron eso? Sí No Algunos X
- ¿Quiénes fueron más comprensivos? Los varones X Las
hembras X
- Si usted es empleada ¿La discriminan por eso? Sí No Algunos X
- ¿Quién la discrimina más? Los jefes X Los compañeros Los clientes
- Tiene usted pareja: Permanente X casual Ambas cosas
- ¿Le es fiel a su pareja? Sí X No
- Si un hombre la piropea: Lo ignora Lo
acepta X Le molesta
- En la pareja es usted: El macho _ La hembra X
- ¿En la actividad sexual piensa que el consolador debe ser
un miembro viril real? Sí _No Le es
indiferente X
- ¿Si usted hace de macho, en pleno acto, desea que la
penetren también? Sí No_ A
veces - Si desea la penetración ¿Qué prefiere? El consolador un
miembro real Le es indiferente X
159
- Para ambas, macho y hembra ¿Le hace falta la eyaculación?
Sí No Le es indiferente X
- ¿Por qué cree usted que es lesbiana? Por desorden hormonal
Por herencia Por influencia Lo
absorbió el ambiente X
- Atendiendo a su condición sexual, usted desearía: Seguir
así X Ser
hombre definitivamente No le importa
- Viviendo en esa condición, es usted: Feliz X Infeliz No le importa
Nota: Parece que respondió con sinceridad. Cuando yo conocí
a esta chica parecía hembra, pero en otra ocasión la vi acompañada y comprobé
que era macho. En su respuesta reconoce ser hembra.
160
Introducción
Hoy debo comenzar nuevamente mi propósito de escribir un
libro sobre mis vivencias a lo largo de estos 54 años. Es una idea que venía
madurando desde hace mucho tiempo pero que por los trajines de mis compromisos
nunca pude organizar y muchas veces perdí los papeles donde tenía algunos
apuntes.
Quiero hablar sobre el por qué he escrito este libro.
Indudablemente estoy muy agradecido con mis padres por haberme traído al mundo
y más que todo, por la época en que lo hicieron. Sé que no estoy descubriendo
el agua tibia (que me hubiera gustado descubrirla) pero hay muchos detalles,
cosas aparentemente triviales que, si nos fijamos un poco, nos ponen a pensar.
Por ejemplo: que chévere es cepillarse los dientes después de cada comida o
antes de salir a la cita ¡Oh, que frescura! En mi infancia nos cepillábamos con
tallitos de limón. Cortábamos una ramita, le masticábamos la punta hasta
hacerla una brochita y listo. Eso nos lo enseñó papá.
Si alguna vez alguien, además de mis familiares, lee estas
"parrafadas", no piense que las escribí el siglo antepasado, no, yo
soy modelo 48. Lo que pasa es que nací en el momento más fulgurante de la
humanidad (pienso yo). Y no solamente eso, sino, por el lugar donde lo hice,
las partes donde he vivido, las cosas que he hecho y he visto. Porque un
neoyorquino o un bogotano
161
de mi época habrá visto cosas más extraordinarias, pero
¿sabrá que, si le rasca la barriga a una puerca, esta se echa mansamente a sus
pies? ¿Sabrá que, si le rasca el lomo a una burra con un palito, ella se menea
como bailando el hula hula? ¿Cómo que eso para qué? ¡Pues para irla
domesticando!
Muchas personas de mi época nunca salieron de su pueblo y no
vieron ni supieron de muchas cosas que sucedían. ¿Cuántas de ellas morirían sin
saber que el hombre pisó la luna? Yo he tenido la fortuna de vivir y dar
testimonio de esos dos mundos, el del campo y el de la tecnología, por eso he
escrito este libro y lo he dividido en dos partes, así: en la primera parte
hablaré sobre los adelantos tecnológicos que yo he visto y la segunda parte
será sobre mi vida.
162
Capítulo I
Los adelantos tecnológicos.
La Radio. El
primer radio que vi fue uno que llevó papá a la casa, marca Grunding de
fabricación alemana y de tubos. De él tengo dos recuerdos bien guardados. Uno,
que a pesar de la poca potencia de salida - hoy lo sé, unos cinco vatios - mi
hermano Eduardo y mi hermana Eira se las ingeniaban con frecuencia para
organizar bailes con sus compañeros de estudio y del barrio. La sala se
llenaba, unas ocho parejas a pesar del poco volumen. El otro recuerdo se
refiere a mi primer contacto con la electricidad. Al radio se le partió la pita
(el dial) y para cambiar de emisoras le metíamos la mano por detrás para mover
el variable, el que sintoniza las emisoras. Un día metí mi mano confiadamente y
¡tenga! La patada más grande del mundo; caí contra la pared, el brazo me ardía
y no sé en qué momento se me engordó tanto la lengua porque sentía que no me
cabía en la boca; no pensaba en nada ni veía nada a pesar de que tenía los ojos
abiertos ¡Y pensar que después de esta experiencia estudié electrónica!
Ya trabajando en electrónica conocí muchos radios a tubos en
el almacén y taller del señor Eduardo Marchena, en Barranquilla, donde
trabajaba arreglándolos; marcas prestigiosas como la alemana Hallykrafter y la
Aercraf; RCA
163
Víctor, Philips y otras. Estos radios eran multibandas (onda
local y onda corta) y muy buenos. En ese entonces estaba muy de moda la onda
corta, que cubría un ancho de banda de unos 22 Mega hertz, va desde 2.7 hasta
22 Mhz. Los receptores eran de muy buena calidad, los más sofisticados
repartían esta banda en varias sub-bandas: 2, 3, 4,5 y hasta 7 bandas menores.
Entre más bandas más selectividad y mejor era la recepción. Y de verdad que
esto era necesario. La onda corta era más que todo de información, la noticia o
suceso al instante, en vivo y en directo. Debido a su frecuencia y con una
potencia moderada iba más allá de las fronteras. De día era difícil la
recepción, cuando no nula, pero en la noche era fuerte y clara.
Yo fui un adicto radioescucha de la onda corta. Tenía un
radio portátil, Sanyo Transcontinental, de cuatro bandas con muy buena
recepción. De manera que a las seis o siete de la noche ya estaba escuchando
radio. Sintonizaba en español Radio Hannover y La Voz de Colonia en Alemania,
Radio Amsterdam en Holanda, La voz del Vaticano en Roma, La BBC de Londres,
Radio Moscú, La Voz de los EU, Radio Habana Cuba; muchas emisoras de Venezuela,
y de nuestro país: Radio Catatumbo, Emisora Nuevo Mundo, Radio Continental.
Emisora Sinú de Montería, Radio Majagual de Sincelejo, Emisoras Fuentes de
Cartagena, Radio Reloj y Emisora Atlántico de Barranquilla y Radio Guatapurí en
Valledupar.
164
Las emisoras del exterior, sobre todo de Europa, eran muy
felices si uno les escribía y les decía que los escuchaba en tal frecuencia y a
tal hora. En agradecimiento a ese reporte de sintonía enviaban banderines y
postales. Por supuesto, estos programas eran en español y para Latinoamérica.
Fue así como me enteré del triunfo Sandinista y el derrocamiento del dictador
Somoza en Nicaragua, de la crisis de los misiles en Cuba, comentarios de las
peleas de Rodrigo Valdés con Benny Briscoe y Carlos Monzón en Mónaco, de las
peleas de Pambelé con Nicolino Loche en Venezuela y muchas otras noticias.
Un problema en la recepción de onda corta era la guerra de
frecuencias entre USA y Cuba. Si uno de ellos transmitía en una frecuencia el
otro le colocaba una transmisión en la misma frecuencia y con la misma potencia
o más. Por lo que el radioescucha tenía dificultad para sintonizar la emisora.
Esto sucedía porque cada país es autónomo en adjudicar frecuencias de trabajo.
La BBC también transmitía en varias frecuencias.
Conocí varios radios a tubos muy pero muy antiguos, por
ejemplo, un RCA Víctor de 1.929, cuando esta empresa era inglesa, después pasó
a USA. Lo arreglé y quedé muy impresionado por lo bien que recibía la onda
corta; la banda local no funcionaba bien porque los tubos estaban agotados y ya
no existían reemplazos. Yo lo reparé cincuenta años después. Era de un amigo
llamado Guido Votto, su papá lo trajo de
165
Europa. No quiso regalármelo ni vendérmelo, me hubiera
gustado mucho tenerlo, porque para ellos no era más que un radio normal.
En esa época todas las cosas eran buenas. Las fábricas
hacían sus productos bien hechos para ganarse el mercado y después para
sostenerse. Recuerdo marcas como Phillips y las gringas RCA, General Electric,
Philco, Sylvania, Westinghouse. No había incursionado todavía la industria
japonesa.
Por allá en 1967 empezaron a popularizarse en Barranquilla
los primeros radios a transistores y coincidió con dos hechos que marcaron hito
en la historia radial de Barranquilla: la reaparición de su famoso equipo
Junior y un pintoresco personaje de radio, el señor Edgar Perea.
Un comerciante de gran visión empezó a rifar todos los días
un radio transistor a pilas. La boleta era muy barata y jugaba a las doce del
día en el atrio de la iglesia de San Nicolás. El afortunado ganador,
generalmente un vendedor ambulante, salía corriendo y orgulloso de su radio, lo
colocaba a todo volumen sobre el tanque del "piñazo" o del
"Patillazo" y sintonizaba el programa deportivo del "negro"
Perea. La gente se aglomeraba y el vendedor se sonreía y frotaba las manos,
tanto por su suerte en la rifa como por las ventas que hacía. ¡Imagínese! El
calor, el tumulto y un programa tan largo y tan polémico, era seguro que el
oyente se "metía" por lo menos un piñazo o un patillazo. Ese programa
fue el que inició los programas deportivos kilométricos. Siempre
166
había una pelea y si no, se la inventaba Perea, se decía por
el Paseo de Bolívar.
La entrada del radio transistor fue arrolladora, tanto que
las fábricas de tubos cerraron la producción. Aquí sucedió un fenómeno curioso.
La industria gringa dejó de producir aparatos electrónicos para el hogar,
porque la mano de obra se había encarecido mucho, se comentaba. Entró la
industria japonesa e inundó el mercado latino (y creo que el mundial) de
aparatos de estado sólido (transistores), pero bajo la primicia de: más barato,
no tan durables pero todo mundo podía comprarlo.
Las emisoras transmitían en AM (amplitud modulada) en la
banda local MW (onda media).
Cuando vivía en Montería sólo había dos emisoras allá: Radio
Cordobesa y Emisora Sinú. Era poca la programación de estas emisoras, casi todo
el día estaban en cadena con las emisoras de Bogotá. Ahí escuchábamos programas
de noticias como "El reporter Esso", de humor como "Emeterio y
Felipe, los Tolimenses", la "Escuelita de doña Rita", Hebert
Castro "el hombre de las mil voces" o "el coloso del humorismo”.
Cuando vine a Barranquilla quedé impresionado con la
modalidad de la radio. Recuerdo las emisoras de entonces: Radio Libertad,
Emisoras Unidas, la Voz de Barranquilla, Radio Reloj, Emisora Atlántico, Radio
Tropical, La Voz de la Patria, Radio Olímpica, Radio Universal, Radio Minuto y
otras que en el momento no recuerdo. Muchas de estas emisoras todavía existen,
otras
167
cambiaron sus nombres o se fusionaron y algunas
desaparecieron. Cada una con su estilo, eso sí, todas independientes y con
criterio propio.
Radio Libertad siempre fue la emisora para el campo, porque
era la más potente y llegaba más lejos. Era hasta agradable escuchar: "se
le avisa a fulano de tal, en tal parte, que tenga lista las bestias en el
portón que zutano llega mañana". Me gustaba mucho oír a Emisoras Unidas
los viernes y sábados por la noche, pues colocaban full música popular.
De La Voz de Barranquilla me gustaba su eslogan "por la
Gigante Voz de Barranquilla"; el eslogan de "Emisora Atlántico, la
espectacular", con una buena programación de música de toda época y la
hora, buenas noticias y programas deportivos. Sigue igual hasta el presente.
Radio Reloj, la emisora de los portuarios. Un estilo de programación musical
con la hora exacta todo el día como la anterior, pero con un mensaje que
durante mucho tiempo me intrigó: "el terminal marítimo informa que
necesita tantos elevadoristas, tantos supervisores, tantos aguateros". Yo
pensaba: aquí si hay trabajo para todo mundo ¿será que los contratan por día
nada más? ¿será que el trabajo es muy duro o es que ahí va una parranda de
flojos? Porque todos los días están llamando gente.
La Voz de la Patria era una emisora especial. Su eslogan era
cierto: "la del Sonido Perfecto". Su programación también era muy
buena. Tenía
168
el programa deportivo que se ha constituido como el más
viejo del mundo: Comentando los Deportes con Chelo De Castro C. Todavía existe,
aunque en otra emisora y en FM. Pero no ha cambiado ni el presentador ni el
locutor de las cuñas, ni "seguiremos mini comentando". En el radio
teatro de esta emisora se hacían unos programas de pre-carnaval espectaculares.
Su programa los domingos en la noche donde presentaban aficionados al canto era
sensacional.
Radio Minuto tenía su estilo de música todo el día y la hora
precisa después de cada disco.
Pero lo que destacó a
la radio barranquillera haciendo de ella algo único en todo el país (a mi
modesto modo de verlo) fue la rivalidad profesional (si así se me permite)
entre Radio Olímpica de la familia Char y Radio Universal de la familia
Navarro. Rivalidad en el mejor sentido de la palabra. Los programas al aire
libre de cada emisora eran sensacionales y en pre-camaval sí que botaban la
pelota. Surgieron locutores de muy buena calidad, versátiles, de un carisma
especial y de tremenda popularidad. La fanaticada de cada emisora dividía la
ciudad.
Fue tan grande el apogeo de la radio barranquillera en
farándula, deporte, periodismo, variedades y hasta dirección y administración
radial, que del interior del país empezaron a llevárselos. Para Medellín, para
Bogotá, para Cali y hasta para USA. Pero todo eso se acabó. El AM prácticamente
murió y al pasar a FM todo ese andamiaje humano del AM no se renovó tan
significativamente.
169
Algunos han muerto: don Marcos Pérez Caicedo, Don Fabio
Poveda Márquez; Otros están retirados por la edad como don Gustavo Castillo
García; algunos metidos en política como don Edgar Perea; Otros emigraron, como
don Roger Araujo; algunos con exilio voluntario como don Abel González Chávez y
otros ilustres como don Mike Schmullson y don Julio Blanch, todavía vigentes.
Muchas, muchas personas ilustres hicieron de la radio barranquillera
sencillamente grande.
Por eso me entristece ver como todo eso se acabó. Llegó la
FM (frecuencia modulada) y su sonido espectacular para convertirse prácticamente
en un molino de música sin son ni ton, que no diferencia entre un lunes en la
mañana y un viernes o sábado en la tarde. Hoy escucha usted la AM a las tres o
cuatro de la mañana, por ejemplo, y hay cincuenta programas sobre religión,
sobre brujería, curanderos, cartomancia, etc. Todos esos programas del interior
del país se adueñaron de la radio barranquillera. Le mandamos gente de radio y
ellos nos quitaron la radio. Ya no escuchamos aquellos hermosos eslóganes que
ya comenté, las emisoras de Barranquilla hasta perdieron sus nombres, ahora se
identifican por el nombre del pulpo nacional que las "encadenó". Y yo
me pregunto: ¿Dónde están los cientos de graduados como comunicadores sociales
de una decena de facultades en las últimas tres décadas?
Después del radio portátil a transistor vino la
170
1
radiograbadora: radio de AM (MW y SW) y FM, con reproductor
de cinta.
La Televisión.
Cuando empecé a reparar televisores estos eran a blanco y
negro. Los más comunes eran de 12, 20 y 24 pulgadas. Realmente en esa
generación de TV todas las marcas eran buenas, aunque el Philips era un caso
especial (como así lo han sido los aparatos electrónicos de esta marca) Tener
un TV Philips era estar "enhuesado" en cualquier momento, no por el
aparato en sí sino por la política de esa empresa; sus repuestos eran
exclusivos y pocos almacenes los vendían y muy caros comparados con los mismos
repuestos de otras marcas. Sus componentes se sulfataban muy rápidamente en
nuestro medio y el TV se volvió muy problemático, hasta tal punto que la
mayoría de los técnicos empezaron a sacarle el cuerpo a la reparación de ellos.
Se le reparaba cambiando el elemento malo, pero resultaba que todos los demás
estaban a punto de dañarse, así comenzaba una cadena de daños en garantía que
fastidiaba tanto al dueño como al técnico. De manera que las agencias de
servicio Philips acaparaban los servicios, solo que ellos cobraban diez o
quince veces más de lo que cobraba el técnico independiente ¿Por qué lo hacían?
Pues sencillamente ellos bajaban todos los elementos propensos a sulfato, como
condensadores y resistores.
171
Supuestamente este era un negocio redondo, pero no, los
clientes tampoco querían pagar tanto por el servicio. Así que esta compañía
trató de corregir el impasse llamando a los técnicos para darles seminarios
sobre sus aparatos, publicaron manuales y en sus centros de servicios vendían
repuestos al público.
Aquel eslogan de "tarde o temprano su radio será un
Philips" no funcionó para el TV, aunque hay que reconocer que la imagen de
estos aparatos era muy buena.
La Zenith era una
marca muy popular y de confianza, quien tenía un TV Zenith estaba muy bien de
TV. Esta marca no solo tenía una calidad de imagen impresionante, sino que
internamente sus componentes eran confiables y muy duraderos. Además de Zenith,
otras marcas gringas eran: RCA, Philco, Motorola, Westinghouse y General
Electric, que llegaron a nuestro medio y seguían esa línea de aparatos
americanos: buenos y durables.
Entre las marcas
japonesas estaba la Sanyo, con una calidad de imagen como una fotografía, la
mejor en mi concepto. Otras como la Toshiba y la Sharp tenían ensambladoras en
el país.
En la administración del doctor Julio César Turbay Ayala
(1.979) se inauguró en Colombia la TV en colores. Pero ya en Barranquilla, y
gracias al boom marimbero, había aparatos de TV color en uso. Recuerdo que los
técnicos desajustábamos algunos controles para dejar la pantalla con un tono
fijo para que así los vecinos supieran que
172
ahí tenían TV color.
Con la llegada del TV color sucedió algo curioso, todas esas
marcas famosas en blanco y negro fracasaron en color: la Zenith, RCA, Motorola
y General Electric, jamás alcanzaron la misma calidad anterior, para colmo esas
marcas gringas no tenían repuestos en nuestro medio y el sulfato y la humedad
acababan rápidamente con ellos. La Sanyo siguió igual y empezaron a llegar
marcas japonesas que se harían muy famosas, por ejemplo, la Sony, que se hizo
sinónimo de calidad en TV. Por esos años empezó a entrar la videograbadora y la
Sony acaparó el mercado, no sólo el nuestro sino mundialmente, con su Betamax
que también se hizo sinónimo de videograbadora. Nunca supe de un producto que
se arraigara tanto en el gusto del público. Cuando empezó a llegar el VHS
(sistema anterior al Beta, pero extrañamente olvidado) le fue sencillamente
difícil desplazar al Beta. Para desgracia del VHS su existencia fue efímera
porque llegó la TV satelital primero y enseguida la TV por cable y tanto Beta
como VHS fueron sepultados.
Beta, y todo lo relacionado con ella, fue un negocio
impresionante. Todo aquel que tenía unos pesos de más o recibía una cesantía o
algo así, enseguida abría una tienda de alquiler de películas de Betamax. En
cada cuadra había una o dos tiendas. Para un viernes en la tarde usted veía
salir un cliente de estas tiendas con una sonrisa de oreja a oreja y un saco
con diez o
173
quince películas para el fin de semana. Así estaríamos de
hartos del centralismo de la TV nacional. ¡Ni qué decir para una Semana Santa,
había que apartarlas desde el Miércoles de Cenizas!
Pero así de impresionante y estruendosa fue la caída de este
imperio comercial. Tampoco nunca había visto derrumbarse un negocio tan
abruptamente.
Quiero referirme aquí a la TV nacional, me refiero a los
programas y programadoras. Nunca han creado nada y para tener unos cuarenta
años de existencia podemos decir que es mala. En Bogotá nunca han pensado en
hacer plata explotando la televisión con calidad y variedad, sino explotar a la
teleaudiencia de la manera más vil: a la fuerza, aplicando aquello de que
"al que no quiere caldo le dan dos tazas".
Cuando empezamos a ver televisión por satélite con las
famosas "parabólicas" nos dimos cuenta cómo nos engañaban y que
veíamos programas muy viejos (sobre todo en variedades) y nos los hacían ver
como realizaciones de ellos.
Colombia es el único país del mundo que se da el lujo de
tener una TV estéreo (entiéndase dos canales iguales, como los equipos de
sonido) Esto de los canales enfrentados es lo más absurdo e intolerable.
Programas aparentemente diferentes, pero con los mismos argumentos, noticieros
milimétricamente paralelos, espacios comerciales con las mismas propagandas que
se inician al mismo tiempo, programas deportivos tan exactos
174
que aún en diferido los goles son simultáneos. Entonces
pregunto: ¿Puede haber creatividad así, ayuda esto en algo para mejorar nuestra
TV? ¿Es justo que el padre, o la madre, porque fue famoso quieran imponer a su
hijo?
Si hay algo que destacar en nuestra TV son las telenovelas,
que generalmente son muy buenas, puesto que se apartaron de esos patrones
mexicanos, venezolanos y argentinos: mucho llanto, el pobre que resulta ser el
rico al final y viceversa, el ciego que al final ve, el loco que recobra la cordura
y el cuerdo malo que se vuelve loco, el amnésico que después recuerda todo,
etc.
El problema de nuestras telenovelas es que son interesantes
hasta tres o cuatro meses (momentos en que deberían terminarse), porque después
comienzan a divagar agarrándose de cuantos acontecimientos del momento ocurren
hasta llevar al televidente al fastidio.
Pero esto de la TV nacional tiene mucho de qué hablar. Por
ejemplo, en la costa y en especial en Barranquilla, protestábamos por el
centralismo de nuestra TV. Una miserable película la dividían en tres o cuatro
domingos, los deportes que a ellos no les gusta no los pasan. Para ellos es más
importante una competencia de tracto mulas en Tocancipá que una final de la
serie mundial de béisbol, es mejor que el país vea el polvorín del campeonato
de fútbol del barrio Olaya en Bogotá que una pelea por el título mundial. En
fin, nos tenían o nos tienen fritos y hartos. Pero ¡válgame
175
Dios! Llegó Telecaribe y Barranquilla hizo lo mismo que
Bogotá.
El Traganíquel
Este aparato me remonta a mi niñez. Recuerdo que en una
esquina de la plaza grande de Montería había una cantina que parece no cerraba
nunca. Ahí fue donde lo vi por primera vez. Posteriormente, ya adolescente y
con el pretexto de vender lotería, entraba a algunas cantinas y me acercaba al
traganíquel ¡vaya nombrecito! Mucha curiosidad me causaba tantos palitos que se
movían, la forma como un brazo mecánico colocaba y retiraba el disco. Lo que
nunca he podido saber es por qué ese aparato estaba siempre en una cantina,
nunca lo vi en una casa de familia. Parecía un extraterrestre y se veían muy
robustos. Recuerdos a muchas mujeres y hombres también, llorando sobre él.
El último que vi está o estaba en la esquina de la calle 30
con carrera 24 en Barranquilla. Había desaparecido y resurgió modernizado,
ahora reproduce discos compactos.
El tocadiscos y la
cinta.
El tocadiscos nació acompañando a los radios que, de radios
de mesa, pasaron a radiolas por el solo hecho de traer tocadiscos incorporado.
Les contaré una anécdota: en una ocasión fui a casa de un cliente que en ese
momento era gerente de la empresa Coolechera, para arreglarle la radiola que
hacía poco había comprado. Después de hacerlo me preguntó qué
176
opinión me merecía su radiola. Le indagué cuánto le había
costado y me contestó que $27.000. Le aclaré entonces la cuestión. Es muy
grande y bonita (medía como dos metros de largo y como ochenta centímetros de
alto y ocupaba casi media sala) pero el radio es el mismo que vale $3.000, los
parlantes valen cada uno como $800. Ese es el mismo radio de mesa en una caja
más grande.
El tocadiscos evolucionó mucho, aunque el modelo inicial
duró mucho tiempo en el mercado. Tenía un motor de dos polos (una bobina) para
110 voltios, tres velocidades: 78, 45 y 33 RPM; el acople entre el motor y el
plato giratorio se hacía por medio de una polea de caucho que terminaba
desgastándose o solidificándose, afectando la velocidad de reproducción. El
cambio de velocidad para diferentes discos se hacía a través del eje del motor
que terminaba en una torre con tres secciones con diámetros diferentes, la cual
también se desgastaba. Como el motor tenía una sola bobina, el eje hacía un
torque (giro) muy brusco ocasionando un zumbido en el sonido.
Posteriormente llegó el tocadiscos "garra"
(Garrard), marca gringa que tuvo mucha acogida, sobre todo entre picoteros.
Este tocadiscos traía un motor de dos bobinas (cuatro polos) y el torque era
muy suave, el zumbido disminuyó considerablemente. Fue un gran adelanto en la
alta fidelidad. El "garra" acoplaba el motor al plato por medio de
una polea de caucho.
177
Después llegó el tocadiscos electrónico, con el advenimiento
de los circuitos integrados. Yo conocí motores hasta de 48 polos. El plato era
accionado directamente por el eje del motor. No todo el mundo tenía un
tocadiscos de estos pues el precio era bastante alto. Tal vez por eso no se
popularizó.
Al tocadiscos le salió un rival muy poderoso, la cinta
magnética (tape), sin embargo, se acoplaron y juntos recorrieron el camino.
Las primeras cintas eran de carrete abierto, como los rollos
de películas y se usaban más que todo en estudios de emisoras. En los
automóviles se popularizó el cartucho de ocho tracks (pistas) Una cinta sin fin
que tenía ocho pistas de música. Venía grabada y el cartucho medía unas seis
pulgadas de largo por unas cuatro de ancho y una de grueso. Nunca entendí cómo
hacía esta cinta para pasar del carrete dador al carrete aceptor si no tenía ni
principio ni fin. Un día destapé un cartucho para analizarlo y lo que conseguí
fue llenar la cuadra de cinta.
Después vinieron las cintas normales para radiograbadoras.
Venían en tres clases: las normales, las ferro-cromadas y las metálicas. De
todas ellas las metálicas eran las mejores, pero tenían el problema de desgastar
muy rápido los cabezales reproductores. Pero su sonido era muy fiel. Sin
embargo, la cinta normal mejoró notablemente y se asentó en el mercado. El
tocadiscos y la cinta vivieron
178
muchos años, pero no resistieron la llegada del CD.
El Picó.
Ya he comentado que yo reparé muchos radios viejos. También
he leído muchas revistas de electrónica, nacionales e internacionales y nunca
vi una foto o una referencia a este aparato de sonido: el picó. Por lo cual
puedo decir que éste es un invento nuestro, criollo, costeño nacido en
Barranquilla y Cartagena.
Amplificadores de alta potencia sí había y de fábrica, por
ejemplo, el Marantz, el Fisher, el Kenwood, etc. Pero nunca de la potencia de
los picós. Estos fueron industria casera.
En mi niñez recuerdo haber visto estos aparatos y cuando
joven que salía a bailar, los conocí muy bien. Recuerdo que eran accionados por
un motor a gasolina que ubicaban allá en el fondo del patio, porque a veces se
escuchaba más el ruido del motor que la música y tampoco se podía poner el
motor tan lejos porque entonces el voltaje llegaba muy bajo al equipo.
La historia del picó es muy curiosa, por lo menos la que yo
conozco. Empecemos por el nombre: picó, nombre que tomó de la aguja del
tocadiscos que en inglés es pick up.
Los amplificadores de
fábrica venían con dos y cuando mucho cuatro tubos de salida o potencia, por lo
general tipo 6L6 o EL 34. Los picós empezaron con 4, 6, 8, 12 y así hasta 48
tubos. El tubo EL34 era el más popular, pero se quedó
179
corto en cuanto a potencia, entonces empezaron a usar tubos
de transmisión, de los usados en emisoras. A estos los llamaron Teteros, por su
forma. Es de esperar que cuatro o seis tubos de estos dieran una potencia de
salida monstruosa. Pero así también consumían energía; muchas veces las casas
vecinas, y de la cuadra, veían titilar sus luces cuando estos monstruos
trabajaban.
Una razón para asegurar que los picós son invención nuestra
son los parlantes. Cuando nació el picó no había parlantes para ellos. Los más
grandes eran de 15 pulgadas, pero con bobinas de una pulgada o pulgada y media,
que no permitían reproducir tanta potencia. Además, los imanes no eran muy
potentes. Los parlantes se modificaron. Se les adicionó una bobina alimentada
con 150 voltios de corriente directa para obtener así un imán más potente - un
electroimán - De esta forma el parlante manejaba más potencia, pero se
desmejoró la fidelidad ya que la corriente de la bobina adicionada introducía
un zumbido. Posteriormente las fábricas hicieron parlantes más potentes con un
imán especial de un material llamado ALNICO, una aleación de aluminio, níquel y
cobalto. La razón de los famosos escaparates era la necesidad de más parlantes
para poder manejar tan monstruosas potencias acústicas.
¿Por qué estos monstruos evolucionaron tanto? Cualquiera
diría que para satisfacer a las
180
grandes concentraciones públicas en carnavales y otras
festividades. Yo no lo creo así porque también se usaron en bautizos, grados,
matrimonios, etc. Creo que esa cultura del sonido bestial se debió a la falta
de autoridad. Fueron muchos los problemas que causaron estos aparatos en el
vecindario de ellos y de otros, con el cuento de que durante la semana había
que calentarlos y si en el fin de semana no tenían toque, también.
De todas formas, tuvieron su reinado, el cual se ha ido
disipando poco a poco. Uno, porque su construcción y su mantenimiento cuestan
mucha plata y otro, porque han quedado relegados a eventos masivos, ya que los
familiares usan equipos de sonido de fábrica que cada vez tienen más potencia.
Supe que esta cultura del picó trató de incursionar en
Venezuela, más que todo en Maracaibo y Caracas donde las colonias de costeños
colombianos son numerosas, pero allá se encontraron con que la autoridad no lo
permitió.
En todo caso, aquellos que alguna vez bailamos a la sombra
de estos monstruos, añoramos picós como el Sibanicú "el que prefieres
tú", el Solista "el que llena la pista", el Timbalero, el
Coreano, el Rojo, el Perro de Cartagena, etc. Sí, añoramos no solo oír, sino
sentir la onda de sonido en nuestro pecho.
181
Capitulo II
Los utensilios de
cocina.
El caldero.
Hoy veo cómo un recipiente de vidrio cuece toda clase de
alimentos. He visto uno que, al taparse y calentarse, una corriente de aire circula
internamente y así cuece todo. Por lo que considero que este aparato evolucionó
poco, prácticamente pasó de un sistema a otro. Yo vi cocinar y probé alimentos
preparado en recipientes de barro cocido. Personas de mi confianza me contaron
que hubo calderos de cobre, yo no los conocí, pero puedo hablar del de hierro,
eran hechos en Alemania, que como muchas cosas que venían de allá parecían
hechas para toda la vida. Pesaba enormemente y para limpiarlo se usaba el
estropajo y arena, o las cenizas del fogón. Muchos elementos de estos pasaban
de generación a generación.
Las ollas.
Las conocí de barro, pero como se podían quebrar se usaban
para almacenar agua, los trajines normales se hacían con totumas, que se
fabricaban con el fruto del totumo, los redondos. De un fruto se sacaban dos
totumas partiéndolo por la mitad del ombligo hacia abajo. Se hacían también los
calabazos, aunque estos eran largos como una calabaza, con un extremo ancho (el
de abajo) y un extremo delgado por donde se
182
hacía la boca que se tapaba con una tusa delgada y se usaba
para llevar agua, para guardar vinagre, leche o cualquier líquido. Luego
vinieron las ollas de peltre y de aluminio.
Los vasos.
Supongo que después de tomar agua con las manos se pasó a
los recipientes de barro. Yo empecé tomando agua con totumas, las cuales
también se usaban para la sopa, la mazamorra, jugos, etc. Después conocí los
vasos de aluminio en las chicherías del mercado de Montería. Difícilmente se
podía tomar uno un jugo completo en estos vasos. Los vasos de vidrio medían
como veinte centímetros de alto y cuatro de grosor en el fondo. Después
apareció la cristalería especializada y se conseguían piezas muy hermosas y
delicadas como las copas, usadas en los matrimonios. Los vasos de plásticos son
buenos y duraderos, son para usarlos en la casa, pero de muy mal gusto
ofrecerlo a una visita, a menos que sea desechable, aunque corremos el riesgo
de que se disguste pensando que la consideran apestosa.
Los platos.
Un chiste era: "¿cuál es el plato que más le gusta? El
de peltre". Un decir: "come en vajilla de plata". Sí, las
familias pobres comían en platos de peltre y los muy ricos en vajillas de
plata. Yo nunca vi una de estas, pero qué delicioso era tomar un sancocho de
gallina, una
183
mazamorra de maíz blandito o de plátano en totuma y con
cuchara de palo (que podían ser de palo, pero generalmente eran de totumo)
Esos platos de peltre parecían eternos si no es porque se
escarchaban dando un mal aspecto. Antes, en los restaurantes, se presentaba un
inspector de sanidad a inspeccionar la vajilla y todas aquellas unidades
escarchadas y de mal aspecto las destruían sin ningún reparo y sin protesta por
parte del dueño, que más bien sentía alivio porque eso daba crédito a su
negocio. Pero ahora...jumm.
Para lavar la loza, los chismes, corotos o trastos se
utilizaban jabón de perro y estropajo y un poco de arena o cenizas. Siempre me
pregunté por qué no habían inventado algo para remplazar el trapo de cocina y
el estropajo. Al estropajo lo remplazó el Bombril, una malla de alambre muy
delgado. Buena idea porque este producto duró reinando en el mercado por muchos
años sin competencia alguna. Después vinieron las esponjas y toallitas de
fibras sintéticas.
El Mortero y el
Molinillo.
Otros dos utensilios de cocina eran el mortero y el
molinillo, ambos de madera muy dura. El mortero tenía como doce centímetros de
alto por unos diez de diámetro, parecido a una copa, donde se depositaba el ajo
y se machacaba con un listoncito de madera como un bastón de mando; siempre
olía a ajo por más que se lavara. El mango como se llamaba el palito, sí que
184
1
pegaba duro. Lo sé porque después de una pilatuna mi mamá me
lo lanzó cuando salí corriendo y al voltear para ver si me había salvado, el
mango me cayó en toda la frente. Un buen chichón me gane esa vez y eso que no
tenía cabeza de ajo como ahora.
El molinillo era un mango de madera como de veinte
centímetros de largo por uno o dos de diámetro, con unas aletas como de tres
centímetros en un extremo, era la licuadora de entonces. Las aletas iban dentro
del jugo y el otro extremo se colocaba entre las manos y se hacía girar como si
uno estuviera calentándose las manos. Siempre me pregunté qué pensaban las
mujeres cuando utilizaban los molinillos, porque a mí me recordaban otra cosa.
Muchos años duró su reinado hasta que llegó la Osterizer, una licuadora eléctrica
gringa muy buena y que se convirtió en un artefacto de primera necesidad, a tal
punto que era un regalo seguro en un matrimonio.
La estufa.
Este elemento sí que ha evolucionado. Yo conocí los fogones
de piedra. Consistían en tres piedras muy grandes que se llamaban
"bindes" colocadas a 120 grados y sobre el triángulo que formaban se
colocaban las ollas y calderos. Por supuesto, se cocinaba con leña, la cual
había que atizarla constantemente si se quería cocinar rápido o se le sacaba la
leña si el cocimiento tenía que ser lento, como el arroz cuando se va secando.
185
Luego vino la hornilla, pero ahora las piedras no estaban en
el suelo sino sobre una especie de mesa hecha en barro y madera. El anafre o
anafe, que hoy día todavía se utiliza en los asados caseros, alivió un poco el
trabajo de cocina. Usaba el carbón de madera, el cual se hacía también en un
horno de barro casi subterráneo, donde se metía la madera y se quemaba, pero en
forma controlada, no podía calcinarse. Le siguió el fogón Esso candela, un
recipiente lleno de gas (petróleo) con unas mechas graduables para aumentar la
llama o disminuirla y una parrilla sobre la cual se colocaban las ollas. El
problema de este artefacto era que ennegrecía mucho los trastos. A este le
siguió la estufa a gas de dos y tres puestos, tenían cuatro paticas y el
depósito de combustible a un lado, el cual llegaba a cada fogón por un tubo de
hierro de media pulgada. A este le siguió rápidamente la estufa eléctrica de
uno, dos, tres y hasta cuatro fogones y algunas traían horno. Su problema
principal era el elevado consumo de energía, no calentaba bien en las horas
pico y había que cuidarse de un fuerte "pateón". Hasta que el gas
natural inició su reinado.
La Plancha.
La ropa se lavaba y después se almidonaba, lo que se hacía
para que los pliegues de las faldas de las mujeres, los puños y el cuello en
las camisas de los hombres, así como el filo del pantalón, quedaran lo más
marcado posible.
186
Escuché testimonios de que antes de las planchas se
utilizaban piedras calientes para planchar la ropa. Yo vi planchas de hierro
que se colocaban sobre brasas de carbón para calentarlas, luego se limpiaban
con un trapo y se les restregaba vela para que se deslizaran suavemente sobre
la ropa. Recuerdo que en Montería el ocho de diciembre se celebraba el día de
la Inmaculada y a las siete u ocho de la noche salíamos a recoger los mocos y
cabos de las velas que se colocaban a la virgen en las puertas de las casas.
Luego vinieron las planchas eléctricas y más tarde las de
vapor.
El molino.
Necesario artefacto que también se incluía, al igual que la
plancha, como regalo de boda. Algo muy curioso me pasaba con este elemento. En
casa de mi abuela materna, la Reina Bello, se tostaba café que se echaba sobre
una mesa y la pila subía como veinte centímetros. Eso había que molerlo todo y
a mí me gustaba al comienzo porque después de media hora de estar moliendo, uno
sentía como 'si los bíceps hubieran crecido mucho y me sentía fortachón, el
problema era que como a la hora ya me dolía todo el cuerpo y entonces no tenía
nada de gracioso. Se molía café, maíz, carne, caña, cacao y otras cosas, para
lo cual solo se cambiaban unos discos.
187
En una ocasión agradecí mucho la existencia de esta máquina,
pues me tocaba desgranar maíz con los dedos para unos veinte cerdos que se lo
tragaban en un santiamén. Lloraba haciendo esto por el dolor que me causaba,
pero bastaba que un primo (Luís Andrade) dijera que los hombres no lloran, para
que yo congelara las lágrimas y mis dedos aligeraran. Hasta que llegó el molino
para mazorcas de maíz; no era para mí, pero creo que lo recibí como un gran
regalo. Fueron muchos sus años de vida en el hogar, pues industrialmente el
molino todavía está vigente
El banco de madera.
Todavía hoy se utiliza y tiene la misma forma, pero es
individual. Para que varias personas se sentaran estaban los banquillos, una
tabla larga con tres o cuatro pares de patas usado en aquellos lugares donde
llegaba mucha gente como en las tiendas, las cantinas, peluquerías, templos,
restaurantes e indudablemente en los velorios.
Para más comodidad estaban los taburetes, igual que una silla,
pero de madera, fondo y espaldar de cuero de vaca disecado y tratado. Un mueble
muy cómodo, fresco y versátil: usted lo colocaba normalmente como en las
visitas; si tenía algo de pereza lo recostaba sobre la pared o un muro y si
quería prestar cuidadosa atención a algo, entonces lo volteaba y utilizaba el
espaldar para colocar la barbilla y los brazos.
La tinaja.
Era un recipiente de barro cocido que
188
se utilizaba para almacenar el agua para beber. Para mí
tenía un misterio que aun hoy día no he podido entender. No importaba qué época
del año o qué hora del día era, el agua de la tinaja siempre estaba, no fresca,
un poco más que fresca. Su delicia y su frescura quitaban la sed al más
sediento. Tampoco entendí entonces por qué no se usaba el agua que se filtraba
de la tinaja y que se recogía en otro recipiente, esta era más cristalina e
igual de fresca. Y creo que más pura porque pasaba por el proceso de filtraje
del barro cocido que debía quitarle muchas partículas gruesas en suspensión.
Esto lo demostraba el hecho de que en el fondo de la tinaja siempre había un
cieno o babaza, por lo que había que asearla de vez en cuando.
De la tinaja se pasó a la nevera de palo. Unos cajones de
más o menos un metro cúbico y forrado internamente por una lámina de latón, se
apoyaba en cuatro patas y se usaba más que todo para hacer raspado con el
advenimiento del hielo. En la casa se usaba una nevera que era una especie de
termo grande, dos cilindros de latón uno dentro del otro, separados una pulgada
y sellados por los extremos, una tapa igualmente confeccionada y en la parte
inferior una llave o grifo; conservaba el agua fría por unas buenas horas.
Luego empezaron a llegar las neveras eléctricas que trabajan con gas
refrigerante y empezó el sistema de refrigeración doméstica y comercial.
189
El papel higiénico.
El uso de este elemento se remonta en mi memoria hasta
aquella época de mi niñez cuando vivía en el pueblo de mi madre. Las personas
hacíamos las necesidades en un platanal y generalmente usábamos las cepas del
plátano que se habían secado para limpiarnos, y si no, llevábamos dos o tres
tusas de la mazorca del maíz. Recuerdo que defecar era todo un ceremonial
puesto que primero había que buscar el lugar apropiado, que estuviera limpio y
que no hubieran usado antes y que también estuviera protegido de los mirones
casuales; segundo, asegurarse de que no anduviera un puerco por los alrededores
porque el zarpazo que le daba era tan rápido que usted no alcanzaba a ver la
deposición y si se descuidaba, ni siquiera necesitaba limpiarse.
Después vino el papel, primero las bolsas que daban en las
tiendas a las que había que sacudirle bien el azúcar, y ojo si le quedaban
gránulos de sal. Las que se utilizaban para envolver la carne no se usaban
porque estaban mojadas y además con sanguaza y esto podía confundirse con una
deposición con sangre o una bajada de la regla.
La llegada del papel periódico a los hogares fue todo un
acontecimiento, no sólo porque nos ponían al tanto de las noticias del mundo y
la cultura que nos impartiera, sino por dos razones: Usted hacía de la cagada
un rato placentero en que podía pasar de un gesto de asombro a uno
190
de dolor; de uno de alegría a uno de enfado; en fin, todo
dependía de lo que leía. Y lo otro fue que suavizó mucho el proceso de
limpiarse. También tenía usted la oportunidad de vengarse de algún político o
personaje de sociedad. El papel higiénico de hoja sencilla y doble llegó como
una bendición, porque el periódico tenía un problema muy serio, usted tenía que
calcular muy bien la presión de sus dedos al limpiarse porque de lo contrario
lo rompía y el dedo jummm.
El jabón.
La verdad es que el jabón también es un producto que ha
evolucionado poco. Yo recuerdo la barra de jabón de perro (ahora se llama jabón
oro) hoy día sigue exactamente igual, pero en aquel entonces se usaba para
todo: lavar los trastos, la ropa, para bañarse y era lo mejor para las manos
después de comer bocachico. Para lavar se acostumbraba a unir dos o tres barras
en una sola bola, parece que así era más cómodo usarlo. Después de esa famosa
barra la novedad es el jabón en polvo y el líquido.
Si alguna vez tiene necesidad de usar jabón en polvo para
bañarse, procure disolverlo primero en agua porque usarlo en polvo es una
verdadera tragedia, primero lo raspa, su cuerpo queda baboso, para sacarlo
necesita como dos o tres metros cúbicos de agua, más o menos una hora de baño,
usted queda caliente y como si lo hubieran almidonado, la piel tiesa como
galleta de soda y todo el día con calor. Mejor se va sin bañar.
191
La toalla.
Ahí sigue exactamente igual, aunque para mí si cambió algo,
pasé del trapo viejo a la misma que se usa hoy.
La cama.
Las ha habido de muchos tipos: a ras de piso, las de palo,
las de tijeras, las de spring, las aéreas o hamacas, las de cuero, las de agua.
Con esto hago referencia al colchón y el elemento sobre el cual se colocaba.
A mí me tocó dormir sobre una sábana tendida en el físico
piso y créame no es tan grave, sobre todo si hay que dormir con una temperatura
de 37 o 40 grados, lo malo por supuesto es que al principio se levanta uno todo
adolorido, pero después se acostumbra.
Las de palo consistían en cuatro palos enterrados en el piso
y con altura de 60 u 80 cm, arriba se unían las puntas con varas y luego se
cubría todo con varas muy juntas. Sobre este tendido de madera se colocaban las
colchonetas de entonces, las esteras. Esta cama serbia más que todo para evitar
la humedad y algunos animales.
Las de tijera eran más cómodas y consistían en dos pares de
listones unidos por la mitad con un tornillo y en forma de X. Los dos extremos
superiores se unían con dos travesaños. Estos llevaban por la parte externa una
ranura a todo lo largo. En esa ranura se metía el borde de una lona, la parte
de la lona que quedaba dentro de la ranura era atravesada por una varillita de
madera
192
tan larga como el travesaño y de un diámetro inferior a la
ranura, de tal modo que la lona no se podía salir. Al abrir las X la lona
quedaba tendida y lista para recibir a su huésped. También se podía pegar la
lona a los travesaños con almidón. Usted habrá dormido en colchones
ortopédicos, semi y de todas las especies, pero si no ha dormido en una cama de
tijera o lienzo como también se le llama, no sabe lo que significa eso de
dormir a pierna suelta. Es muy fresca, pero tiene el inconveniente de que cada
semana o cada quince días hay que templar nuevamente la lona porque va cediendo
y las nalgas forman tremendo hueco y el dormir así se convierte en una tortura,
lo otro es que hay que lavarla de vez en cuando. Las de spring consistían en
una cama de hierro (las patas y los laterales eran ángulos de hierro).
Alrededor de los ángulos y a cada diez centímetros, más o menos, salían unos
resortes que sostenían un tendido de alambre en forma de malla y sobre la que
se colocaba el colchón o colchoneta. Eran muy cómodas y tenían la ventaja que
se doblaban los extremos sobre sí mismos y ocupaban menos espacio. Exactamente
igual eran las camas de cuero, pero en vez de la malla metálica se utilizaba un
cuero de vaca, por supuesto, ya curtido.
De último he dejado la hamaca. Después de dormir en el
suelo, debió ser el primer artefacto utilizado para dormir cómodamente sobre
él. A pesar de que su apariencia, o mejor, su presentación ha sido mejorada, su
diseño no
193
cambió; sin embargo, yo usé una hecha con la cepa seca del
plátano, no es tan cómoda como la tejida, pero si sirve para descansar un buen
rato.
Nunca olvidaré lo que me pasó una noche en una hamaca,
siempre que la veo lo recuerdo. Llegué a una hacienda con dos compañeros más. A
la hora de dormir ellos cogieron su hamaca, las cuerdas respectivas y las colgaron.
Cuando yo llegué ya habían apagado el mechón, así que en la oscuridad recogí mi
hamaca y las cuerdas, que eran de cuero de vaca, sogas, pero las que yo escogí
todavía estaban blandas pues no las habían secado del todo. Así que apenas me
había acomodado cuando se reventó la cuerda del lado de la cabeza. Desde
entonces sé cómo deben sonar cincuenta granadas al lado de uno. También
recuerdo que un hermano mío, creo que el tercero, murió por la caída de una
hamaca. Una prima lo mecía y lo hizo tan fuerte que la hamaca se enganchó en la
cabeza de una de las palmas del techo y él cayó.
Pero también hay cosas placenteras al dormir en una hamaca,
mecerse suavemente y si está acompañado de su ser querido es maravilloso.
Bueno, nunca lo experimenté, pero dicen que hacer el amor en ella es sumamente
placentero, siempre y cuando haya revisado bien las cuerdas. También dicen que
es el mejor sitio para pasar un guayabo de esos de tres pisos. Pero nunca se le
dé por tomar licor en una hamaca o sabrá lo desagradable que es lavarla...y
lavarse usted.
194
Las luces.
Yo he tenido la fortuna de ver casi todas las formas de
luces artificiales desde el mechón hasta las de gas. En el pueblo de mi mamá se
usaban los mechones y para que no se gastaran tan rápido se impregnaban las
mechas con cebo de chivo o aceite. Posteriormente apareció un elemento que
prestó muchos servicios al hombre y no necesariamente para lo que fue hecho, me
refiero a la botella de vidrio. Por ejemplo, en este caso fue el envase
perfecto para los mechones; se llenaba de gas, se le colocaba una mecha y
listo.
Después vendían recipientes de latón para hacer linternas de
gas y luego vino la linterna de gas propiamente dicha, ya que además del
depósito del gas se le colocaba un cilindro de vidrio. Una mecha muy pequeña se
graduaba hasta obtener una luz lo más brillante posible. La graduación debía
ser cuidadosa porque una mecha muy corta daba poca luz y una muy larga ahumaba
tanto el vidrio que no se veía nada.
Después apareció la linterna a gasolina, cuya única
diferencia con respecto a la de gas era la luz tan intensa y nítida que
proporcionaba, porque el aparejo era prácticamente igual, pero el depósito del
gas se usaba para la gasolina, además, una pequeña bombita permitía mezclar
aire con gasolina que era la causa de tanta brillantez. En Severá, el pueblo
natal de mi señora madre, los campesinos se maravillaron cuando apareció la
primera lámpara de esta
195
clase en una tienda, ahí se reunían hasta las nueve o diez
de la noche comiendo raspao y hablando de sus quehaceres.
Pero más orgulloso se ponía un corroncho de estos cuando
tenía una linterna de manos y a batería, eso era toda una dicha y felicidad,
ahora podía alumbrarse el camino y no pisar las culebras y otros animales.
En la época del
mechón ya existían las velas, pero éstas eran muy pequeñas y no tan baratas,
más que todo destinadas a lo mismo de ahora, alumbrar a los santos y para otras
cosas religiosas o de brujerías.
Un vecino que tuve, oriundo de Usiacurí, el señor Andrés
Iglesias, me contaba que en su casa usaban una lámpara tipo candelabro, tenía
cinco secciones (como una estrella) y la bajaban y subían con una cadena. Yo
las conocí, pero más pequeñas y generalmente colgaban de las paredes. Al
principio eran de aceite, después usaban gas y últimamente le colocaban una
bombilla o foco.
Ya en Montería conocí el foco y la luz eléctrica. Eso que
dice Calixto Ochoa en su disco El Compae Menejo tiene mucho de cierto. Después
del calabacito alumbrador muchas son las lámparas que se usan.
196
Capitulo III
La casa y su
evolución.
Tanto en Montería como en el pueblo de mi mamá, las primeras
casas que recuerdo tenían techos de paja. El techo se hacía con varas de roble
o cedro y los cruces se aseguraban con bejucos o con alambre, todo este
maderamen se montaba en cuatro horcones, troncos de madera muy gruesos que
servían de sostén. Luego se traían cientos de palmas, de la palmera llamada
palma de vino, se recogían sobre sí misma, se sacaban dos mechones de los
extremos y se acomodaban del lado de la cabeza sobre los travesaños del techo.
Para entender mejor piense que usted es la palma y se coloca
un palo de escoba por la espalda a manera de crucificado, pero con las manos
pegadas al cuerpo y el palo pasándole por las axilas. Con todas esas palmas
apretujadas, el techo iba quedando tupido y con la seguridad de que no le
pasaría ni una gota de agua. Era un techo seguro y muy fresco y aunque le
parezca extraño, eran muy raros los incendios a pesar de ser un material muy
combustible, cuando las palmas quedan bastante secas por el paso del tiempo. Las
palmas fueron remplazadas por las tejas y aunque los más pobres usaban láminas
de zinc estas no se popularizaron porque dejaba la casa muy calurosa y si
llovía de noche, seguro que usted no dormía porque el ruido era insoportable,
197
Muchos años reinó la teja como techo hasta que cedió el
turno a las láminas de eternit.
Con el techo de tejas o eternit apareció el cielo raso que
trajo a las casas mucha frescura y presentación. Conocí a familias que, en las
fiestas de cumpleaños o matrimonios, hacían una especie de cielo raso con
servilletas de papel y después de la fiesta las dejaban hasta que empezaban a
cambiar de color por el tiempo. En las casas con techo de paja más antiguas,
las paredes consistían en un enredado de cañas de bahareque o lata empañetadas
por dentro y por fuera con boñiga de vaca -excremento- o de barro. Después se usaron
tablas colocadas horizontalmente de tal manera que el borde inferior de la
tabla de arriba cubría el borde superior de la tabla de abajo. En Barranquilla
todavía se pueden apreciar estas paredes en el barrio Simón Bolívar, en casas
que entregaron en el gobierno de Rojas Pinilla por allá en 1.957. Los modelos
variaban entre tablas de veinte y diez centímetros de ancho. A las tablas
siguieron los ladrillos de barro cocido, después los bloques de cemento.
Quienes podían empañetaban las paredes con cemento y los más adinerados lo
hacían con yeso. El físico suelo era el piso en las casas de techo de paja.
Este se regaba con agua y se barría con escoba hecha de escobillas (una
plantica con ramitas y hojas muy delgadas y resistentes) que dejaba el piso muy
limpio y plano. Aunque era muy fresco tenía el inconveniente de la humedad
198
que invitaba a muchos animales a llegar hasta ese sitio,
como las culebras; para las garrapatas de los perros era un paraíso.
Luego vino el piso de concreto o cemento al que antes de que
secara se le rociaba cemento en polvo para hacerle una película muy fina que lo
dejaba pulido y brillante. Al momento de echar esta capita de cemento también
se rociaba polvo de colores para mejorar la apariencia del piso. De todas formas,
este piso era muy fresco e invitaba a acostarse de espaldas sobre él, sobre todo
a las mujeres embarazadas. Para los niños era una delicia jugar sobre el piso,
correr sus carros y sobre todo jugar a las bolitas o canicas. Posteriormente
vino la baldosa con sus diferentes colores y los mosaicos que formaban. Conocí
pisos de baldosas muy finas, tanto que parecían un caracol por dentro y había
fábricas especializadas en construir alfombras con baldosas y al gusto del
cliente, como Mosaicos Pompeya en Barranquilla que hacían alfombras para la
sala e incluso para la terraza y, además, daban treinta años de garantía por su
trabajo, ¿Tendrían calidad? Por última llegaron los pisos de cerámica y mármol.
Las puertas y
ventanas también se transformaron con el paso del tiempo. En las casas con
techo de paja no había puertas ni ventanas; como puerta estaba el espacio para
entrar y salir. Las puertas hicieron su aparición ya con las casas de paredes
de tablas, generalmente tres o
199
cuatro tablas unidas con listones y apoyadas sobre las
paredes. Eso era suficiente para que los demás respetaran la intimidad. El
hecho de no usar paredes y puertas sólidas no es invento o costumbre de los
japoneses como lo leí en una ocasión en unas teorías económicas, lo que pasa es
que ahora el hijo no respeta y hay que trancar bien la puerta o se lo pillan a
uno con su mujer.
La puerta de la calle era igual ¿para qué tanta seguridad si
un ratero era algo muy raro, y si había uno todo el mundo sabía quién era? Sin
embargo, la puerta evolucionó más por la vanidad del dueño de la casa que por
dar seguridad. Se hacían con marcos y estaban muy bien talladas, pero no todo
el mundo tenía una porque eran muy caras y los carpinteros duraban mucho tiempo
para tallarlas. Las ventanas fueron variando igualmente.
Avanzando el mundo y avanzando las malicias también. Ya era
necesario asegurar las puertas y aparecieron las cerraduras. A este punto les
contaré una anécdota de algo que leí en un periódico de la capital: a mediados
del siglo pasado y cuando apenas empezaba la inmigración de suramericanos a
Usa. Los gringos acostumbraban a dejar las botellas de leche en la puerta para
que el lechero dejara la leche y recogiera los envases anteriores y la plata.
Pues bien, un señor de estos latinos, para no herir susceptibilidades
patrióticas, encontró su modus vivendi. Vio un letrero sobre una puerta
200
vieja que decía: "por favor, llévesela" y un
billete de dólar engrapado. Qué cree usted que se llevó el fulano... ¡pero la
puerta nunca la botó!
Con tanta inseguridad había que proteger las puertas
también, así que las casas de los colombianos se fueron convirtiendo poco a
poco en celdas de una inmensa cárcel, algo que dejó atónito a varios holandeses
que vinieron alguna vez a Barranquilla. Así que la puerta de madera desapareció
y vino la metálica protegida a su vez por una reja de hierro, un mirador o
huequito por donde podemos ver al visitante pero que él no nos ve a nosotros, así
sabremos si lo recibimos o no. Las culebras (las de ahora son los cobradores)
se las ingenian tocando el timbre y escondiéndose, usted cree que es un chico
travieso y sale a castigarlo dándose de cara con el culebro. Pero no crea que
el culebro ganó, si quiere saber si el moroso está tiene que llamar por el
citófono e identificarse y si se cree muy listo, para eso está la cámara
filmándolo y si aún se pone terco sale el vigilante y lo pone en su puesto.
Relataré aquí una
anécdota referente a las casas con techo de paja: Sucede que en esa época las
casas tampoco se conseguían de la noche a la mañana, aunque era más fácil que
ahora adquirir una vivienda. Así que a veces conseguían el lote y se mudaban,
¡pero con casa y todo! En el nuevo lote cavaban los huecos donde se enterrarían
los horcones de acuerdo con las medidas del lote anterior. Hecho esto, traían
el techo armado de la casa, y esto era el hecho
201
curioso, pues veinte o treinta hombres se metían debajo del
techo y como si cargaran un ataúd, lo llevaban a la nueva dirección. Era para mí
todo un espectáculo ver una casa caminando y cómo se parecía a un ciempiés.
Unos diez tipos más iban al lado de la casa como una especie de aguateros y
relevos. Claro está, todo el que era relevado salía, tomaba la botella de ron y
se empujaba un trago y descansaba una o dos cuadras. Al llegar al nuevo sitio
el techo se colocaba en los soportes. ¿Preguntará usted por las paredes?
Tranquilo que esas se hacían inmediatamente, y después de varias botellas y un
buen sancocho, el propietario ya dormía por la noche en su "nueva"
casa.
En las casas normales el baño (la ducha) y el sanitario
están en la misma habitación, pero no siempre fue así. En la época de las casas
con techo de paja estas dos cosas estaban separadas. El baño consistía en un
cuartito como de un metro o metro y medio cuadrado con paredes de palmas de
coco o láminas de zinc. En cambio, el inodoro que siempre estaba en la parte
más retirada de la casa, pero no tanto para que usted pudiera llegar a tiempo,
era un pozo de unos dos metros de profundidad y unos dos metros cuadrados. No
podía ser muy profundo porque se llenaba de agua resumida ni muy llano porque
también se llenaba pronto, pero de porquería. Se cubría con un entarimado de
madera y se dejaba un hueco por donde se hacían las deposiciones. El hueco se
cubría con una
202
tapa para evitar los malos olores.
En casa de mis padres
en Montería había pozo séptico porque no había alcantarillado. En esos tiempos
existía el oficio más desdichado del mundo: evacuar los pozos sépticos. Cuando
ya se llenaba el pozo con el paso del tiempo, había que desocuparlo y para eso existían
personas que se encargaban. Iban de noche y con palas y galones desocupaban el
pozo de porquería que botaban muy lejos. Supongo que esa labor era bien paga.
Siempre se ha dicho que el billete está hecho...
Posteriormente al pozo séptico se le adicionó el inodoro.
Todo el tiempo me causó curiosidad este artefacto, siempre tan blanquito, tan
azulito. Me pregunto ¿por qué no lo harán amarillito?
Si sentado en ese lugar usted se siente incómodo es por su
propia culpa, pues siempre invita a pensar en algo, bueno o malo, pero usted
piensa. Definitivamente es un lugar único y romántico, y si no ¿por qué usted
siempre se voltea para mirar su obra antes de bajarla? Yo creo que es el
invento más grande de la humanidad. Su ruido es algo que nunca se olvida. Con
el alcantarillado el baño y el inodoro se juntaron y entraron a la casa.
La ropa y las modas.
Ahora trataré sobre la ropa, pero de este tópico no hay
mucho que contar, sobre todo si se trata de mi ropa. Yo conozco personas que
pueden pasar por las necesidades más grandes del
203
mundo: endeudarse, no pagar arriendo o servicios, no comer o
no ir donde el médico porque se acerca una festividad y necesitan estrenar
ropa, o simplemente necesitan estrenar. Lo cual también es válido para los
zapatos.
Logré vivir en parte la antigua tradición de usar la ropa
según la edad. Hasta por ahí por los años cincuenta los muchachos usaban
pantalón corto hasta los dieciocho años, cuando cumplían la mayoría de edad; de
ahí el término piernipeludo, porque tenían las piernas llenas de vellos y
todavía usaban pantalones cortos. A los catorce años los usaba, no tanto por la
costumbre sino porque no tenía maneras de cambiarlos. Le contaba a mamá que las
chicas me molestaban mucho con eso de las piernas y ya me daba pena. Al lado de
mi casa vivía un muchacho de mi edad, más o menos, hijo adoptivo del señor
Castel y a quien le compraban ropa con frecuencia y la que ya no quería, a
veces me la regalaba. Por allá por los años sesenta se popularizó mucho en
Montería la moda del jean, se le decía Blue Jean porque esta era la marca más
usual, así que yo le domaba estos pantalones a Álvaro Gaviria, mi vecino,
porque esta tela era demasiado dura. Para que suavizara un poco y perdiera un
poco el color había que darle mucho trajín, así que por esta razón a veces
"estrenaba". Tampoco voy a decir que mi mamá no me compraba un
pantalón, muy de vez en cuando, pero me lo compraba.
204
En esa época uno vestía muy conservadoramente, imagínese que
mucha gente no aceptaba el jean porque era una prenda para trabajo
exclusivamente, y la verdad es que ella se hizo fue para eso. Los pantalones
normalmente eran de dril, con dos pinzas al frente, relojera, bragueta a botón
y dobladillo en la boca pierna. La falta de una de esas cosas era suficiente
para ver al hombre, así como mariconzón. Qué problema para muchos padres tener
que aceptar que su hijo usara el pantalón sin dobladillo cuando vino esa moda,
no lo querían aceptar ni mucho menos ponérselos ellos. Así sucedió cuando se
empezó a usar cremalleras o cuando se anularon las pinzas y la relojera.
En cuanto a la camisa esta aceptaba más cambios. Ponerse una
camisa manga larga, recogerles las mangas hasta la mitad del bíceps era algo
que lucía uno orgullosamente. Siempre recuerdo a mi hermano Eduardo, con cuánto
orgullo lucía la camisa desabotonada hasta el tórax y un nudo en la parte
inferior; tengo una foto de él así. Lo normal y decente era llevar la camisa
por dentro.
La ropa se almidonaba para que el filo del pantalón quedara
lo más marcado posible, así como el cuello de la camisa y los puños. Quienes
podían usaban, en vez de botón, mancornas en los puños. Los domingos había que
ir a misa con el colegio, era la ocasión de usar corbata, negra por supuesto.
Cualquiera hubiera creído que eran de seda por lo brillante que se veían, pero
por
205
tanto plancharlas. Que gracioso era ver tantos corronchos
ahogándonos en la misa por la dichosa corbata.
De los zapatos tengo cosas curiosas que contar, lo normal
eran las abarcas tres puntá. Los zapatos de cuero eran corona, lo que no he
investigado es si corona era una marca o un índice de calidad, porque había dos
coronas, tres coronas y los más finos cuatro coronas. Eran tan buenos que
pasaban de generación en generación; por ejemplo, yo usé zapatos dejados por mi
hermano Eduardo que a su vez los había recibido de nuestro hermano Lelis. Por
allá en 1.960 llegaron unos zapatos de precio módico y de caucho, los famosos
Croydon, tipo medio zapato, calientes los condenados y daban una pecueca de
padre y señor mío.
El Transporte.
Esta vez hablaré sobre el transporte y sus diferentes
modalidades.
Cuando niño en el pueblo de mi mamá, Severa, el transporte
era a pie o en bestias. Las distancias no se medían en kilómetros sino en
leguas y más comúnmente en tabacos. ¿Me pueden decir si está muy lejos el
pueblo tal? No mucho, como a medio tabaco.
Medio, o un tabaco, era una distancia equivalente al
recorrido hecho mientras se fumaba. Bueno, en esa época eso era normal porque
era un tabaco hecho de tabaco, si fuera ahora, seguro que el burriquete sólo
caminaba una cuadra o
206
menos. Cuando era una distancia considerable el caminante
iba provisto de dos cosas imprescindibles: el tabaco y el calambuco con agua.
Viajar en burro es más rápido que ir a pie, aunque algunas
veces tiene sus problemas. Por ejemplo, si el burro ya ha hecho ese recorrido
varias veces y usted quiere desviarse por alguna razón, estos benditos animales
se ponen tercos como una mula y no quieren doblar, al menos a mí me pasó varias
veces ¿O sería que me vio cara de tonto? Lo otro es que, si su burro huele a
una burra en celos, agárrese maestro que ese tipo saca su arma y arranca a
correr para donde la dama. Y si lo que usted monta es la burra, tírese con
tiempo o también lleva del bulto.
Viajar a caballo es más chévere, sobre todo si es del tipo
de "paso" o "paserito". Es como si usted fuera en la más
confortable butaca. A lomo de mula es lo mismo que en burro.
En cuanto a la canoa ya comentaré en otro aparte el refrán
"más largo que un día en canoa". En distancias cortas es muy
agradable y si usted la dirige se divierte mucho más. Pero en distancias muy
largas es supremamente aburridor. La chalupa es la misma canoa, pero con motor
fuera de borda. Sus encantos son iguales a los de la canoa, pero con el
disfrute de la velocidad.
Los planchones son cosas muy curiosas. Consisten en un
entarimado de madera sobre varias canoas, asegurado con una cuerda a
207
ambas orillas y sobre la cual se desliza. La corriente lo
arrastra y le da el impulso para deslizarse por la cuerda y con el timón se va
llevando o direccionando hacia la otra orilla. En mi niñez, en Montería, había
uno cerca del mercado, pero ahora que regresé encontré uno casi a cada cuadra.
Me contaron que, con ocasión del último eclipse de sol del
milenio pasado, muchos extranjeros que llegaron a Montería pasearon mucho en
estos planchones, sobre todo los japoneses. Cuando vine a Barranquilla encontré
estos planchones sobre el río Magdalena, pero aquí le llaman "Ferry"
y tienen motor, son más grandes y transportan más carros. Los de Montería sólo
llevaban dos o tres camperos y unos veinte o treinta burros, con sus
conductores por supuesto.
En Montería usábamos un refrán para las personas
cariacontecidas o asustadas: "tienes la cara como burro montao en
planchón". Eso era muy cierto. Subir un burro en un planchón es todo un
"rollo". A veces ni a empujones subían y cuando lo lograba ¡mi madre!
Qué cara de burro ponen, que dan pesar.
El burro es un animal bastante atrevido y yo diría que hasta
vanidoso, donde le da la gana de darse golpes de pecho, sencillamente lo hace,
le importa un bledo si está parqueado en la plaza, al lado de la iglesia o junto
al cementerio. Pero creo que nunca han visto a un burro haciendo eso en un
planchón, ahí se le arruga hasta el alma.
208
La bicicleta es un medio de transporte muy limitado, cuando
no por la distancia lo es por seguridad, por el tráfico automotor. Cuando niño
veía en Montería ciclas por todas partes, no peco si digo que cada casa tenía
una por lo menos, pero cosa curiosa, sólo la manejaban los hombres. Una chica
ni de vainas, si lo hacía enseguida la tildaban de maría macho. Pero eso sí,
ellas eran las reinas de la barra y a los varones esto nos encantaba
sobremanera y uno iba todo orgulloso con su chica, rozándole las piernas y las
nalgas con las rodillas, sintiéndolas tan cerca de uno que a veces sentíamos
como si la barra fuera una extensión de nuestro cuerpo ...cavernoso.
En Montería hay mucho que contar sobre la cicla. Eso de
tomar tragos con ella es algo único. Pararse de una silla con una señora
"pea", montarse en una cicla e irse a casa es tener mucho equilibrio.
Por supuesto que llegaba en buen estado, una que otra vez con algún codo o
rodilla pelada porque no vio la zanja en lo oscuro.
Los teatros en Montería tenían dos secciones: la parte
posterior - donde están los proyectores -y los balcones a los lados para la
"alta sociedad" y frente al telón Juancho pueblo. Cada espectador
llevaba su cicla que colocaba contra la parte baja del telón. Total, una
montaña de ciclas que al terminar la función se desvanecía rápidamente. Nunca
oí a alguien quejándose de que le rayaron la cicla ni mucho menos que se la
hubieran cambiado. Usted tenía
209
que esperar su turno para tomar la suya. El problema era
cuando usted, por alguna razón, tenía que salir antes.
En las escuelas también se formaban tremendas aglomeraciones
de ciclas. Y a pesar de tantas bicicletas, Montería nunca ha dado un ciclista
importante. Pero tuvimos allá en Montería la competencia en cicla más curiosa
del mundo.
Como no podíamos ganar llegando de primero, entonces
inventamos la competencia de ¡el que llegue de último! Se ubicaba el pelotón
participante en la línea de partida como en cualquier otra competencia. Cada
ciclista con su termo y caramañolas, y si quería, un libro, o el periódico, un
crucigrama, las tareas suyas o de los hijos, en fin, cualquier cosa en qué
entretenerse, puesto que la idea era llegar de último y si no llegaba en el
término estipulado, mejor.
La meta estaba ahí mismo para los expertos y a una cuadra
para los novatos que, tratando de mantener el equilibrio, llegaban al término y
eran descalificados. Los veteranos trababan la rueda delantera, metían el pie
entre la rueda y el trinche, abrían el periódico y se ponían a leer. Algunos
muy duchos, como un tipo de apellido Bianchi, si mal no recuerdo, se sentaba al
revés, se acostaba de espalda con la nuca sobre los cachos y a dormir se dijo.
Era el que siempre ganaba; a veces lo tumbaba algún novato, pero si era así,
tenía derecho de montar otra vez y seguir durmiendo Al final los jurados iban a
210
despertarlo: "Hey, Juancho, quiubo esta vaina ya
terminó".
En cuanto a la moto, este vehículo lo conocí ya adulto y lo
manejé durante quince años, con resultado de varias caídas bastante serias y dos
intentos de homicidios que me hicieron. Como quedé vivo puedo decir que es el
vehículo más maravilloso para pasear. El amanecer en carretera sobre una moto
es sensacional y si es a la orilla del mar mejor. Póngale combustible a la moto
y si se lo pone usted, entonces guárdela. Nunca vi una moto en Montería, pero
ahora que regresé observé que había una cada dos metros en la vía. Creo que
Montería y Sincelejo son las ciudades con más motos en el mundo.
También tuve la oportunidad de montar en tren. En una
ocasión trabajando para Intelcom Ltda., viajé desde un pueblito del Magdalena
que ya no recuerdo hasta Ciénaga. A1 principio chévere, pero después ese ruido
y movimiento monótono me desesperaron, era un tren de carga y para matar el
aburrimiento, mi compañero y yo nos pusimos a jugar a los vaqueros corriendo
por encima de los vagones. No me pareció extraordinario viajar en tren, aunque
me hubiera gustado hacerlo en el famoso Expreso del Sol, el cual creo fue más
famoso por la cantidad de personas y carros que expretinó en el paso-nivel de
Ciénaga. ¿Qué tal un viaje en el tren bala de Japón?
Tuve la feliz oportunidad de viajar en barco, viaje que
comentaré en otro capítulo. También lo hice en avión y de ello tengo dos
anécdotas. Por mi
211
trabajo tenía que viajar a El Banco, Magdalena, y era
urgente. Así que me dieron los pasajes y apúrese que lo deja el avión. Llegué
al aeropuerto, pedí información y me dijeron "siga por ahí". Seguí,
miré el avión que estaba bastante lejos y cuando llegué ¡huy, que avión tan
zipotuo y que alto! Y qué preciosura tan divina la que me recibió, qué sonrisa,
qué dentadura tan linda y qué mueca de disgusto cuando vio mi pasaje que me
había pedido: "señor, su avión es aquel chiquitico que está allá, el
monomotor. Este Boeing va para Miami y Europa".
En mi segundo viaje iba para Codazzi, Cesar. Ya tenía alguna
experiencia, así que me encaminé hacia la avioneta y le pregunté al tipo que
estaba ahí ¿Ya están abordando? Hablé así, todo serio, para que entendiera que
no era ningún corroncho. Me contestó: Qué pasajeros, si apenas van tú y 400
periódicos.
En este viaje tenía un poco de temor, pues había escuchado
que muchas avionetas de fumigación se estrellaban por los vacíos que se
producen en las faldas o laderas de la Sierra Nevada. La verdad es que llegando
a Valledupar esa avioneta parecía una jabonera. Le he dicho al piloto: capitán,
disculpe, yo estoy asustado ¿Será que usted tiene buena experiencia? Bueno, si
llegamos lo averiguamos. Contestó.
Tiempo después leí en el periódico que ese señor era el
piloto con más horas de vuelo en el país, cuatro o cinco mil horas de vuelo, no
lo recuerdo. Lo homenajeaban porque ya se retiraba.
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La llegada del bus urbano a Montería fue todo un
acontecimiento y eran muy típicos. Tenían sillas de madera como los banquillos
de velorio que ya comenté, pero con espaldar. Llevaban un cobrador que se
colgaba de la puerta para gritar a donde iban, aunque todos sabían que sólo
llegaban a los barrios Colón y Obrero. Esos anuncios causaron muchos problemas,
pues con frecuencia salía un campesino iracundo reclamando el pasaje (que le
pareció muy barato) y mentando madre porque él iba para el pueblo de Colomboy,
pero el cobrador decía Colón voy. Esos buses los apretujaban tanto de pasajeros
que después era un problema salir. Imagínese, un bus para cuarenta y dos
pasajeros y llevaba setenta y con 39° grados a la sombra era una tortura, para
que venga un infeliz y se suelte un viento.
Afortunadamente en
Montería no había tanto tráfico vehicular, porque a la gente le encantaba ir en
las ventanas y con medio cuerpo fuera del bus y como quince colgados de la
puerta. Aunque una vez un racimo de estos quedó pegado en un poste de la luz
cerca del "camajón". Lo curioso de todo esto es que, a pesar de tanta
gente en el bus, yo nunca escuché de carteristas.
Definitivamente Montería tiene sus cosas diferentes. El
servicio urbano de buses nunca ha prosperado como en otras ciudades, creo que
por la competencia que le hacia el "Jeep" que de esos sí hubo a
montones e iban a cualquier lado con módicos pasajes. Estos
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fueron los taxis por muchas décadas. En mi época no conocí
un automóvil allá. Ahora que fui a mi tierra treinta años después, vi muchos
taxis; el servicio urbano de buses aún deficiente, pero está el transporte de
mototaxi, cosa que me dejó asombrado. Pregunté cómo podía uno saber si era una
persona particular o un mototaxi, pues no veía ningún distintivo y me dijeron
que por la pose o la pinta. Esto me hizo recordar el cuento del canario: si lo
soplas en la colita y se pone contento es macho y si se pone contenta es
hembra.
Estos tipos trabajan a cualquier hora. Solamente aquí se
puede ver eso. ¿En qué otra parte se confiaría usted de montarse detrás de una
moto sin conocer al conductor, o aceptaría usted llevar a alguien que no
conoce?
Cuando vine a Barranquilla el servicio de buses era muy
bueno, muchas rutas y muchas empresas de transporte, lo mismo que en Cartagena.
En el año 1.966 el pasaje costaba quince centavos. Para el año siguiente lo
aumentaron y desde entonces he oído el lloriqueo de los transportadores todos
los años: el transporte no paga. Pero no cambian de oficio y es una lotería
entrar en el negocio. También he visto todos estos años cómo se valen de cuanta
treta hay para dejar los pasajes en un valor que dificulte el pago para después
redondearlo. Por ejemplo, en el sesenta y siete se inventaron pintar las
defensas con líneas diagonales de colores diferentes, así unos llevaban franjas
rojas con
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amarillo y costaban veinte centavos, los de franjas azules
con blanco, como las barberías, eran a veinticinco; los de verde con blanco a
treinta. Al mes empezaron a cambiar los colores para cobrar más. Pero la
patraña más descarada era desaparecer las monedas de menor denominación.
El bus urbano más
curioso lo vi en Barranquilla, en la línea Las Palmas-La Magdalena. Tenía las
sillas pegadas de espalda a los lados y en el fondo, o sea, alrededor, y tenía
algo más curioso aún, era el bus más silencioso del mundo. Todo el que entraba,
apenas pagaba el pasaje y seguía a sentarse, enmudecía. Cuando uno iba en busca
de su asiento, parecía tan ceremonioso y compungido como cuando uno llega a una
sala de velación un poco tarde, o muy temprano, o no ve a nadie conocido y cree
que se equivocó de muerto. El día que yo lo cogí, después de tres cuadras de
seriedad y para mamar gallo, me paré y dije: "Bueno, nos ponemos a rezar o
nos ponemos a cantar". Enseguida una señora me haló por el brazo y me
dijo: ¡cállese caray! o quiere que los vecinos nos la monten.
Otro bus muy simpático y que muchos recuerdan aquí en
Barranquilla, es uno de Puerto Colombia, el famoso "Nojoda", el bus
más largo del mundo medía casi media cuadra y tenía cobradores adelante y
atrás.
Hoy día cualquier niño lanza un nojoda sin ningún reparo,
pudor o vergüenza, pero en aquel entonces no. Esa palabra tenía su lugar
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y su momento, a menos que le sacaran a uno la piedra. Pero
el nombre de ese bus era un nojoda no vulgar, porque no tenía el énfasis
característico de la rabia, era un nojoda suave, sutil, amortiguado.
Pronunciado con la boca abierta porque así quedaba el que lo veía pasar.
Nojodaaa.
Del bus ínter departamental es poco lo que se puede hablar,
aunque sufrieron sustanciales cambios. La silletería mejoró tremendamente, de
las sillas para tres personas se pasó a dos de cada lado, muy confortables,
reclinables y con descanso para los pies. El pasacinta alivió mucho el tedio de
los largos viajes, ya que en las ciudades y cerca de ellas se escuchaban las
emisoras, pero ya en la carretera había que poner cassetes. Posteriormente y
con el advenimiento del Betamax, se colocaron televisores y se veían películas.
Algo que me ha llamado la atención en estos buses es el
baño. Las veces que lo he utilizado, lo he analizado. En primer lugar, es
difícil atinar con el chorro en el centro, puesto que hay que estar agarrado
con una mano. Así que parece como si uno estuviera demarcando los puntos
cardinales. Si usted está tragueado lo más seguro es que haga un círculo
alrededor del orinal. En segundo lugar, usted siempre sale con las piernas o
con los brazos mojados, no con su orín sino con el de otros, puesto que al
soltarse para sacar o guardar, es seguro que el bus pasa por una curva o frena.
Sin equilibrio y con
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tanta estrechez, de vainas hay tiempo para un solo golpe. Y
cuando uno sale del baño, seguro que hay una o dos personas esperando entrar,
porque basta que uno se pare para que los demás se antojen. Supongo que las
mujeres lo harán como una regadera.
Los Mensajes.
Ahora trataré sobre los mensajes, de cómo hacer llegar
nuestras razones a través de la distancia. "Mira, le dices a Fulanito que
tal y cual cosa ¿Oíste? ¡Que no se te olvide!
Sí, todavía usamos esa clase de mensaje personal, pero ya no
tiene ni premura ni importancia. En mi infancia ese recado era sagrado y de
alta prioridad, si así me lo permite. Tanto, que el portador apenas si llegaba
a dejar las maletas y se encaminaba a dejar el recado. No hacerlo era un
agravio. Por supuesto, al portador del recado le faltaban brazos para saludar y
dientes para mostrar cuando se anunciaba la llegada del estudiante, o del
enfermo recuperado o de la próxima boda. Pero había que verlo cuando anunciaba
una desgracia. La misma decisión, pero con cautela de cazador, saludos muy
lacónicos acompañados de una mueca por sonrisa y buscando al más sereno de los
familiares para descargarle la noticia. Situación incómoda del mensajero e
innecesaria porque desde que atravesaba el portón ya todo el mundo imaginaba el
tenor de la noticia.
El di di da da del telégrafo acortó las distancias.
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Pero este papelito portó más sustos y penas que alegrías, yo
diría que el noventa por ciento de las veces portaba una desgracia. Tan así
era, que quien recibía el marconi palidecía y se le bajaba la presión, un
corrientazo recorría su cuerpo como preparándolo para lo que iba a escuchar.
Sí, a escuchar, porque el que lo recibía casi nunca lo leía, lo pasaba a otra
persona.
Cuando el mensajero pasaba corriendo por la acera, con el
sombrero y las abarcas en una mano y en la otra el marconi que blandía como
trofeo de competencia, todo el mundo se asomaba a la puerta. Usted miraba para
el lado contrario y en todas las casas había ojos mirando al corredor, no
porque fuera un futuro atleta, sino para saber en qué casa entraba y así poder
bajar el tarugo de la garganta. Pero si ese muchacho se paraba y regresaba...
¡Mi madre!
El progreso llegaba y el mensajero ya no iba a pie, podía
llevar una bicicleta. Pero igual. El característico Riiin Riiin del timbre causaba
el mismo efecto que el celaje del mensajero a pie... digo a las carreras.
El teléfono sí que acortó distancias, personalizó las
comunicaciones e hizo más íntimas las noticias nefastas. Ahora los vecinos se
enteraban por el llanto y el corre corre del doliente.
Al teléfono hay que
bendecirlo en un cincuenta por ciento y maldecirlo en otro cincuenta. Qué
chévere oír: "Entonces mañana, sí a la misma hora, sí, sí en esa
esquina". Pero ¡Ay mamá! Esas personas chismosas y mala clase cómo lo
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han aprovechado. "Pero si yo tuve cuidado, por esa
esquina no pasan buses y es hasta medio peligrosa ¿Cómo carajo supo esta fiera
eso si ella ni siquiera ha salido en estos días? ¿Quién sería la infeliz?
Voy a hacer referencia a algo que fue muy interesante pero
pocas personas lograron disfrutar: los radioteléfonos y la banda ciudadana
(C.B) En ese entonces, años sesenta y setenta, eran el chat del Internet de hoy.
Usted se conseguía un radio de C.B de cinco vatios de
potencia y alcance normal de unos once kilómetros y a chatear. Tenían estos
radios doce, veinticuatro y hasta cuarenta y ocho canales por donde usted podía
entablar comunicación libremente y sin licencia. Eso era muy interesante, se
conocían personas (contactos), se recibían y se aportaban ideas sobre muchos
temas de interés general o particular. Pero al igual que el chat del Internet
entraban los puercos con sus cochinadas, los mismos vulgares con sus
vulgaridades.
El ejército acabó con eso porque los capos de aquella época
de la marimba los utilizaban con amplificadores más potentes para llegar a USA.
La Peluquería.
En mi niñez escuchaba con frecuencia esta frase:
"Motilen a ese muchacho que el pelo lo tiene sonso". Parece que el
muchacho pelú o caballón se volvía torpe, menso, sordo y olvidadizo. Y como que
eso era cierto porque no bien lo
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habían bajado de la silla después de motilarlo cuando ya
estaba haciendo necedades, o sea, se avispaba.
La peluquería era un sitio interesante donde realmente el
peluquero era todo un anfitrión. Solo existía un estilo de corte, el
tradicional: cabellos cortos con patillas y guardafangos. Tal vez por eso el
peluquero tenía tiempo para conversar tanto, eran las personas más
conversadoras del mundo. Muchos los tildaban de chismosos, pero yo no estoy de
acuerdo con eso porque, así como hablaban también tenían la paciencia para
escuchar los comentarios de sus clientes. Por supuesto, era el lugar preferido
para contar y escuchar todos los rumores del pueblo.
Como todo negocio se supone que el peluquero a veces ganaba
bien y otras no, pero en todo caso siempre tenía al final de la jornada, o
durante ella, para una botella de ron. Eran grandes tomadores de trago, que no
borrachines, porque a ellos no los emborrachaba nadie. Eran hombres íntegros,
con esposa, hijos y "querías". Pero además de motilar también
afeitaban y para hacerlo cubrían el cuello y la barba del tipo con espumas de
rasurar, luego con el dedo índice y pulgar agarraban la nariz del tipo y le
echaban la cabeza hacia atrás para poder afeitarlo. Después le pasaban la mano
para sentir si había quedado a ras y si quedaba bien le ponían perfume y le
daban dos delicadas palmaditas en los cachetes. Creo que de tanto estar sobando
pescuezos fue que degeneraron
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en "locas". ¡Y hay quienes no creen en la evolución!
Pero cosa curiosa, esos lugares eran solo para hombres,
nunca vi ahí a una mujer, realmente no sé dónde se arreglaban ellas el cabello,
debió ser en la casa.
El reloj.
"Reloj, reloj no marques las horas... has esta noche
perpetua, para que nunca se vaya de mí, para que nunca amanezca".
Reloj de sol, reloj de arena, reloj de cuerda, reloj de
cuarzo o digital, reloj atómico. Este artefacto sí que ha evolucionado. Reloj
de sol para tener idea si era medio día, antes o después. Reloj de arena como
para medir un tiempo más corto, por ejemplo, el tiempo para que un reo dijera
la verdad o para cumplir la sentencia. Y bastante arena que tiene Egipto. Lo
raro es que no apareciera un reloj de agua en Venecia o uno de nieve en Rusia.
Reloj de cuerda para saber la hora en cualquier momento,
siempre y cuando no se le olvidara darle cuerda. El reloj de cuarzo porque hay
que establecer tiempos más cortos que un suspiro, como batir una marca mundial
en atletismo.
Hay garantías tan pendejas como vanidades tan idiotas: ¿Para
qué un reloj que funciona perfectamente 400 metros bajo el agua?
Reloj atómico para medir cosas que no vemos pero que
supuestamente son así: la vibración de una partícula o la distancia que
recorrió la luz.
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Para mí eso es muy simple: si estoy a oscuras prendo el
foco, el tiempo lo resuelve la empresa de energía.
Yo recuerdo el reloj de bolsillo. Los pantalones traían un
bolsillo pequeño al frente y se llamaba "relojera" porque era para
eso, para guardar el reloj de bolsillo. El caso es que muy pocas personas
tenían un reloj de estos. Tenerlo era toda una elegancia. Parecía una caja de
"mentolín", usted hundía un botoncito y se levantaba la tapa mostrando
las agujas y en la tapa la foto de su amorcito. Iba asegurado por una cadenita,
leontina, cuyo otro extremo se enganchaba a uno de los tirantes para la correa.
La cadena era enchapada en oro o de oro.
El reloj de pulsera reemplazó al de bolsillo y se hizo muy
popular. Si de verdad usted poseía un reloj fino tenía que ser un suizo, como
un Tizot, un Mido sencillo o un Mido Multifort que era la cima de la elegancia,
un Bulova o un Rollex.
Las catedrales e iglesias importantes tenían sus relojes
campanarios, cuya hora se veía desde muy lejos desde cada punto cardinal.
En las casas aparecieron los relojes de péndulo que
anunciaban la hora con melodiosas campanadas imitando a los de la catedral.
Algunos eran tan grandes como un ataúd parado. Mi esposa heredó uno pequeño
marca "Jawaco" que, en la soledad del barrio donde vivíamos,
anunciaba la hora a vecinos enfermos y a trasnochadores.
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También aparecieron en los hogares los relojes despertadores
que desplazaron a los gallos que alertaban a los madrugadores, generalmente
viajeros que salían al primer canto del gallo, o al segundo. Estos relojes eran
también de vital importancia para los veladores de enfermos que tenían que
aplicar una medicina a una hora precisa.
Los relojes suizos eran los mejores y los más caros y por
eso, en nuestro medio, se convirtieron en blanco preciso de los rateros. Las
compraventas o montes de piedad y cantinas eran felices recibiendo estos
aparatos. Hoy día ni quieren saber de ellos porque llegó la industria japonesa
e inundó el mercado mundial de relojes de pulsera muy baratos, tanto que si se
dañan es mejor botarlos y comprar otro. Esto desgraciadamente acabó con un
personaje: el relojero. Hago un paréntesis aquí, a propósito del reloj, para un
comentario: a los monterianos, y todos los de las sabanas de Córdoba y Sucre,
se nos llama "corronchos" por aquello del golpeado al hablar, por las
abarcas tres puntá y cosas así. A los cartageneros se les tilda de chicaneros y
fanfarrones. Siempre se creen muy fuertes y más conquistadores que don Pedro de
Heredia. Y a los barranquilleros porque nunca compran un bendito reloj y si lo
tienen, nunca dan la hora cuando se les solicita. Tampoco dan una dirección
exacta. También fuman y nunca compran fósforos. Es la única parte del mundo
donde son felices quitando o
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intercambiando las placas de nomenclatura o girando los
mojones.
Los Velorios.
Un muerto siempre ha sido un muerto y si murió hay que
enterrarlo. Pero todo aquello que gira alrededor del muerto y su sepelio sí ha
cambiado, tanto en la parte espiritual como material, aún entre los parientes
más cercanos del difunto.
Hoy día los que pueden, compran su lotecito y cancelan con
tiempo su ceremonia funeraria. Los que no podemos, es lo único que dejamos como
herencia a nuestros deudos. Sin embargo, nadie quiere ver, ni mucho menos
tener, un ataúd.
En mi infancia este artefacto era un mueble más de la casa,
tan importante como la cama, pero siempre colgado por allá por el techo. Casi
todas las casas tenían uno y los que no tenían con qué, porque también entonces
había pobres, le prestaban uno y si no, de algún lado aparecían las cuatro
tablas. El muerto se velaba en la casa, donde se levantaba un altar y se le
hacían las nueve noches de velorio.
Algo que impactaba sobremanera era el cierre del ataúd,
momento en el cual el llanto y los gritos lastimeros alcanzaban el paroxismo
cada vez que colocaban un clavo debido a la forma rítmica como el encargado los
introducía: tan, tan, tan...tatán. Recuerdo que si el difunto se había
suicidado era enterrado afuera, al lado del cementerio.
En la familia las mujeres guardaban el luto vestidas todas
de negro por mucho tiempo. Los
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varones llevaban una cinta negra en el brazo.
Después del entierro venían las nueve noches de velorio,
como lo puede atestiguar Abel Antonio Villa, en su disco "la muerte de
Abel Antonio". Las mujeres en la sala frente al altar y rezando sus
rosarios y los hombres afuera, en el patio o en la calle.
El tabaco o el cigarrillo y el tinto gratis eran dos cosas
imprescindibles, aún en las familias más pobres, pues los vecinos colaboraban
con eso, aunque después ellos mismos los consumieran. Si la familia tenía
plata, hasta comida había esa noche. También había dos personajes que no podían
faltar: el rezandero y el cuentero. El rezandero, hombre o mujer, pero casi
siempre hombre, además de saberse todas las oraciones y misterios del santo
rosario, debía darle a su voz cierto tono armonioso. El cuentero tenía como fin
entretener a los varones contándoles sus mejores chistes y cuentos de velorios.
Las risas eran permitidas, pero cuando estas se pasaban de nivel, alguna mujer
se asomaba por la ventana y pedía que bajaran el tono. Entonces, si el chiste
era muy bueno había que reír para dentro. No sé si regalaban ron, pero siempre
había una botella dando la vuelta al ruedo. El último día había que despedir al
muerto y levantar el altar a la media noche.
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En mi niñez vivía en Montería un pintoresco personaje conocido
como "Chicharrón con Pelo". Cuando él iba por la calle, algún bribón
le gritaba ¡Chicharrón! El pobre señor se paraba en seco, se persignaba, se
arrodillaba y maldecía a quien le decía así.
Cuenta mi hermano Lelis que ese señor era un cotizado rezandero
que se volvió loco porque una vez le hicieron una broma durante la despedida de
un muerto. Él había mandado desalojar la sala para efectuar su ceremonia a
oscuras, pero alguien se había escondido bajo la mesa del altar con un pedazo
de hielo. Así que con las manos frías le agarraron los pies y fue tanto el
susto que Chicharrón perdió la razón.
226
fin




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